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El papa Francisco en Fátima: "Derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras"

El pontífice recitó una plegaria ante la famosa estatua de la Virgen de Fátima, al comienzo de su visita exprés al santuario mariano portugués

Viernes 12 de mayo de 2017 • 14:53
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LA NACION
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El papa Francisco rezó ante la estatua de la Virgen de Fátima
El papa Francisco rezó ante la estatua de la Virgen de Fátima. Foto: AFP

FATIMA.- Derribar muros y superar fronteras, concordia entre todos los pueblos del mundo, misericordia, esperanza y paz, para contrarrestar "todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos". Todo esto pidió hoy el Papa en una plegaria que recitó ante la famosa estatua de la Virgen de Fátima, ni bien pisó por primera vez la Capilla de las Apariciones, el sitio más sagrado del santuario mariano portugués.

Fue aquí donde, el 13 de mayo de 1917, hace cien años, una "Señora vestida de blanco" se le apareció a tres pastorcitos analfabetos que cuidaban su rebaño -Lucía, Francisco y Jacinta-, dando inicio a una devoción popular que traspasó las fronteras de Portugal, famosa por sus "tres secretos" revelados en seis diversas apariciones, hace un siglo.

En la oración, que pronunció en portugués luego de rezar en silencio durante 8 minutos, concentrado y emocionado, ante la estatua inmaculada, el Papa se describió a sí mismo como un "obispo vestido de blanco", retomando las palabras mencionadas en el último de los tres secretos. Este, en efecto, hablaba de un "obispo vestido de blanco" que "cae a tierra como muerto bajo los disparos de armas de fuego" y fue revelado, después de décadas de misterio, en mayo de 2000 por san Juan Pablo II . El pontífice polaco relacionó esta visión con el atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981 -día de la Virgen de Fátima- en la Plaza de San Pedro, a manos del turco Mehmet Alí Agca.

Luego, sin embargo, tanto el cardenal Angelo Sodano, en ese momento secretario de Estado de la Santa Sede, como el cardenal Joseph Ratiznger, guardián de la ortodoxia católica, explicaron que la profecía, simbólica, iba más allá y podía tener diversas lecturas. También se relacionaba -como los dos primeros secretos, revelados en plena Primera Guerra Mundial-, con la misericordia y la urgente necesidad de conversión y de paz, ante los horrores del siglo XX.

"En este lugar, desde el que hace cien años manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios, miro tu túnica de luz y, como obispo vestido de blanco, tengo presente a todos aquellos que, vestidos con tu blancura bautismal, quieren vivir en Dios y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz", dijo Francisco en su oración, que recitó a los pies de la estatua colocada en la denominada "capelinha" de las apariciones en 1920. En su corona -de 1,2 kilos de oro, 313 perlas y 2679 piedras preciosas, en 1989 se colocó el proyectil extraído del cuerpo de san Juan Pablo II, después del atentado de 1981.

El ex arzobispo de Buenos Aires, también devoto mariano, le rogó a la "Señora de la blanca túnica" para que mire "los dolores de la familia humana que gime y llora en este valle de lágrimas" y acreciente la alegría de la Iglesia de Cristo. "Fortalece la esperanza de los hijos de Dios", rogó. "Con tus manos orantes que elevas al Señor, une a todos en una única familia humana", exhortó.

Pidió, asimismo, seguir el ejemplo de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio, como los beatos Francisco y Jacinta -que mañana se convertirán en los primeros santos, no mártires-. Dos niños que a los 9 y 7 años fueron testigos, junto a su prima Lucía -monja carmelita que murió en 2005, a los 97 años- de seis apariciones de la Virgen, una por mes, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. "Recorreremos, así, todas las rutas, seremos peregrinos de todos los caminos, derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras, yendo a todas las periferias, para revelar allí la justicia y la paz de Dios", afirmó, hablando en portugués.

En una jornada finalmente soleada luego de días de lluvia, el Papa llegó a las "Capilla de las Apariciones" en papamóvil, después de arribar en helicóptero al estadio de esta ciudad de 11.000 almas, desde la base aérea de Monte Real. Allí aterrizó pasadas las cuatro de la tarde locales procedente de Roma y fue recibido con todos los honores por el presidente de Portugal, Marcelo Duarte Sosa y cerca de mil personas con banderas y pancartas de bienvenida.

Cuando llegó a la inmensa explanada del santuario -dos veces más grande que la Plaza de San Pedro-, Francisco fue aclamado como un héroe por la multitud de fieles de todo el mundo presente. "¡Viva el Papa!", "¡Francisco! ¡Francisco!", coreaba la gente, que agitaba banderas de diversos países dándole la bienvenida al "peregrino de la paz". Ya en la "capelhina" el Papa, que le donó una rosa de oro a "Nuestra Señora", en su plegaria por la paz y la justicia de Dios también aludió a "todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos". Y concluyó recordando que la Virgen es "maestra de la buena noticia del Hijo, el orgullo de nuestro pueblo, el triunfo frente a los ataques del mal, el refugio de los pecadores y el camino que conduce a Dios".

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