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La historia de la mujer que quiso ser "diputado"

Obsesionada con participar, Julieta Lanteri se presentó en las elecciones porteñas de 1919; plataforma electoral, campaña y expectativas colmadas

Miércoles 17 de mayo de 2017 • 12:43
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A pesar del deterioro, vale como documento la fotografía, de la colección del Archivo General de la Nación, en la que se ve a Lanteri consultando en una mesa si hay boletas suyas.
A pesar del deterioro, vale como documento la fotografía, de la colección del Archivo General de la Nación, en la que se ve a Lanteri consultando en una mesa si hay boletas suyas.. Foto: Archivo

Los atrios de las iglesias eran el ámbito electoral por excelencia antes de la Ley Sáenz Peña. Los domingos de elecciones, allí se colocaban las mesas y las urnas. Recién a partir de 1912 se implementaría el cuarto oscuro. Para que la mujer tuviera derecho a votar, faltaban unos cuarenta años más.

El domingo 26 de noviembre de 1911, Julia Magdalena Ángela Lantieri, 38 años, de profesión farmacéutica, ingresó al atrio de la iglesia de San Juan (en el barrio de La Boca) y se sumó a la fila de caballeros que aguardaban su turno para ejercer el derecho ciudadano en la mesa número 1. Se elegían cargos municipales y Lanteri, Julieta (con ese nombre era conocida), había tramitado con éxito su incorporación al padrón. Por lo tanto, cumplía con los requisitos para votar.

Los fiscales se pusieron de pie y se sacaron los sombreros para saludar a la primera dama que recibían. El presidente de la mesa, el prestigioso historiador Adolfo Saldías, manifestó su "satisfacción por haber firmado la boleta de la primera sufragista sudamericana". Si bien fue un hecho curioso, no tomó a nadie por sorpresa: en esa época, las mujeres venían reclamando ocupar posiciones más protagónicas en la sociedad. Es necesario aclarar que la constitución sanjuanina de 1856 habilitó el derecho de voto para ambos sexos, siempre y cuando fueran contribuyentes. Por lo tanto, tal vez algunas damas hayan concurrido a las urnas, pero no se cuenta con un registro que las inmortalice.

De todas maneras, la experiencia de Lanteri no prosiguió en el tiempo debido a que la Ley Sáenz Peña (del voto secreto, universal y obligatorio) establecía que los habilitados era quienes tenían su libreta de enrolamiento; es decir, los hombres, ya que las mujeres usaban libreta cívica. Julieta, primera farmacéutica recibida en el país y primera sufragista (registrada), lo tomó como un nuevo obstáculo a vencer.

Todo comenzó el último domingo de carnaval de 1919. "Esa mañana me desperté obsesionada por esta idea de ser parte de la lucha electoral", contaría luego. Sería "candidata a diputado" (por entonces, el femenino "diputada" no brotaba ni siquiera en la imaginación de esta mujer adelantada a su tiempo) en la ciudad de Buenos Aires, aún viviendo en Olivos. Si bien la nueva ley no le permitía votar, nada decía acerca de presentarse a competir por una banca. Casi sin tiempo de hacer campaña, lanzó su candidatura.

Dio discursos en distintos locales y al aire libre. También distribuyó folletos donde pedía que la acompañasen para reivindicar los derechos de la mujer y contar con la primera legisladora de América del Sur (Estados Unidos había elegido a la pionera Jeannette Rankin en 1916). Además realizó un interesante simulacro de votación con las mujeres.

¿Cuáles eras sus propuestas? Licencia por maternidad, subsidio estatal por hijo, protección a los huérfanos, prohibición de venta y producción de bebidas alcohólicas, abolición de la prostitución reglamentada, sufragio universal para los dos sexos, igualdad civil para los hijos legítimos y los conceptuados no legítimos, horario máximo de seis horas de trabajo para la mujer, salario igual para trabajos equivalentes para los dos sexos, jubilación y pensión para todo empleado u obrero, abolición de la pena de muerte, divorcio absoluto y representación proporcional de las minorías en los órdenes nacional, provincial y municipal.

El domingo de las elecciones, 23 de marzo, recorrió más de cien mesas. En medio de aquel trajín, la doctora le confesó a un periodista que estaba conforme con los resultados, porque había cumplido con su misión y establecía un precedente honroso para la mujer. Sospechaba que la votarían entre ochocientos y mil seiscientos hombres. Estuvo más acertada que muchas encuestadoras actuales: logró 1.730 votos, una cantidad insuficiente, apenas poco más del uno por ciento del total. Las bancas fueron para el socialista Federico Pinedo (h) con 56.418 votos y el radical José O. Casás con poco más de 54.000. Por ser mujer, ella no pudo votarse.

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