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Resentimientos familiares en manos de dos socios artísticos

Julio Chávez y Adrián Suar, unidos sobre el escenario de El Nacional, en la comedia dramática Un rato con él, en la que encarnan a dos hermanos que se disputan una herencia familiar

Domingo 14 de mayo de 2017
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LA NACION
Julio Chávez y Adrián Suar, en El Nacional
Julio Chávez y Adrián Suar, en El Nacional. Foto: Patricio Pidal / AFV

Terminado el ensayo, Julio Chávez y Adrián Suar charlan. No importa de qué hablan, lo que interesa es la complicidad que se adivina en el intercambio. El acuerdo y la risa se construyeron con el tiempo, con el trabajo compartido cuando uno, Suar, como productor, convocó al otro, Chávez, a que protagonizara algunas de las ficciones más recordadas de Pol-ka. Y con esas experiencias surgió una pregunta, una idea: hacer algo juntos como actores. Ese algo resultó en Un rato con él, la obra que estrenarán el viernes en El Nacional, escrita por Chávez y Camila Mansilla, dirigida por Daniel Barone y producida por Suar y Nacho Laviaguerre.

-¿Cómo pasaron de las ganas de compartir escenario a esta obra escrita especialmente para concretar ese deseo?

Chávez: -Hubo una búsqueda originada por el afecto que empezó con un: "Qué lindo sería hacer algo juntos". Los productores pusieron eso en acción y salieron en busca de un texto que pudiese avenirse a los dos. Como ese material no apareció, surgió la idea de trabajar con autores locales y de ahí llegamos a la conclusión de que podíamos construirnos algo propio. Nos juntamos Adrián y yo para pensar qué queríamos contar nosotros. Como estoy en muy buen estado no puedo hacer de padre de él todavía. Aunque podría ser mi hijo.

Suar: (Primero se ríe, después contesta. Modus operandi de toda la entrevista) -Me encantaría.

Chávez: -Decidimos que podíamos ser hermanos (continúa mientras espía por el rabillo del ojo las caras que podría estar haciendo su compañero de elenco y productor. Apenas aguantando la carcajada. Aunque siga hablando muy en serio.) Y a partir de estos dos hermanos apareció la idea de la herencia del padre que tienen que repartir y todo lo demás que necesitábamos para armar el argumento. La invité a Camila Mansilla a acompañarme para construir este material y una vez que hicimos parte del primer acto se lo pasamos a Adrián por dos motivos: primero porque es el compañero con el que iba a trabajar y segundo porque es el productor. Perdón, vamos a invertir el orden. Primero porque es el productor y segundo porque es el compañero con el que lo iba a protagonizar. Y como amigo en tercer lugar.

Suar: -Vos sabés que me doy cuenta de que si no era productor no me lo iba a mostrar.

Chávez: -Él y Nacho nos dieron el okey y se construyó Un rato con él. Éste es un material muy abierto, como todos en realidad porque aunque el autor se ponga muy cerrado en cuanto se pasa al escenario eso se empieza a abrir y ni hablemos cuando lo ve el espectador. Este texto está vivo porque los autores están presentes, porque el productor está presente, los actores y el director también. Es un material que intenta ser respetuosamente cómodo.

-¿Cómodo?

Chávez: -En el sentido en que es absolutamente maleable a las necesidades de los actores y la producción; y en presencia del autor. Que no es una situación fácil.

Suar: -El universo teatral tiene reglas distintas al cinematográfico y al televisivo, es otro proceso. Entonces más allá de lo que dice Julio sobre las veces que nos juntamos para empezar a trabajar ese mundo de estos hermanos, lo cierto es que después viene la instancia más real que es sentar el culo en la silla para escribir. ¿Te parece bien esa figura del lenguaje que utilicé, Julio?

Chávez: -Por suerte la escribí yo la obra. (Risas)

Suar: -La verdad es que cuando apareció ese primer acto estábamos cerca de lo que queríamos. A mí me gustaba mucho la idea de juntarme con Julio, de hacer un espectáculo con él. Me pasaba con esta dupla un poco lo que le pasa a la gente. Surge la curiosidad: "¿Qué van a hacer juntos sobre el escenario?" Después hay que estar a la altura de esa incógnita. En ese sentido, tanto Julio como yo tratamos de ser honestos con un material que nos represente y fundamentalmente que sea bueno.

Chávez: -Se trata de pensar en nosotros como intérpretes, en el público y en el lugar dónde se hará la puesta. Hacerla en una sala como El Nacional es una apuesta fuerte. Como lo comprendo y vivo, creo que el teatro puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar. No soy una persona que crea en los templos artísticos. Un hecho teatral es algo vivo, entretenido, que se puede producir en cualquier circunstancia, no me gusta sentenciar que acá hay arte y acá no lo hay.

