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Boca-River. Pablo Pérez, el volante que jugó 12 minutos en el superclásico de 2016 pero que controló sus demonios

El temperamental mediocampista está ante la prueba de lucirse y jugar los 90 minutos en la Bombonera con River

Viernes 12 de mayo de 2017
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LA NACION
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Pablo Pérez tuvo que trabajar mucho para controlar su comportamiento
Pablo Pérez tuvo que trabajar mucho para controlar su comportamiento.

A lo largo de la carrera de un futbolista se producen situaciones bisagra. Esos momentos en los que una acción, una reacción o una decisión determinada marcan un antes y un después. Pablo Pérez fue el gran protagonista de un hecho que reúne estas características hace poco más de un año, y con mucho trabajo, esfuerzo y ayuda psicológica, logró revertirlo, al punto de pasar de ser marginado del plantel a una pieza titular clave.

Apenas se jugaban 12 minutos del Boca - River del 24 de abril de 2016. En una Bombonera repleta, y con el partido 0-0, el Nº 8 le pegó una patada en el estómago a Eder Álvarez Balanta, en una jugada que, además, ya había sido detenida por el árbitro Darío Herrera. Lógicamente, se fue expulsado. No era la primera vez que al volante derecho se le cruzaban los cables. Que perdía la batalla contra esos demonios que atentan y opacan al muy buen futbolista que también habita en su cuerpo. Pero el hecho de dejar a su equipo con un hombre menos durante 80 minutos de un superclásico fue algo que el cuerpo técnico que lideran Guillermo y Gustavo Barros Schelotto no dejó pasar.

"Me reuní con Agustín (Orion), el Cata (Díaz) y con Carlos (Tevez). Me apoyaron y me dijeron que no haga más estas cosas. Hay que escuchar a los referentes y aprender", reconocía por entonces el ex Newell's. "Uno habla, habla, habla y habla. Pero si del otro lado no hay una recepción, se hace difícil", le decía tras aquel superclásico Guillermo a LA NACION, aún enojado por esa rápida roja que trastocó los planes.

El tiempo pasó, aquellos referentes hicieron las valijas y en la actualidad Pablo Pérez ocupó, a fuerza de personalidad y liderazgo, una de esas posiciones vacantes en lo que ascendencia sobre el grupo se refiere. Incluso, se convirtió en el subcapitán del equipo, por detrás de Fernando Gago.

Hace apenas dos semanas fue protagonista de una nueva reacción desmedida: le pegó varias patadas al juvenil Tomás Fernández y fue expulsado de una práctica. "Me volvió loco y reaccioné como un viejo cascarrabias", declaró. Pese al hecho, hay mucho mérito de Pérez por llegar al momento actual, donde su cabeza parece haber encontrado el equilibrio.

"Voy a la psicóloga del club, Mara (Villoslada), para controlar el tema de las tarjetas. Boca no es para cualquiera, es un mundo complicado que hay que saber llevar", confesó el futbolista en una entrevista por Fox Sports Radio. Y agregó: "Sirve para descargarse y poder contar los problemas, para que te acomoden un poco las ideas. Soy insoportable para los árbitros y hablo mucho. Adentro de la cancha a veces te acordás y otras no de lo que hablás con la psicóloga, pero se puede controlar y mejorar."

Los resultados de ese trabajo psicológico se trasladaron al campo de juego, en donde Pérez dejó de ser el blanco de las burlas por su antigua adicción a las tarjetas amarillas. Hasta aquel superclásico de abril del año pasado había recibido 99 amonestaciones en 224 partidos oficiales, a razón de casi una cada dos encuentros (0,44 por ciento).

Ahora, Pérez cumple un rol más protagónico en la creación de jugadas ofensivas y se destaca más por algo que siempre tuvo y que quedaba en segundo plano: una visión de juego que pocos protagonistas del fútbol argentino poseen en la actualidad. Al punto que en los últimos meses su nombre sobrevoló una posible convocatoria a la selección. Y en lo referido a las amarillas, su porcentaje bajó notablemente: en los últimos 21 partidos sólo fue amonestado en 6 ocasiones (0,28 por partido).

Pablo Pérez pudo haber emigrado hace nueve meses, cuando después de la eliminación copera ante Independiente del Valle hubo una depuración del plantel. Independiente, de Avellaneda, hizo una oferta concreta por él, pero a pedido de Guillermo Boca desechó esos $ 2.500.000. Fue, sin dudas, la última gran señal que precisaba el jugador para sentir que el cuerpo técnico realmente valoraba su esfuerzo por corregir la conducta.

Es curioso, pero el domingo puede darse la primera vez que el Nº 8 dispute los 90 minutos de un superclásico en la Bombonera. Antes de la prematura expulsión en abril de 2016, el volante fue uno de los protagonistas del Boca-River válido por la vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores 2015, la bochornosa noche del gas pimienta en la que apenas se disputaron 45 minutos.

Tal vez le falte llegar más al área y a posiciones de gol, algo que sí tenía en su época de Newell's, con un rol más ofensivo. Pero afianzado como titular, Pérez no sólo le da a Boca claridad e intensidad sostenida en el juego, sino que su labor defensiva le permite a Gago lucirse y hallar espacios para meter esos pases filtrados marca registrada.

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