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Osella y Montero saborean la locura de Rosario

"No firmo salir campeón sin ganar el clásico", asegura el DT de Newell's, hombre del club; "les falta un caramelo", apunta el de Central, nuevo en Arroyito, sobre cómo lo viven los hinchas

Sábado 13 de mayo de 2017
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LA NACION
Osella y Montero
Osella y Montero. Foto: Archivo / Marcelo Manera

"Paaaaaaaa..., el clásico. ¡Desde que llegué la gente me lo menciona!", exclama Paolo Montero con esa inconfundible tonada uruguaya que no le quitaron las trece temporadas en el calcio. Los mosquitos lo taladran mientras está sentado en la tribuna del estadio del ex Real Arroyo Seco, donde se entrena su Central , pero nada lo distrae de la charla con LA NACION. "La gente me habla del clásico, el clásico, el clásico.", martilla tres veces con entusiasmo un hombre diplomado en epopeyas. "Y más en este caso; como ellos están bien, hablan de tratar de arruinarles la fiesta... Pero todos, ¿eh? Mujeres, hombres, niños... Ves en la rambla a todo el mundo corriendo con la camiseta puesta. Me dicen que es único, que ni el Boca-River se le parece...", agrega, y así va sumergiéndose en una atmósfera que protagonizará por primera vez mañana en el Parque de la Independencia.

Algo más de 5000 habitantes comparten el latido de Acebal, a 36 kilómetros de Rosario. Todos saben donde vive Diego Osella, el entrenador de Newell's que a diario recorre la distancia entre el complejo Bella Vista y su lugar en el mundo. Se deja atrapar por ese entorno chacarero y conversa por teléfono con la nacion. "No firmo salir campeón sin ganar el clásico", advierte para que se entienda qué dimensión le da al duelo de la ciudad. "Es lo que siento. Y si lo ganamos, seguro que vamos a pelear por el campeonato. La historia de este club dice eso". Osella conoce bien el clásico rosarino. Creció en su microclima. Lo jugó cuando era zaguero central. Lo protagonizó como entrenador, también. Es más: con él en el banco, Newell's cortó en octubre pasado la racha de diez partidos -cinco derrotas y cinco empates- y ocho años sin victorias.

Montero y Osella, un duelo de extremos en el plano de la pertenencia. Un outsider del clásico y un viejo zorro, pero ambos con reconocible vena competitiva. Viscerales, apasionados. "Yo no quiero que la gente de Central me quiera por hablar mal de Newell's. Ésa la tengo reclara. Mi máximo respeto, si a mí no me hicieron nada. Eso sí, es como si hoy me cruzara con un hincha de Nacional: yo quiero ganarle a cualquier cosa porque es lindo ser ganador de clásicos, es un orgullo", advierte Montero, de 45 años, que llegó a Arroyito a principios de año. "Estos partidos son muy especiales. Se ganan, no importa cómo. Se vuelve relativo el análisis: hay que ganarlos y punto. Son partidos cerrados, efervescentes y disputados", agrega Osella, de 46, que en febrero de 2016 volvió al club en el que había debutado como futbolista en 1993.

El último clásico, en octubre, tuvo un desenlace infartante. Un gol de Maxi Rodríguez cuando se jugaba tiempo adicional le permitió ganar a Newell's. Vaya si Osella distinguió ese triunfo: "Es el más importante de mi carrera como director técnico. Por el sentimiento que tengo por la institución y lo que significa ganar en su cancha", explicó entonces. Antes, en abril de 2016, en el primer clásico de Osella como entrenador, habían empatado 0-0 en el Parque. Sirvió como un respiro, porque Central llegaba con cinco victorias en los últimos seis enfrentamientos...

Montero recuerda que le ha ido bien en los clásicos. En los pocos que jugó entre su Peñarol y Nacional, y las muchas veces que se cruzaron su Juventus y los Milan de Sacchi, Capello, Zaccheroni, Cesare Maldini y Ancelotti... Porque para él, el derbi no era con Torino ni con Internazionale. Sólo Milan. Alojado en la zona de Puerto Norte, con su incondicional amigo y compatriota Richard "Chengue" Morales como ayudante de campo, Paolo decodificó que este cruce es muy particular. Un cóctel seductor y explosivo, con un marco inigualable y ribetes irracionales. Él encuentra la manera de resumir sus sensaciones: "Acá estamos como en Sudáfrica con los blancos y los negros: ni podés cruzarte de cuadra en el barrio porque te pelean". Y adelanta la fórmula: "Estos partidos se ganan con el hambre y el espíritu. Un clásico puede decidir muchas cosas, hasta la continuidad de un técnico".

"Es un clásico. Para mí son 90 minutos de furia que se tiene que jugar con mucha tensión, mucha intensidad", adelanta Osella. Conoce de chicanas, tanto que, todavía exultante después del último éxito, le apuntó al entonces entrenador canalla, Chacho Coudet. "¿Se recibió de técnico con este triunfo, como dijo alguna vez Coudet?", le preguntaron. "Eso es para la gilada, puro humo. Yo me recibí en Instituto en 2002", disparó Osella. Para Montero, medido y amable, no hay polémicas: "Yo quiero que la gente de Central me quiera por cómo se le ganó a Gimnasia, por ejemplo. Porque somos un equipo guerrero, que mete; quiero que la gente se identifique con un equipo que va a dar hasta la última gota". E invita a creer.

"Esta semana voy viviendo lo que me contaron que se vive por el clásico en Rosario. Pero que les falta un caramelo, te lo aseguro", bromea Montero y a la vez asume su estado bautismal. Osella debutó en primera ante... Rosario Central. Fue el 27 de junio de 1993, por la Copa Centenario, y ganó Newell's por 2 a 0 en el Parque. Su segundo encuentro fue una semana después..., la revancha con Central. En Arroyito, y se impuso Newell's por 1 a 0. Sólo tres partidos más jugaría; el último, con Scoponi, Llop, Martino, Berti y Gabrich en el equipo.

Rosario Central y Newell's, Montero y Osella. Extremos de una pasión que desprecia la indiferencia.

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