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Justo antes del clásico de Avellaneda, los Rojos dan un paso firme en la reconstrucción de un estilo

Del saludo de la década del 60 a este presente: los históricos de Independiente trazan paralelismos y evalúan el nivel de un equipo que intentará seguir con su evolución, nada menos que ante Racing

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PARA LA NACION
Viernes 12 de mayo de 2017
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A golpe de pie contra el piso, los futbolistas experimentan una contradicción física al momento de entrar al terreno de juego. Antes del comienzo del partido, en la salida del túnel, el impulso los invita a correr. El corazón bombea más rápido, la sangre circula a mayor velocidad, la respiración se dispara. Pero el tranco es manso, sincrónico. A diferencia de lo que haría cualquier otro equipo del fútbol argentino, los titulares de Independiente, desde hace tres semanas, cuando falleció Pipo Ferreiro -gloria del club-, salen al césped caminando. La sensación es ambigua: se trata de mantener la calma cuando el cuerpo pide una descarga. Los psicólogos suelen llamarlo "control emocional".

Ya en el círculo central, el capitán, en este caso Nicolás Tagliafico, el lobo líder de la manada, se adelanta dos metros y levanta sus brazos, con las manos abiertas. Saluda al frente, luego a su derecha, más tarde a su izquierda y por último a su espalda. El resto lo imita. Es un movimiento singular que se remonta a los años dorados de los Rojos, cuando empezaban a conquistar el mundo, en los albores de la década del 60. Ahora, de alguna manera, ese movimiento funciona de punto de partida: el kilómetro cero para recuperar la identidad. Un detalle de un equipo que fijó su rumbo para reencontrarse con el juego histórico y que de a poco empieza a conectar con el latido de los hinchas. El domingo, en el clásico, puede dar un paso firme hacia la reconstrucción de un estilo.

"Son distintas épocas -reconoce Ricardo Pavoni-, antes se jugaba más lento, hoy hay poco tiempo para pensar, pero creo que en el fondo, en cuanto a estilos y salvando las diferencias lógicas, hay ciertas similitudes entre aquel y este Independiente. La forma es bastante parecida en cuanto al ataque vertical y a la ambición ofensiva. Nosotros, por ejemplo, no teníamos tanta elaboración como mucha gente cree. Éramos directos. Me gusta lo que veo en la cancha. El partido contra Racing será una buena oportunidad para demostrarlo".

El Chivo, uno de los emblemas de la historia, fue el que le sugirió a Holan que retomaran esa particular forma de saludar. "La semana previa al comienzo del torneo, Ariel me preguntó cómo lo hacíamos. Entonces fui y se los enseñé a varios de los muchachos del plantel. Para mí es un orgullo que lo hagan, me recuerda a los buenos momentos que viví como jugador. Es una manera de demostrar personalidad, de dejar en claro que te bancás lo que venga, que sos el Rey de Copas y que a pesar de todo lo serás por siempre. Ese minuto que te demorás en caminar hasta la mitad de la cancha es increíble, te sirve para absorber el clima. Y cuando saludás, los aplausos te potencian", explica Pavoni.

Miguel Ángel Santoro, otro de los históricos, se inmiscuía en el fútbol profesional cuando Manuel Giúdice, entrenador de Independiente entre 1963 y 1966, y Gonzalo García, preparador físico, diseñaron el saludo. Mientras el club de Avellaneda se convertía en leyenda, con sus primeras dos copas Libertadores (1964 y 1965), desde el cuerpo técnico lanzaron la idea: "Necesitamos un gesto ganador". Pensaron unas horas y lo diagramaron.

Así fue que, al poco tiempo, Jorge Maldonado, el capitán, se convirtió en el primero en liderarlo. "Veníamos de una campaña muy exitosa -cuenta Santoro- y ellos decidieron que era una buena manera de entrar en la cancha. Lo hicimos y al poco tiempo caló en la gente. Tanto Don Manuel como Gonzalo García se preocupaban en sembrar cosas distintas, en generar una verdadera mística ganadora". Durante aquellos años, los que abrieron la etapa más gloriosa de los Rojos, Giúdice les regaló a los jugadores un anillo de oro y una medalla. "La suerte está echada", podía leerse en la inscripción grabada sobre el metal. "Me emociona que Independiente vuelva a hacer el saludo", continúa Santoro, "y verlo en un clásico será mucho más intenso".

Ricardo Bochini fue cauto. Cuando Hugo Moyano oficializó la contratación de Holan, el máximo ídolo del club, mientras varios de sus colegas criticaban al ex entrenador de Defensa y Justicia, pidió tiempo para ver. Luego emitiría un veredicto. "Hay que esperar y ver cómo trabaja. Recién ahí voy a hablar. Antes no. Lo quiero conocer para juzgarlo", dijo en diciembre del año pasado. El último fin de semana, en el partido ante Newell's, Bochini viajó a Rosario. Hacía tiempo que no iba de visitante. "Fui -admite- porque me gusta mucho cómo funciona el equipo. Éste es el fútbol que siempre traté de practicar y el que por historia tiene que jugar Independiente. El año pasado, en cambio, me aburría". Y sigue: "El saludo es algo muy emocionante, lo recuerdo como algo importante".

El domingo a las 18.50, desde el túnel, los futbolistas de Independiente caminarán poco más de 35 metros. Un minuto más tarde, sobre el círculo central, Nicolás Tagliafico se adelantará dos metros, levantará sus brazos y empezará con los movimientos. Sus compañeros le seguirán el paso. El Libertadores de América, entonces, soltará un rugido áspero que marcará el inicio del clásico de Avellaneda. Después, comenzará a rodar la pelota. Pero al menos hasta ese entonces, tomarán ese gesto como una forma de empezar a jugar antes el clásico antes que Racing.ß

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