-Se suele separar y diferenciar a los proyectos artísticos de los comerciales.

Chávez: -No es mi punto de vista. Nunca lo ha sido y he tenido experiencias extraordinarias producto de no creer en esa separación.

Suar: -Ésta es una experiencia muy especial. En lo personal tomar El Nacional con Nacho y Diego Romay (a partir de ahora el trío se encargará del desarrollo de nuevos proyectos en la histórica sala) y hacer la primera puesta con un autor nacional y dos actores nacionales de protagonistas es algo que me representa. No porque el teatro de la calle Corrientes se tenga que hacer necesariamente con autores nacionales. Pero sí hay algo de lo que estaba casi seguro y lo confirmo ahora con el texto de Julio y Camila. Hay materiales que vienen de afuera que son muy buenos y otros que no son tan buenos, pero cuando le ponemos el nombre "John Carr" (imagínese pronunciación exagerada del inglés para marcar las pretensiones de algunos) pasan por serlo. En este caso, lo que estamos trabajando con Julio es una comedia dramática con un tema tan cercano como es el de dos hermanos a los que les toca dividir los bienes que les dejó el padre. No se criaron juntos, son hijos de madres distintas y tienen construido un lazo desde ese lugar y con la influencia del padre que los marcó. Es un material muy noble, que genera una identificación enorme con el espectador. Eso de la división de bienes le pasa a todo el mundo, puede que tengas para repartir una mesa o...

Chávez: -Una productora.

Suar: -Exactamente. Eso era lo que no quería decir.

Chávez: -Quería ver qué más decías además de una mesa o una silla. Vos tenés más para repartir, dejate de joder. (Risas)

Suar: -Esta obra me hace muy feliz porque me gusta de lo que habla, es muy cercano para el que venga a verla y me encanta subirme al escenario con Julio. Mis amigos me dicen: "¿Vas con Julio? Te recibiste, Chueco".

-¿Te pone nervioso?

Suar: -Muy nervioso. Porque siento que me da una posibilidad como actor, me obliga a estar a la altura. Yo lo veo en los ensayos que me mide, me mira. Se trata de jugar un partido con un gran tenista, un alta gama que me mejora. Creo que la dupla funciona, veremos lo que dice la gente, pero me parece que es intrigante. Se trata de ver cómo funciona nuestra química. Además como lo quiero mucho y lo considero mi amigo siento que hacer esta obra con él será una experiencia para mi vida profesional de las que seguramente anotaré. ¿Qué anotaré, Julio?

Chávez: -Te voy a decir que esto me suena un poco a que me queda poco de vida. "Te recordaré con mucho cariño". ¿Se puede ser más yegua?

Suar: -No es así, no es así. No lo dije así. (Grita y al mismo tiempo se ríe Suar)

Chávez: -Yo estuve muchos años alejado de la televisión, muchos años sin sentir que ése fuera un espacio para desarrollarme. Y le tengo mucha gratitud a Adrián porque me probó que no era así. En principio eso fue lo que me unió a él y eso generó un afecto personal muy grande. Todo lo otro que dice sobre la jerarquía y la alta gama... parece que está hablando de un dúplex en Avenida del Libertador o de un Mercedes Benz.

-¿Quiénes son estos dos hermanos, Gregorio y Darío?

Chávez: -Nuestro material tiene que ver con las historias que construyen identidad. Yo tengo una hermana y si ella cuenta lo que pasó en nuestra infancia va a sonar que nacimos en lugares distintos. Porque a veces no entiendo muy bien el paisaje emocional del que habla. Y viceversa. Esta obra plantea ese día en que estos dos seres pueden ponerse un poco a tiro en eso y cuestionar esa manera que tuvieron de armar su relación.

-¿Dónde está parado cada uno de ellos?

Chávez: -Para uno de los hermanos se trata de cuestiones materiales y para el otro es un encuentro afectivo. A Gregorio, mi personaje, la vida le dio lo material y por eso encuentra en él, en Darío, el hermano menor, el espacio de lo afectivo. Y Darío en mi casa, con mis cosas, en mi historia, se acerca a lo afectivo también porque él entiende que también merecería, por sentir lo que siente, tener lo que tiene Gregorio.

-Esos encuentros suelen venir acompañados de cierto resentimiento.

Chávez: -No sé por qué decís "cierto". Hay mucho resentimiento.

