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En Fátima, el Papa canonizará a los pastores y marcará un hito de la Iglesia

Por primera vez dos menores serán declarados santos sin ser mártires; la visita durará apenas 23 horas

Viernes 12 de mayo de 2017
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LA NACION
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Dos peregrinas, ayer, en el santuario de Fátima
Dos peregrinas, ayer, en el santuario de Fátima. Foto: Reuters / Rafael Marchante

ROMA.- En un viaje de apenas 23 horas, más breve que el que hizo a Egipto a fines de abril y muy distinto, enmarcado en la devoción mariana, el Papa peregrinará hoy a Fátima, Portugal, para rendirle homenaje a la "Señora vestida de blanco" en el centenario de sus apariciones. Allí canonizará mañana, día de la fiesta de Fátima, a los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto, que en ese mismo lugar, hace exactamente un siglo, el 13 de mayo de 1917, a los 9 y 7 años, junto a su prima Lucía, de 10, tuvieron las primeras visiones de la Virgen.

En seis apariciones ocurridas entre mayo y octubre de ese mismo año, la "Señora" les reveló a los chicos los famosos tres secretos de Fátima. El primero se refería a la visión del infierno; el segundo, a la Segunda Guerra Mundial y a la caída del comunismo; el tercero, a la imagen de un obispo vestido de blanco que cae muerto, visión que se interpretó como el atentado sufrido por san Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981.

En una misa a la que se espera asista un millón de personas, Francisco convertirá a los dos pastorcitos de Fátima en los primeros niños santos no mártires de la historia.

En una visita cuyo lema es "con María, peregrino en la esperanza y en la paz", el ex arzobispo de Buenos Aires se convertirá en el cuarto pontífice que viaja a Fátima, uno de los santuarios marianos más importantes del mundo, que suele recibir unos cuatro millones de fieles por año.

Pablo VI estuvo allí en 1967, para el cincuentenario de las apariciones. Juan Pablo II, especialmente devoto de la Virgen de Fátima porque siempre estuvo convencido de que fue ella quien lo salvó del atentado de 1981, desviando la bala de su atacante, Ali Agca, estuvo allí tres veces. En 1982, un año después de ese ataque, en 1991 y en 2000, cuando beatificó a los pastorcitos y, luego de años de misterio, reveló el tercer secreto de Fátima.

Benedicto XVI estuvo en 2010, en medio del escándalo de pedofilia en el clero. E hizo una reinterpretación del tercer secreto de Fátima, ampliándolo a "los sufrimientos" del papa y de la Iglesia.

En un videomensaje que envió anteayer al pueblo de Portugal -país de casi 12 millones de habitantes, la mayoría (88%) católicos, pero donde el secularismo es fuerte, como en el resto de Europa-, Francisco se disculpó por su visita tan corta, que ni siquiera incluye Lisboa, la capital. "Desde ahora agradezco por la comprensión con la que han aceptado mi decisión de limitar la visita a una peregrinación al Santuario de Fátima", dijo, en portugués, lengua que utilizará en la visita, la decimonovena de su pontificado.

Al llegar hoy, pasadas las 16 locales, a la base militar de Monte Real, después de un vuelo de tres horas desde Roma, Francisco será recibido por el presidente de Portugual, Marcelo Duarte de Sousa. Luego de trasladarse en helicóptero hasta el estadio de Fátima, el papamóvil se desplazará hasta la famosa "capelinha" de las apariciones, el lugar donde se encontraba la encina sobre la que los pastorcitos vieron por primera vez a la Virgen.

Allí, desde 1920 se venera una estatua de la que también es especialmente devoto Jorge Bergoglio. De hecho, la mencionó en su primer Angelus, el 17 de marzo de 2013, cuando recordó una visita de la estatua a Buenos Aires, en 1992. Sus biógrafos recuerdan que ese mismo año, un 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, Bergoglio recibió del nuncio en ese momento, monseñor Ubaldo Calabresi, la noticia de que sería nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires, hecho que le puso fin a un "exilio" de 22 meses en Córdoba.

Ante la estatua de la "Señora de traje blanco", Francisco pronunciará una oración para que se "derriben los muros" y contra "todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos". Más tarde, ya de noche, presidirá una bendición de las velas y un rosario junto a una multitud que pasará la noche allí mismo, en bolsas de dormir, a la intemperie, para asistir a la misa del día siguiente, en la que por primera vez dos chicos serán declarados santos, un hito para la Iglesia Católica.

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