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La moto se disfruta mucho casi todo el año

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PARA LA NACION
Sábado 13 de mayo de 2017
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Comencé a andar en moto hace un año y medio. Nunca antes había manejado un scooter hasta que me regalaron la mía para Navidad. A los cinco días creí que ya era toda una experta y decidí ir a sacar el registro al Automóvil Club Argentino. El examen teórico lo aprobé con 97 puntos, pero en el práctico quedé bochada después de usar un pie para ayudarme en el zigzag de la segunda prueba. Mi madre, que había decidido sacar la licencia de conducir conmigo, tuvo peor suerte: no sólo no aprobó, sino que cuando se bajó de la moto, se tropezó y se rompió los platillos tibiales internos y externos, lo que la dejó sin caminar durante tres meses.

Ahí aprendí mi primera lección: cualquier distracción puede costar caro arriba de la moto. Pero lejos de desalentarme, a las dos semanas, y con varias horas de práctica encima, volví a tomar el examen y aprobé.

Fue un viaje de ida. Además de reducir a la mitad el tiempo de traslado, comencé a disfrutar de nuevo el viaje.

Arriba de la moto viví también algunos momentos únicos: me encontré con un Alfredo Casero motorizado, en un embotellamiento frente a La Rural, sobre la avenida Santa Fe, y me retó por manejar vistiendo sandalias, a lo que coincidí que era peligroso. También me crucé con el tenista Mariano Zabaleta en un control policial cerca de la calle Niceto Vega.

Sentir las miradas de asombro es inevitable en la espera de los semáforos. Algunos motoqueros me han admitido que quieren que sus hijas comiencen a manejar una; también señoras mayores me contaron sus experiencias de cuando eran jóvenes.

En este año y medio de experiencia, cuatro amigas más decidieron comprarse su moto, y cada vez son más las personas que se animan a cambiar su medio de transporte. El invierno sea tal vez la temporada más dura; pero en el resto del año, la moto se disfruta mucho..

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