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El color del miedo: cómo Huye encarna las angustias raciales de hoy

El notable debut de Jordan Peele hace del terror el vehículo perfecto para narrar la decepción de la comunidad negra tras la presidencia de Obama y la llegada de Trump

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PARA LA NACION
Viernes 12 de mayo de 2017
En Huye, Daniel Kaluuya es un joven que cree vivir en un mundo posracial que pronto se revela pesadilla
En Huye, Daniel Kaluuya es un joven que cree vivir en un mundo posracial que pronto se revela pesadilla. Foto: Universal / IMBD / Netflix
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En Prisión perpetua, Ricardo Piglia escribe -retomando una frase atribuida a Henry Kissinger- que "también los paranoicos tienen enemigos". Esta idea nunca es tan cierta como en el cine de terror, donde siempre las observaciones del protagonista, desestimadas como obsesivas, monomaníacas o inverosímiles, prueban ser trágicamente ciertas. Para que el terror funcione, para que su efecto exceda el susto y se vuelva perturbador, debe estar anclado en ansiedades auténticas. La película más paranoica de los últimos años, Te sigue, de David Robert Mitchell, resultaba tan eficaz porque su monstruo sobrenatural no era sino una representación metafórica del miedo al VIH. Los protagonistas en apariencia paranoicos del mejor cine de terror no sólo tienen enemigos en la ficción, sino que esos enemigos también existen en el mundo real. Bien lo sabe el cómico Jordan Peele, director de Huye, su debut como realizador cinematográfico, que se volvió uno de los mayores éxitos cinematográficos del año en los Estados Unidos y que ayer llegó a los cines locales.

Con el arribo de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos, en 2009, parte de sus votantes esperaban que, finalmente, ese país con una larga historia de crímenes racistas. obsesionado por el color de la piel, ingresara en una era posracial. Desde luego, nadie imaginaba que el racismo terminaría de un día para otro, pero sí, al menos, que gradualmente dejaría de ser parte integral de las instituciones centrales de la vida pública, como, por ejemplo, la justicia.

Obama, sin embargo, resultó una decepción no sólo para los integrantes de movimientos de derechos civiles, sino también para buena parte de sus votantes, porque se negó a cualquier acción que pudiera ser entendida como una forma de favoritismo hacia los ciudadanos negros, como si no hubiera existido ninguna desigualdad que corregir. Políticamente, el primer presidente negro fue un moderado (aunque la derecha racista y delirante lo veía como un socialista que llevaba al país a la guerra civil), acaso más preocupado por la "gobernabilidad" -por no ser un presidente que fomentara la división nacional- que por subsanar injusticias históricas. Éste es el zeitgeist que Jordan Peele captura en Huye.

Desde luego, la de Peele no es la primera película sobre el racismo: Spike Lee construyó toda su filmografía denunciándolo. Pero sí es uno de los primeros entretenimientos populares que tienen como anzuelo las ansiedades sociales que despierta y la decepción que significó Obama, aunque sin referirse directamente a estos problemas (más sobre ellos en un minuto), sino abordándolos oblicuamente desde dos de los géneros más distanciados de la actualidad política: el terror y el fantástico.

En 2012, el asesinato del adolescente negro Trayvon Martin a manos del aspirante a vigilador privado blanco George Zimmerman fue el punto de giro que hizo evidente que nada había cambiado tras la asunción de Obama. Martin, de 17 años, caminaba por una calle en una tarde de invierno vistiendo un buzo con capucha. Zimmerman decidió que su actitud era sospechosa y comenzó a seguirlo con su automóvil. Tras llamar al 911 y reportar que "había un tipo que andaba en algo raro y parecía drogado", lo confrontó y terminó disparándole un tiro en el pecho, que lo mató. Martin acababa de comprar golosinas en un quiosco. Estaba desarmado. Sólo tras protestas masivas que se extendieron a nivel nacional y a casi dos meses del crimen Zimmerman fue arrestado. Su defensa fue la misma que la de decenas de policías que comparecieron ante tribunales por crímenes similares: que, aunque confrontó a una persona desarmada, disparó en defensa propia porque sintió que su vida estaba en peligro. Fue exonerado.