-A veces las personas se sobreponen a esos sentimientos.

Chávez: -Entonces no existiría el teatro.

-¿Y con todos esos sentimientos tan densos cómo se hace una comedia?

Suar: -No sé si es una comedia. Por momentos el humor tiene que ver con cómo se relacionan estos dos tipos. Hay características de los personajes que seguramente generarán risas. Me parece que la gente se va a encontrar con algo novedoso. Porque si bien tiene elementos que tiran para la comedia lo cierto es que ésa es una buena trampa que tiene el espectáculo. Porque una vez que te bajó la guardia con esos momentos se mete en una zona afectiva, emocional, de vínculo, identificación y de una sensibilidad enorme. Toca una tecla que nos conmueve a todos. Hay pasajes para ver como un gran actor como Julio, con toda su capacidad, puede lograr emocionarte. Cada vez que llega el final me hace llorar. Además hay cosas muy particulares de la relación entre hermanos que suceden y son muy graciosas en sí mismas.

Chávez: -Se trata de la mirada también. Un vínculo puede ser trágico, tener humor o ser insoportable, todo depende de cómo se lo observa. Tanto Adrián como yo tenemos humor y le tememos un poco a la solemnidad también. Entonces el material nos expresa en eso, y también en que son cosas que queremos decir. Con el humor le pedimos permiso al otro para entrar en cuestiones que queremos contar. Es como cuando uno mira a los animales en el zoológico, primero te reís de sus monerías y después le encontrás el parecido con nosotros. "Mirá vos, parece el tío Pepe". Eso les va a pasar con Adrián, no conmigo, por supuesto. (Risas)

-Trabajaron mucho como actor y productor, y ahora mismo preparan el nuevo unitario de Pol-ka, El maestro. Es una dinámica muy distinta de ser compañeros de elenco. ¿Cómo funciona eso?

Chávez: -Para mi ideología, Adrián es un compañero ideal. No es vueltero, no le escapa a la dificultad, no utiliza la intelectualidad para defenderse, piensa, comprende, media muy bien entre su productor y su actor, es sensible y me reconozco en su vulnerabilidad y en su temor también. Me parecen condiciones óptimas para el trabajo. Es serio. Se ve que ha tenido muchos hermanos porque, además, sabe compartir.

Suar: -El material tiene que tener vida, de eso nos encargamos arriba del escenario. El productor queda afuera porque tengo que estar muy concentrado en los ensayos, para actuar. Se trata de ponerle música al texto. En eso estamos. Lo estamos buscando. Tener al autor que es intérprete es un hecho peculiar porque hay cosas que se terminan de afinar cuando escucha la melodía del otro. Se trata de encontrar la sintonía de cómo respira este espectáculo, nos empezamos a acercar a dos hermanos que se parecen a gente que todos conocemos. Los problemas de la obra son problemas universales. No es careta. Es inteligente, no quiere aparentar. No busca que te quedes dudando sobre lo que te quiso decir.

Chávez: -Es eso justamente. Yo lo encuentro un espectáculo blanco, sin artilugios. Es un cuentito, no tiene complejidad en ese sentido. Porque yo no la tengo como autor y, por el contrario, me gusta el teatro que muestra problemas de las personas, donde se reconozca lo que le pasa a esos seres y no la pretensión o la inteligencia del autor. Por suerte, con Camila y gracias al cuento que hemos construido con Adrián siento que este material nos representa.

El director amigo

No debe ser tarea fácil dirigir una obra escrita por su protagonista. Tampoco parece sencillo hacerlo cuando el productor del espectáculo también está arriba del escenario. Sin embargo, para Daniel Barone la experiencia de compartir este proyecto con Chávez y Suar es placentera. Donde otro director más melindroso encontraría conflicto él descubre "motivos para tirar todos del mismo lado".

Su tarea, dice, es la de lograr transmitir la enorme química entre sus protagonistas a los espectadores. "Se trata de llevar adelante esta comedia intimista, con momentos explosivos y espacios para el drama y ponerla al servicio de los dos actores principales a los que acompañan Manuela Pal, Marcelo D'Andrea y Francisco Lumerman, como los profesionales que intentarán poner orden en la compleja relación de los hermanos", explica el director que trabajó muchas veces con Chávez y Suar tanto en TV como en cine y teatro, pero nunca con los dos juntos como actores.

"El público verá dos versiones fantásticas de cada uno de ellos. Tal vez alguno se sorprenda por el tono lúdico del relato y por descubrir al humorista que Julio puede ser cuando se lo suele reconocer más por su conocimiento y talento para la interpretación dramática", concluye Barone.

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