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Comprar ropa no nos hace felices

Adquirir indumentaria y accesorios de manera compulsiva no sólo contamina sino que más allá de la emoción inicial no genera felicidad, según un sondeo de Greenpeace

Ir de compras no siempre está bueno
Ir de compras no siempre está bueno.
Jueves 11 de mayo de 2017 • 17:50
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Una encuesta sobre los hábitos de compra internacionales revela que compramos mucho más de lo que necesitamos y utilizamos. Dos tercios de los residentes de Hong Kong admiten que poseen más de lo que necesitan. Lo mismo ocurre con el 60% de los chinos y más de la mitad de los encuestados alemanes e italianos. Pero el inconsciente consumo excesivo de la moda se convirtió en nuestra norma cultural.

La compra compulsiva de ropa, una deformación propia del occidental con dinero, no solo es una auténtica dependencia -aunque no sea la peor- sino que tiene otras dos consecuencias negativas: genera un impacto ambiental importante y, tras la emoción inicial de la adquisición, no genera felicidad.

Son las conclusiones de un informe encargado por Greenpeace en China, Hong Kong, Taiwán, Italia y Alemania, entre diciembre de 2016 y marzo de 2017, en ocasión del Copenhagen Fashion Summit, el principal foro mundial de la industria para la moda sustentable. "Nuestros sondeos muestran que a la compulsión de compra le sigue un bajón emotivo, que genera cierta culpa y hasta vergüenza", explicó Kirsten Brodde, periodista, ambientalista y promotora de la campaña Detox my fashion.

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La experta denuncia que la mayoría de la ropa que la gente compra necesita toneladas de pesticidas para ser producida, incluso cuando la etiqueta asegura contener un 100 % de fibras naturales. Estos plaguicidas, además de dañar la naturaleza, pueden provocar daños al ser humano al entrar en contacto con la piel. Uno de los componentes más utilizados en la industria textil, el poliéster, que se usa tanto en ropa de cama como en numerosas prendas de vestir, es particularmente dañino pues contiene químicos conocidos como ftalatos o ésteres de ftalato, a los que se les atribuye ser causante de alergias en niños y se les asocia con el desarrollo de distintos tipos de cáncer.

"Las personas comienzan a darse cuenta de que están atrapadas en un ciclo insatisfactorio de moda, por la obsesión de seguir nuevas y efímeras tendencias, y que finamente la superabundancia de ropa que poseen no lleva a una felicidad duradera", agrega. Por esto interpela y afirma que "las marcas de indumentaria deberían cambiar radicalmente su modelo de negocio, trasladando la atención de la producción de la cantidad hacia la calidad y duración".

El número de prendas de vestir producidas cada año alcanza cifras vertiginosas: 100.000 millones, y empresas del fast fashion, como H&M, Zara, Primark y Uniqlo contribuyeron a duplicar la producción mundial en los últimos 15 años. Las colecciones presentes en los negocios de estas marcas se renuevan cada semana y son impulsadas por la novedad; así, los consumidores compran más ropa y la desechan también más rápidamente, aumentando así los miles de millones de residuos en las áreas de descarga.

Los compradores compulsivos de moda acumulan vestido tras vestido, aunque saben que no podrán utilizarlos, y a menudo el día después la emoción se vuelve culpa. Es un fenómeno internacional, alimentado también por el fast fashion de vestimenta, zapatos, bolsos y accesorios.

China y Hong Kong se ven particularmente afectados, pero también ocurre en Europa. La mayoría admite tener más ropa de la necesaria: 60% China, 60% Alemania, 51% Italia, 68% Hong Kong y 54% Taiwán. Muchos no se usan y hasta se desechan con la etiqueta puesta: 51% China, 41% Alemania, 53% Hong Kong, 46% Italia, 40% Taiwán.

