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El caso de Cata: su ortorexia fue parte de un cuadro más complejo

A los 12 años empezó con un trastorno obsesivo compulsivo, que se trasladó a la comida

Lunes 15 de mayo de 2017
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En algunos casos, como el de Catalina, la anorexia puede ser una consecuencia de otro cuadro más importante, como un trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Después de las vacaciones de 2014, sus padres empezaron a notar algunas conductas repetitivas en su hija, que en ese entonces tenía 12 años. "Se bañaba siempre a la misma hora, estaba muy pendiente de la hora en la que se comía y se dormía, chequeaba la puerta y las ventanas tres veces para ver si estaban cerradas", dice Marcelo, su padre.

Una psicóloga le confirmó que Cata tenía un principio de TOC y empezó una terapia cognitiva. "Eso más o menos se empezó a solucionar. El tema en estos casos es que cambian una obsesión por otra. Todo esto fue acompañado por una obsesión por el estudio, llevaba libros que no necesitaba al colegio. Las amigas la empezaron a ver como rara, y antes era superpopular en el colegio, porque es muy creativa e inteligente. Pero le empezó a molestar el tema de los horarios, tener que cortar sus rutinas", agrega Marcelo.

Al tiempo empezamos a notar que restringía lo que comía y una fuerte obsesión por lo sano, trastorno que recibe el nombre de ortorexia. "No comía más chocolates, helados, golosinas ni comidas rápidas. Combinaba menos cantidad de comida y sólo sana, con un exceso de actividad física. Cualquier cosa que implicara moverse, ella se prendía porque quería quemar calorías", recuerda su padre.

Cata siempre fue una chica de contextura normal, tirando a flaca. De pronto empezó a adelgazar mucho, estaba muy débil, tenía los hombros muy huesudos y se le notaban las costillas.

"Enseguida arrancó con una psiquiatra, una nutricionista y una endocrinóloga. Acá se nos escapó la tortuga porque pasan por lo menos cuatro meses hasta que te das cuenta", explica Marcelo.

Hoy Cata tiene 15 años, todavía no se desarrolló, pero está en un proceso de recuperación. "Por suerte no hizo falta ponerle sonda. Empezó a comer con más calorías, a hacer la dieta que le daba la nutricionista y levantó peso. Eso mejoró y ahora está bien", cuenta.

Sin embargo, si bien come más variado, todavía no come cualquier cosa. Sus padres, que la acompañan en todo su proceso, señalan que sigue siendo una chica muy esquemática, aplicada con el colegio y que se acuesta todos los días a las 9 de la noche, incluso los fines de semana. "No consigo que se quede mirando una película conmigo hasta la medianoche. Y se levanta a las 8 de la mañana del domingo para ponerse a estudiar. Eso la ha dejado un poco sola", dice Marcelo preocupado.

A otros padres, Marcelo les sugiere que traten de estar el mayor tiempo posible con sus hijos y tener las comidas en familia. "Sólo así podés ver qué comen y hablar de determinados temas. Sobre todo en esta edad en que las chicas están muy expuestas a la presión social", advierte.

Teria: un nuevo trastorno

Algunos niños o adolescentes extremadamente selectivos con la comida pueden estar padeciendo de un trastorno alimentario a pesar de que no presenten insatisfacción con su imagen corporal o miedo a engordar.

Son los que tienen conductas como el ser muy selectivos con algunos grupos de alimentos. Quienes padecen el trastorno por evitación/restricción de la ingestión de alimentos (Teria) tienen una alteración en la alimentación que les impide mantener un peso adecuado o un cuerpo nutrido, pero no reúnen los criterios de anorexia o una bulimia.

Son chicos que evitan ciertas comidas por su gusto, olor, textura o apariencia. Un niño puede desarrollar miedo a atragantarse o a vomitar en algún momento de su vida por haber estado expuesto a una situación de atragantamiento en un tercero o él mismo pudo haberlo padecido. Esto puede generar miedo a exponerse a la misma situación y hace que comience a restringir alimentos sólidos.

Otra situación es la de algunos niños que presentan una alta sensibilidad sensorial, y esto se expresa en la intolerancia a ciertas texturas u olores.

Esta patología puede traer graves cuadros de desnutrición o malnutrición y problemas severos psicosociales como el aislamiento.

Es difícil hacer el diagnóstico diferencial entre un chico selectivo con la comida y un chico que sufre de un Teria. En muchos casos, este es el primer camino que inician los niños que en un futuro podrían desarrollar un trastorno alimentario.

Por eso, los especialistas señalan que ante cualquier modificación importante en la alimentación del chico o un notable descenso de peso, consulten con el pediatra o médico familiar.

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