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Del maestro Popovich al alumno Ginóbili: el manual de estilo detrás de la genialidad de Manu

La brillante tapa del bahiense ante Harden sigue dando vueltas al mundo; cuál fue el mensaje que le transmitió el coach al argentino en todos estos años

LA NACION
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Diego Morini
Jueves 11 de mayo de 2017 • 15:49
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-. Foto: AFP
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Es una sociedad casi perfecta. Los dos comprenden que la toma de decisiones es determinante para asumir cualquier empresa. Y desde allí edifican éxitos. Lo que sucedió anoche en la última acción del quinto juego del playoffs semifinal de la Conferencia Oeste es un claro ejemplo que Manu Ginóbili y Gregg Popovich se necesitan porque pueden confiar uno en el otro. Saben que cada uno va a cumplir con su rol y tomar las determinaciones que requiere el caso. Para ellos, en algún punto el resultado es aleatorio, lo importante es asumir el riesgo y medir los costos.

Es verdad que el bahiense apeló a su experiencia para resolver tapar a Harden, con el peligro que implicaba esa acción. Una falta allí podía darle la opción a los Rockets de empatar el partido (entendiendo que Harden convertía su lanzamiento) y después tener un lanzamiento libre que les diera la victoria. Pero primero fue Pop quien determinó que fuera Manu el que debía tomar la marca del posible MVP de la NBA, porque el entrenador sabía que podía confiar en lo que su ladero podía hacer en ese emparejamiento, ante el eventual cambio de marca con Simmons.

Nada es casual entre ellos ni en la franquicia. Cada paso de Popovich está medido. ¿Acaso alguien puede creer que los gritos a Pau Gasol en el cierre del partido por no darle la cortina a Mills con el juego empatado en 101 fue un ataque de ira ocasional? De ninguna manera, fue todo un mensaje. Le dijo al español y también a sus jugadores que su sistema es el que impera y que esa es la forma de ganar. Tomó el control y asumió la determinación de dejar a Gasol, un jugador con dos anillos de la NBA con la camiseta de los Lakers, sentado durante todo el tiempo suplementario. No le dio juego, lo que no es menor. Y como si fuese poco, hasta el propio Gasol, al que sin duda no le tiene que haber gustado nada ese reto ante las cámaras, después aceptó públicamente su error: "Creo que he hecho una lectura incorrecta de la jugada. Era difícil, porque cuando te ponen un hombre pequeño tienes tendencia a ir dentro. Vi el cambio, pero debí quedarme arriba porque Beverley fue con LaMarcus y podríamos haberlo aprovechado. No leí bien la jugada".

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Ahora bien, la relación entre Manu y Popovich se trata de una delegación de liderazgo. Para que Ginóbili tome determinaciones como las que asume, tuvo que sentir el rigor de su conductor, que tomó muchas decisiones para conseguir que el bahiense sea el mejor intérprete de su filosofía. Le dio, con sus métodos, herramientas para que sepa qué hacer en momentos determinantes. En la final de 2003, ante New Jersey, Manu no tomó el camino correcto en una jugada: debía lanzar al aro, porque eso le pedía el juego, y lo que terminó haciendo fue pasando el balón. Inmediatamente después de eso, Pop pidió un tiempo muerto y se lo dedicó por completo al bahiense. Sabía el entrenador de los Spurs que todas las cámaras lo estaban enfocando, que había audio disponible en ese minuto y por eso miró a los ojos a Manu y le dijo: "¿De que tenés miedo? ¿A qué le tenés miedo? Mirá, yo soy un hombre viejo y mis manos no tiemblan". Manu se moría de la rabia, confesó tiempo después, pero comprendió el mensaje. Necesitaba Pop un líder para San Antonio y desde esos detalles lo estaba construyendo.

"Ya no siento que puedo salvar el mundo cuando tengo la pelota en las manos", dijo Ginóbili en una entrevista con LA NACION en 2015. Y es real ese sentimiento. Ya no piensa que ese sea su rol dentro del equipo. Esa es tarea para Leonard y Aldridge. Pero anoche ante Houston, asumió el control porque leyó que a sus compañeros les pesaba la pelota y a varios se les acortaba el brazo. Por eso, pasó la pelota con seguridad, tomó lanzamientos cuando usualmente son para otros y defendió a Harden en el cierre del partido. Pero eso sucedió de acuerdo a un sistema. Por eso Popovich se volvió loco cuando Gasol no hizo lo que el juego le pedía. Por eso Manu, que estaba encendido en el tramo final del tiempo regular, aceptó también que en ese cierre del juego fuese Mills el encargado del último tiro.

En la final de la Conferencia Oeste de 2014, ante Oklahoma, Manu tomó un triple sobre el cierre del sexto juego que no fue a pie firme, como suele hacerlo, y la acción la encaró en movimiento y acertó el bombazo. Cuando se lo consultó por qué había hecho eso y si se había salido de lo que marcaba el técnico, su respuesta fue clara: "Si me salgo del libreto Pop me mata. Sé cuándo puedo hacerlo, pero tenemos un sistema que respetar y cuándo nosotros podemos tomar decisiones".

Pop y Manu lo volvieron a hacer. Simplemente confían en cómo cada uno asume los riesgos. Toman decisiones. Vital en este asunto.

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