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La trata de personas, oscuridad en escena

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PARA LA NACION
Viernes 12 de mayo de 2017
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Torre blanca / Autor y dirección general: Gusmán Céspedes / Elenco: Selva Bado, Rodrigo Barrios, Marilina Castillo, Magdiel González, Paula Macci y Jesica Sosa / Asistencia de dirección: Mirta Wojtiuk / Música, diseño gráfico y dirección de arte: Claudio Martini / Diseño de escenografía, utilería, vestuario, luces y producción general: Gusmán Céspedes y Claudio Martini / Sala: El Vitral, Rodríguez Peña 344 / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 70 minutos / Nuestra opinión: muy buena

La violencia de género, como eje temático
La violencia de género, como eje temático. Foto: Gza. Silvina Macri

El principal, el gran mérito de Torre blanca es narrativo. En poco más de una hora, cuenta una historia densa, con personajes oscuros y cargados de pasado, y una trama perfectamente urdida que pone en el centro la explotación y la trata de personas. A una telenovela le rendiría un año de capítulos de "melodrama con contenido social", porque aquí no falta nada: villanos malísimos, pero que alguna vez también fueron víctimas, y víctimas con profundos secretos y deseos de venganza. Pero no son ni el destino ni los dioses los culpables, sino un sistema opresivo que juega con la vida de los más vulnerables.

Esta ficción se cuenta en un escenario de negros y blancos (como el tablero de ajedrez que aparece al principio), un par de muebles, la música -que promete thriller (a cargo de Claudio Martini)- y un vestuario cotidiano, de todos los días, como suele pasar en las tragedias que anidan detrás de cualquier puerta. En las afueras de la ciudad, donde nadie puede oír gritos de auxilio, hay una casa siniestra cuya clandestinidad será herida de muerte por la rebelión silenciosa del personaje más apaleado. El clima de Torre blanca no apunta a la angustia existencial, sino a la tristeza lisa y llana de los que sufren por culpa de otros. En un contexto, además, en que la violencia de género está en la superficie, el efecto es directo: los espectadores queremos que esa injusticia se revierta. Aunque los límites del melodrama son frágiles como estos personajes y la sensación de ridículo suele quedar a un paso, la velocidad narrativa, el suspenso y las ganas de saber cómo sigue son un motor que empuja a la obra para que avance justo antes de caer en el pozo de lo inverosímil.

Primera obra estrenada por el joven actor, director y autor paraguayo Gusmán Céspedes, que reside en la Argentina desde hace más de una década, Torre blanca no es una "obra impecable": las actuaciones son muy desparejas (a destacar el actor Magdiel González como Ramiro) y hay algunos problemas de sonido, aspectos que podrían mejorar con el tiempo. Pero el engranaje funciona en una síntesis casi cinematográfica de una historia actual y compleja expuesta con mucha fuerza dramática.

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