¿Por qué se compra demasiado? No porque se necesite algo, sino sobre todo por motivos sociales y emotivos como el alivio del estrés, aumentar la confianza en sí mismos, obtener reconocimiento ajeno sobre el propio estar a la moda. Para muchos, la comodidad se produce cuando la gente necesita canalizar sus ansiedades. Ir de compras es una forma de matar el tiempo, aliviar el estrés y evitar el aburrimiento. Pero la emoción barata de comprar algo nuevo muere bastante rápido. La mitad de las personas encuestadas dijeron que la emoción inmediata de una fiesta de compras duró menos de un día. Después de la borrachera viene la resaca.

Los consumidores excesivos compran más de lo que pueden permitirse: 46% China, 24% Alemania e Italia, 42% Hong Kong, 29% Taiwán. Un tercio se sienten vacíos, aburridos o perdidos cuando no están haciendo compras, y alrededor de la mitad de los consumidores admite que a veces oculta las compras ante otros por miedo a reacciones negativas o a ser juzgados. Y es un hábito que consume mucho tiempo: el consumidor chino promedio gasta por lo menos dos horas de compras en línea todos los días.

Cuando no están de compras, alrededor de un tercio de los habitantes de Asia oriental encuestados admiten sentirse vacíos, aburridos o perdidos. Además, alrededor de la mitad se sienten culpables por sus hábitos de compra, a veces ocultando sus compras a otros por temor a reacciones negativas o acusaciones de desperdicio de dinero. Las compras no nos hacen felices. Ya poseemos demasiado y lo sabemos.

Entonces, ¿por qué hacemos compras? Estamos buscando entusiasmo, buscando aumentar nuestra autoestima, confianza y reconocimiento. El activista de los medios de comunicación y crítico publicitario, Jean Kilbourne, comenta que los anunciantes se insinúan explotando los deseos humanos básicos como la amistad, la felicidad y el éxito en la publicidad con fines de lucro.

El resultado es stuffocation, un término acuñado por el británico James Wallman, que describe un estado en el que la vida de las personas está atrapada en un círculo vicioso de trabajo y acumulación de productos para mantenerse al día con el ritmo del consumismo. Esto alimenta la ansiedad de la vida moderna; así se destruye el planeta y, a la vez, nos impide llevar vidas más imaginativas y satisfactorias. El materialismo nos come de adentro hacia afuera.

Entonces, ¿cómo lo detenemos? La encuesta de Greenpeace mostró que los anuncios, las promociones y las funciones de compra con un solo clic están diseñadas para activar la compra por impulso. La tasa de compra aumenta las empresas más acelerar la entrega. Por lo tanto, cuanto más lento es el proceso de compra, menor es el deseo de comprar. Para liberarnos del ciclo del consumismo, tenemos que reducir la velocidad.

Consejo de los expertos: la próxima vez que se encuentre a punto de comprar algo nuevo en línea, piense unos minutos; vaya a dormir y si en la mañana todavía lo quiere, decida. Cuando se apagan los teléfonos y se sale a la naturaleza o aire libre, en vez de ir a centros comerciales, no se compra mucho.

Las compras vía Internet solo empeoraron la patología

¿Cuánto dura la satisfacción? La mayoría de los encuestados concuerdan en que es bastante breve, incluso un solo día (48% China, 65% Alemania, 59% Hong Kong, 65% Italia, 55% Taiwán). "En el actual sistema de moda -explica Kirsten Brodde- las empresas gastan miles de millones de dólares para vendernos falsos sueños de felicidad, belleza y sugestión ligada a productos".

"Pero seríamos mucho más felices si las etiquetas de moda ofrecieran ropa de alta calidad y duración, ofreciendo a los clientes asistencia y reparación de los vestidos. Nosotros y el planeta no nos merecemos menos", subraya.

La campaña Detox my fashion de Greenpeace, empeñada en un sector textil más limpio, prevé la participación de 79 marcas mundiales de textiles y proveedores para impedir, en 2020, el uso de sustancias químicas peligrosas en su cadena de aprovisionamiento.

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