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Los Tabaleros: rara avis de un folklore urbano y bien local

Surgieron a fines del siglo pasado; tienen tres CD y una estética propia bien definida

Sábado 13 de mayo de 2017
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LA NACION
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Los Tabaleros son una rara avis dentro de la escena musical vernácula. Crecieron en Buenos Aires pero mirando al noroeste argentino; un poco porque de allí vinieron los padres de dos de sus fundadores, otro tanto por la fascinación extemporánea que les producían grupos tradicionales del folklore como Los Chalchaleros. Para la música no hay tiempo ni edad, pero ese gusto extemporáneo quizá tuviera que ver con que no respondía a una pasión de la década del sesenta, en pleno auge folklórico, sino al deseo finisecular de dos adolescentes imberbes, los hermanos Martínez. No querían ser como Los Chalchaleros, no imitaban al pie de la letra su manera de cantar; ni siquiera sus rasgueos fueron los más ortodoxos. Pero incorporaron ese estilo y pasearon por las pocas peñas porteñas del nuevo siglo con un repertorio tradicional y un incipiente cancionero propio. Hoy, que ya no son imberbes sino barbados (y que más allá de cierto aspecto hipster quizá estén en las antípodas de esa moda-cultura) tienen tres discos muy raros en su haber, ya no militan en el purismo sonoro (con los años fueron incorporando guitarras eléctricas, bandoneón o bajo) y preparan un nuevo CD.

Mientras lo cocinan, recorren el circuito local, que no es rockero ni folklórico, pero que les ofrece la compañía de otros aliados. Hoy, por ejemplo, compartirán escenario con Sombrero, banda que, como Los Tabaleros, puede atravesar el soundtrack de un western de los 60 o una película de Tarantino de los 90 sin alejarse demasiado del folklore local. A quienes les provoque curiosidad, podrán verlos en el Centro Cultural Matienzo. Bautizaron su espectáculo "Un desierto en el inframundo".

Los Tabaleros son los que en su primer disco cantaban "En tu pelo hay una flor que paraliza un huracán en celo" ("Imposible no mirar", del álbum Carmesí) y en el último "En Once no para de nevar. Yo patino silbando con las manos atrás y hago un ocho debajo de un cable donde cuelgan dos zapatillas" ("Once", del CD Tuy).

"La banda es un capricho que mantenemos bien alto. Hacemos de todo, pero en la música no nos prostituimos", lanza Beto Martínez, uno de los fundadores, junto a su hermano José María ("Pepino", para los allegados).

"Nos criamos juntos, soñamos juntos, nos admiramos pero también tenemos personalidades fuertes y nos peleamos. Pero la idea es siempre avanzar. Elegimos lo antiguo como una forma de modernidad. La intención es contar un cuento, que esté bien relatado. Hacemos un saco a medida. Cre- emos en el formato canción por arriba de todo. Nos convertimos en juglares de un gueto. Crecimos en un circuito under chiquito, donde también hay gente del rock que baja a lo acústico. Nos empezamos a sentir cómodos", resume.

De hecho, asegura que grupos como Babasónicos también fueron una influencia, a partir de discos como Jessico, que les dejó algunas consignas: "No repetirnos. Buscar en cada disco algo distinto. No sé si lo logramos, pero lo intentamos. El primero disco (Carmesí) hoy puede sonarnos un poco barroco. El segundo (Lolita) va a una problemática más circunstancial y el tercero (Tuy!) es una búsqueda más popular.

Se viene el cuarto, Chuy!, para seguir en la línea climática del frío y del calor. "Pero Chuy! más que un disco frío va a ser fresco. Como una Bombucha helada en una espalda caliente de verano", completa Beto.

Sombrero y Los Tabaleros

"Un desierto en el inframundo"

Centro Cultural Matienzo, Pringles 1259. Hoy, a las 20.

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