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La historia comenzó a cambiar en 2014: Gallardo como respuesta a todo

La columna de Juan Pablo Varsky

PARA LA NACION
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Juan Pablo Varsky
Lunes 15 de mayo de 2017 • 13:55
La explosión final de Gallardo: River ganó en la Bombonera por primera vez con él como entrenador
La explosión final de Gallardo: River ganó en la Bombonera por primera vez con él como entrenador. Foto: LA NACION
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La historia comenzó a cambiar con los sucesos de 2014. En la Bombonera, Ramiro Funes Mori se elevó tras el (no fue) córner y relanzó su carrera. El mismo día en que Román jugó su ultimo clásico. La colgó del ángulo y se fue. En agosto, Daniel Angelici echó a Carlos Bianchi. En junio, Rodolfo D' Onofrio le había aceptado la renuncia a Ramón Díaz. Ambos presidentes resolvieron las respectivas sucesiones de forma similar. Contrataron entrenadores jóvenes con pasado exitoso como futbolistas de cada club: Rodolfo Arruabarrena en Boca y Marcelo Gallardo en River. Se enfrentaron en el Monumental con furiosa lluvia. En la zona del cómo sea, Muñeco mandó al central Pezzella de nueve. Vasco no metió al central Chiqui Perez, listo para entrar. Gol de Pezzella. Empate 1-1. El entrenador de River mostraba su intuición para tomar esas decisiones tan influyentes. Luego llegaron los duelos por las semifinales de la Sudamericana. River raspó, cortó circuitos, tapó líneas de pase. Le negó a Boca la chance del juego abierto. Tras el penal de Rojas a Meli, Barovero se recibió de prócer y Gigliotti debió irse a China. Pisculichi hizo el gol de su vida. River ganó su primer titulo internacional desde 1997. Seis meses después los reunió la Libertadores. Boca se floreaba y River sufría. El papelón del gas pimienta cubrió la incapacidad xeneize para desactivar la presión y el juego físico de su adversario. River levantó la Copa Libertadores. Volvió Carlos Tevez. Su doblete nacional de Copa y campeonato a fin de 2015 no alcanzó para nivelar el año.


Desde aquel 2014, River es un equipo que sabe competir aun jugando mal
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Desde aquel 2014, River es un equipo que sabe competir aun jugando mal. Cuesta encontrarle buenos partidos en 2016. Tampoco el segundo semestre de 2015 había sido una maravilla. El campeón de América se estaba desmembrando. Rojas, Sánchez, Kranevitter, Teo, Vangioni, Funes Mori, Cavenaghi, Barovero, Mercado fueron dejando el club. Alario fue una perla y hay otros plenos como Nacho Fernandez; pero no siempre acertó en el mercado de pases. Bertolo, Viudez, Lucho González, Saviola, D' Alessandro llegaron y se fueron. Arzura, Rossi, Domingo no han movido la aguja. Por diversas razones, Mina, Lollo y Larrondo no han justificado la inversión del club. Nunca perdió ese gen competitivo con el que compensó la falta de funcionamiento. Sus líderes Maidana y Ponzio sustentaron los sucesivos armados de nuevos equipos. En modo camaleón, el entrenador se adaptó a los contextos: actualidad de sus jugadores, fortalezas y debilidades del rival, dinámica del calendario. Puede sacar un álbum doble con sus grandes éxitos. La confianza a Driussi. El respaldo a Martínez. La promoción de Martínez Quarta. La entrada de Alonso en la final de la Copa Argentina ante Central. Gallardo como respuesta a todo.


Desde aquel 2014, Boca es un equipo que sólo sabe ganar si impone su plan de juego abierto
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Desde aquel 2014, Boca es un equipo que sólo sabe ganar si impone su plan de juego abierto. Hay más continuidad que ruptura entre Arruabarrena y Guillermo, incluso en el armado de los planteles. Si el rival le permite desplegar su estilo, todo será una fiesta. Gago dictará el tempo. Los laterales dejarán un surco. Los medios darán el último pase. Los delanteros harán muchos goles. También se repite la debilidad "institucional": no ajusta cuando el rival lo incomoda. No esconde sus defectos ante la adversidad. La serie ante Independiente del Valle por la Libertadores o el duelo contra Central por la Copa Argentina pasada retratan este problema que el River de Gallardo le ha generado. No se adapta a los contextos. Cuando lo dejan jugar a Gago, el equipo brilla. Cuando lo marcan, no hay alternativas. A Boca le cuesta competir cuando el partido no responde a su guión deseado. Ha ganado muy pocos partidos de trámite cerrado. No aparecen líderes para esos momentos de tensión en los que hay que saber sufrir. En los mercados de pases, Boca ha revoleado dinero sin atender a las necesidades del equipo, sobre todo en defensa. Los técnicos tampoco han mostrado ese don para intervenir durante el juego. El ingreso de Bou por Centurión tras el golazo de Pity pareció una decisión emocional y partió más al equipo.

Boca depende de sí mismo para salir campeón. Deberá mostrar carácter y juego en esta carrera ahora numerosa. River se sumó en la recta final. Es peligroso. Funciona y compite, como en 2014.

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