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Con la música del pasado por delante

LA NACION
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Pablo Gianera
Jueves 11 de mayo de 2017
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No hay que olvidarse de que Les Luthiers nació a la vida pública al amparo del Instituto Di Tella, es decir, bajo el ala de la neovanguardia de los años sesenta. Esta particularidad resulta crucial para entender cuál fue su verdadera novedad. En cierto modo, y sin saberlo, Les Luthiers lleva al extremo del espectáculo la idea del teatro instrumental que Mauricio Kagel imaginó en 1966, es decir, un año antes de la fundación del grupo. Sin ir más lejos, algunas obras del propio Kagel, como Tango alemán o Dos hombres orquesta (la misma voluntad para inventar instrumentos), podrían sin sobresaltos haber sido de Les Luthiers.

Es claro que el grupo llevó la parodia a un grado inusual del refinamiento, pero lo hizo según las reglas de su tiempo, o según eso que suele llamarse el espíritu de la época. Les Luthiers sólo es comprensible en una escena artística "post", que entiende el pasado como un depósito colosal de materiales disponibles. Basta pensar en La bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa o en la Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras. Las dos recuperan formas pasadas, prestigiosas y ya vacías (el madrigal o, justamente, la cantata) y las llenan de otros materiales. Los músicos de Les Luthiers fueron los primeros posmodernos de estas costas.

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