La liberación de Zimmerman marcó el punto de partida del movimiento Black Lives Matter (las vidas negras importan), que encontró su contracara negacionista en el eslogan "All Lives Matter" (todas las vidas importan), que pretende ignorar que existe una flagrante desproporción de hombres negros asesinados por blancos que luego no van a prisión. La difusión, impulsada por este movimiento a partir de las redes sociales, de los sistemáticos fusilamientos inmotivados de negros a manos de la policía hizo inocultable un problema: no que la policía es racista y que funciona como el brazo armado y aleccionador del statu quo, eso no es novedad (y puede recorrerse de forma histórica en el documental ganador del Oscar Enmienda 13, de Ava DuVernay), sino que la gestión de Obama no representó ningún avance sobre el racismo de la sociedad norteamericana,

En la serie de Netflix Luke Cage, su superhéroe negro tiene la piel invulnerable y, en consecuencia, es inmune a los tiros policiales, un emergente entre los géneros populares de "Black Lives Matter" (el personaje viste buzos con capucha como el de Trayvon Martin). Pero, a la vez, esta serie está anclada en un sistema de referencias al cine blaxploitation de la década del 70 que hacen que se perciba como de otra era. Luke Cage es una ficción sobre el período Obama, pero Huye es la película sobre el mundo que está empezando ahora. La mayoría de la población norteamericana, aun confrontada a las sistemáticas ejecuciones de negros por ser negros terminó eligiendo presidente a Donald Trump, un candidato que hizo campaña con propuestas abiertamente racistas y segregacionistas. La era posracial claramente está muy lejos de comenzar.

De la utopía a la pesadilla

El director de Huye, Jordan Peele, es una mitad de Key & Peele (Keegan-Michael Key es la otra), un dúo cómico que se hizo famoso creando sketches para el canal Comedy Central. Huye es su primera película como guionista y director y, curiosamente, es una película de terror hecha y derecha y no una comedia, aunque puede ser vista como una sátira bizarra de ¿Sabes quién viene a cenar? El lado risueño del racismo puede descubrirse en la serie Dear White People, adaptación de la película indie de Justin Simien que acaba de estrenar Netflix). El film debe entenderse en cambio como una inversión de un sketch de Key & Peele llamado "Negroland" (que puede verse en YouTube, como otras creaciones del dúo). En él, un hombre negro es detenido por la policía y, en el momento del arresto, los agentes golpean su cabeza contra el patrullero. Al desmayarse se transporta a Negroland, una utopía negra en la que las relaciones raciales son como la sociedad finge que son y no como lo son en la realidad. En Huye, en cambio, el personaje central (interpretado por el británico Daniel Kaluuya) cree estar viviendo en esa utopía, y de pronto descubre que en su centro se agazapa una pesadilla.

La película comienza con un joven negro que camina por una calle suburbana intentando encontrar una dirección. Un automóvil blanco se pone a su lado y avanza a su paso (la referencia a Martin y Zimmerman es inocultable). No vale la pena decir más, salvo que la escena termina de un modo inesperado. Los acordes del felicísimo track "Redbone", de Childish Gambino, cambian el clima y nos llevan a la vida ideal de Chris Washington (Kaluuya), un fotógrafo exitoso que se dispone a conocer a la familia de Rose (Allison Williams), su novia blanca. Si bien la chica confiesa que nunca les dijo a sus padres que su novio era negro, también lo tranquiliza: "No son racistas. Papá habría votado por Obama una tercera vez si hubiera podido".

Los Armitage son la definición del "privilegio blanco": dos progres de mediana edad que viven en una mansión "sencilla" y hasta exageran su antirracismo con referencias extemporáneas a Hitler. El padre es neurocirujano y la madre, una terapeuta especializada en hipnosis. La aparición en la casa de dos sirvientes negros que parecen (quizá no) comportarse de modo levemente anormal empieza a convertirla en una versión cargada racialmente de Las mujeres de Stepford. Sobre lo que vendrá basta decir que Chris se encuentra con una forma de explotación que aún no había sido imaginada ni por los nazis.

Huye, con su conjunto de referencias a los crímenes racistas recientes amparados por la policía, se muestra claramente producto de la decepción ante un período sociopolítico que se inició con optimismo. El protagonista, que vive en la utopía que la llegada de Obama había permitido imaginar, descubre que ese estado de cosas finalmente es una ilusión y que lo que encuentra tras ella es aterrador. A diferencia de otras ficciones anteriores sobre el racismo, en las que o bien aparecía una instancia institucional en la que las víctimas podían ampararse o bien la película constituía una denuncia de su inacción, en esta no hay ninguna.

Las instituciones y el núcleo social que rodean al protagonista negro son, en efecto, parte de una conspiración. Ésta es la fantasía paranoica que se hace trágicamente real: todos están en su contra. La película dice a sus espectadores negros que sólo se tienen a sí mismos y, en ese gesto, encuentra su relevancia política. Huye es la primera película de terror sobre las "vidas negras" en el período Trump. No hay un género más adecuado para esta era.

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