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Popovich: un entrenador que ve lo que nadie y pule talentos para el éxito

Explota a los descartados, extranjeros y debutantes que otros no valoran para hacer de San Antonio el mejor equipo de los últimos 20 años; desde mañana, Spurs vs. Warriors, final del Oeste

Sábado 13 de mayo de 2017
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PARA LA NACION
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Harden y Popovich
Harden y Popovich. Foto: Archivo

SAN ANTONIO, Estados Unidos.- Gregg Popovich , el hombre fundamental junto al general manager R. C. Buford en la construcción de una franquicia que desde mañana jugará su décima final de conferencia de NBA en los últimos 20 años, sería el ejemplo perfecto de darwinismo deportivo: la supervivencia del más apto, de aquél que tiene la mayor capacidad de adaptarse a diferentes situaciones para sobrevivir, o en este caso, más bien, para triunfar.

El éxito de anteanoche de San Antonio Spurs fue la enésima muestra del intelecto de un entrenador que ha derrotado a todos los equipos del Oeste en los playoffs.

Sin Kawhi Leonard, Spurs apabulló a Houston Rockets como visitante con un 114-75, esta vez con un discreto aporte de Manu Ginóbili (2 puntos, 3 rebotes, 4 asistencias), y selló con un 4-2 en la serie su clasificación para la final de su conferencia, en la que a partir de mañana a las 16.30 se enfrentará con Golden State Warriors.

La victoria fue una hazaña: es difícil replicar la contundencia con la que San Antonio se deshizo de uno de los mejores conjuntos de la temporada, sin su máxima estrella, Leonard, ni su base titular, Tony Parker, en la primera temporada posterior a quedarse sin el mejor jugador de su historia y líder, Tim Duncan.

Fue el triunfo culminante, tal vez el más impactante, de una filosofía: Popovich ha apostado eternamente por extranjeros, descartes y rookies (jugadores de primera temporada). Con Ginóbili como único nexo actual entre el glorioso pasado y el presente -lastimado Parker-, los outsiders fueron los artífices de un sexto partido, un cuarto triunfo, memorable.

LaMarcus Aldridge: tras nueve años como líder ofensivo de Portland Trail Blazers, el ala-pivote firmó en julio de 2015 un contrato por cuatro años y 84 millones de dólares. Llegó como el segundo elemento para la reconstrucción de una franquicia que vivía la última temporada de Duncan. Le costó encontrar su lugar. Sumó críticas en los playoffs y este año, como el integrante mejor pago del plantel, recopiló varias frente a Memphis y en los primeros partidos con Houston. Sin embargo, reapareció tras la lesión de Parker y fue implacable en el sexto encuentro: anotó 34 puntos, su máximo en la temporada, con una efectividad de 61,5% en tiros.

Danny Green: es uno de los jugadores más subestimados de la liga y uno de los mejores defensores. Su nivel en estos playoffs ha crecido exponencialmente, no sólo porque su aporte fue decisivo en ambas mitades del parquet, sino también porque ha mostrado carácter en los momentos clave. Su actuación en el suplementario del quinto capítulo ante Houston fue espectacular. Hace siete años y con apenas 20 juegos con la camiseta de Cleveland Cavaliers, Green no parecía tener un lugar en la NBA, hasta que San Antonio lo rescató.

Pau Gasol: el español supo ser una estrella en su etapa de Los Angeles Lakers, pero terminó yéndose por la puerta de atrás. Casi como un exiliado, llegó a Chicago Bulls, otra organización sin rumbo, en la que Gasol jugó apenas dos años. Como agente libre y lejos de sus días más brillantes, fue reclutado por San Antonio para esta temporada y, tras una lesión en la etapa regular, el español entregó respuestas en los playoffs.

Jonathon Simmons: la historia más impactante de este plantel. No fue elegido por ninguna franquicia cuando se postuló para el draft de 2012 y jugaba en una liga hoy extinta. En 2013 pagó 150 dólares para acceder a una prueba en Austin Spurs, el conjunto de la Liga de Desarrollo. Quedó, rindió y llegó a San Antonio en 2015. Dos años después fue claves contra un Rockets que no logró descifrar su juego atlético, explosivo y dotado de coraje. En Houston, su ciudad natal, maravilló con sus 18 puntos. "Estoy cumpliendo el sueño que tuve toda mi vida", destacó.

Patty Mills: el australiano coqueteó con el retiro cuando en 2009, semanas luego de ser elegido por Portland, se fracturó el quinto metatarsiano derecho. Llegó a San Antonio en 2011 como suplente de Tony Parker. Por primera vez sin el francés en un partido de playoffs, San Antonio necesitaba su consolidación, y Mills respondió.

David Lee: fue la víctima de la irrupción de Draymond Green en Golden State. Era importante en aquel equipo, pero cuando el DT Steve Kerr encontró que con Green como interno y Andre Iguodala en el perímetro era casi invencible, Lee dejó de jugar. Campeón en Golden State, partió rumbo a Boston y luego a Dallas. No rindió. Y Popovich fue al rescate. Si bien no tuvo una buena serie frente a Houston, Lee ya es un baluarte de la segunda unidad.

Kyle Anderson: se esperaba de él más que lo que entregó hasta ahora, pero en el sexto juego dio el presente aportando en todos los rubros. Es alto y versátil.

Dejounte Murray: fue elegido en la 29ª posición del último draft. Un joven base de mucho potencial que atraviesa una temporada de aprendizaje. Pero la lesión del francés lo obligó a tomar mayor protagonismo y, tras los nervios del debut, Murray mostró su repertorio sazonado con temple y atrevimiento.

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