Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Cinco cosas que no sabías de Stanley Kubrick

Con motivo del reestreno de 2001: odisea del espacio, repasamos algunas perlitas del mítico realizador

Viernes 19 de mayo de 2017 • 00:53
SEGUIR
LA NACION
0

Mucho se ha dicho y se seguirá diciendo sobre Stanley Kubrick. Al director de obras maestras como The Killing, Senderos de gloria, Dr. Insólito y La naranja mecánica lo han tildado de frío, calculador, nihilista, ermitaño y temperamental, e incluso se han aplicado esos adjetivos a su fascinante obra. Sin embargo, al cineasta lo rodearon más mitos que verdades y hoy, en el marco del reestreno de 2001: odisea del espacio, intentamos bucear en las dicotomías de un hombre que era mucho más sentimental y cándido de lo que dejaba entrever.

*1. SACÓ DE LAS SALAS SU PROPIA PELÍCULA

Junto a Malcolm McDowell en el rodaje de La naranja mecánica
Junto a Malcolm McDowell en el rodaje de La naranja mecánica. Foto: Archivo

"Mantener cautivo a un hombre no es redimirlo", decía Stanley Kubrick al momento de explicar los motivos por los cuales el tratamiento Ludovico que se le aplica a Alex DeLarge (Malcolm McDowell) en La naranja mecánica (1971) no sólo estaba destinado a fracasar sino que además era contraproducente. "¡Oh, sí, estaba curado!", dice el joven sobre el final del film, un desenlace mucho más realista que el que plantea Anthony Burgess en su novela homónima. La violencia de los actos de Alex y su banda de droogs impactaron tanto en los espectadores al momento del estreno del largometraje, que tiempo después Kubrick decidió sacar a su propia obra maestra de circulación de los cines británicos, algo impensado en este presente en el que los directores se ven supeditados a los negocios de los estudios.

"Nos amenazaban de muerte, se nos aparecía gente en nuestra casa", contó Christiane, la esposa del realizador, cuando fue consultada por las razones que llevaron a Kubrick a prohibir - hasta el año de su muerte - que la audiencia británica acceda a su film. El poder del director estaba estrechamente ligado a la excelente relación que mantenía con el estudio Warner Bros.

*2. CUANDO GOLPEABAN SU PUERTA...

Con su esposa Christiane Kubrick
Con su esposa Christiane Kubrick. Foto: Archivo

Luego del estreno de la película bélica Nacido para matar en 1987, Kubrick decidió recluirse por más de diez años en su casa de Hertfordshire, Inglaterra, disfrutando de la compañía de su mujer y de sus tres hijas, Vivian, Anya y Katharina. De hecho, cuando Christiane habló sobre el mote de misógino que ocasionalmente se le adjudicaba a Stanley, la artista fue contundente: "Vivía rodeado de mujeres, por lo cual nunca voy a entender por qué se infería eso", explicó la esposa del director. En esa casa enorme e idílica, Kubrick pasó una década sin dar entrevistas ni mostrarse ante la prensa. De hecho, cuando algunos periodistas golpeaban su puerta, el propio cineasta se hacía pasar por otra persona: "No, Stanley no vive acá", solía decirles.

Curiosamente, un hombre llamado Alan Conway aprovechó la naturaleza reclusa de Stanley y se hacía pasar por él en los noventa, poco antes del estreno de Ojos bien cerrados (1999), para acceder a ciertas fiestas y otros beneficios. La comedia de Brian W. Cook Colour Me Kubrick (2005) retrata la increíble historia de Conway, con John Malkovich como protagonista.

*3. NAPOLEÓN Y ARYAN PAPERS, LAS PELÍCULAS QUE NO FUERON

Napoleón y el rodaje que quedó trunco
Napoleón y el rodaje que quedó trunco. Foto: Archivo

No es extraño que Kubrick se haya sentido atraído por la figura de Napoleón Bonaparte. A fin de cuentas, su filmografía tiene como columna vertebral la complejidad del hombre, la duplicidad, el contraste entre pensamiento y acción (Ojos bien cerrados), fantasía y realidad (El resplandor), restricción y libre albedrío (La naranja mecánica) y otros binomios. Sin embargo, independientemente de sus años de investigación y obsesión con Napoleón, su biopic no obtuvo luz verde para ser filmada por el estreno fallido de Waterloo (1970) de Sergei Bondarchuk, que al no funcionar en taquilla incidió directamente en el interés por el proyecto de Kubrick.

Algo similar sucedió con Aryan Papers, una película sobre el holocausto que iba a ser rodada en simultáneo al estreno de La lista de Schindler (1993), el film de Steven Spielberg que terminó acaparando toda la atención. De hecho, el director convocaría a Spielberg años después para que finalice otro de sus ambiciosos proyectos, A.I.: Inteligencia Artificial (2001), película que Stanley no pudo filmar por no contar con la tecnología necesaria para hacerlo.

*4. MANTENÍA DISTANCIA CON LOS AUTORES

Si bien Vladimir Nabokov adaptó su propia novela, Kubrick no tuvo demasiado contacto con él durante el rodaje de Lolita
Si bien Vladimir Nabokov adaptó su propia novela, Kubrick no tuvo demasiado contacto con él durante el rodaje de Lolita. Foto: Archivo

"Es como un auto muy bello, pero con un motor que no funciona", supo decir Stephen King de la adaptación que hizo Kubrick con Diane Johnson de su obra El resplandor (1980). Esa frase representa tanto el descontento del autor por la traspolación de su novela como la falta de comunicación que había entre el director y los referentes literarios que lo inspiraban. Otro ejemplo de ésto fue su vínculo con Vladimir Nabokov, a quien convocó en 1962 para que adapte su propia novela (la extraordinaria Lolita), pero con quien sólo mantuvo intercambios epistolares. Con King, por su parte, no hubo contacto y el autor posteriormente le criticó a Stanley la forma en la que abordó el personaje de Jack Torrance, sin progresión en su descenso a la locura. La decisión tenía poco de arbitraria: a Kubrick no le interesaba que sus personajes generen empatía.

Por otro lado, con Burgess también hubo una distancia prudencial, aunque lo invitó a una proyección privada de La naranja mecánica en Londres. "Kubrick no quería que interfiriese con su película o que éste opine sobre cómo había que filmarla", recordó McDowell. Sin embargo, Stanley sentía un gran aprecio por Burgess (quien describió a La naranja mecánica como "técnicamente brillante, relevante y provocadora") y si bien no quiso que influyera en la adaptación, sí lo convocó en 1971 para colaborar en Napoleón. Sin embargo, las ideas de Burgess no le servían a Kubrick a nivel cinematográfico, dándole así la posibilidad al autor de escribir su novela Napoleon Symphony en 1974, la cual está dedicada a Stanley.

*5. STANLEY, AMANTE DE LOS ANIMALES

Kubrick y uno de sus queridos gatos
Kubrick y uno de sus queridos gatos. Foto: Archivo

A Kubrick se lo suele acusar de misántropo. De todas formas, sus películas, aunque apocalípticas en su visión de la realidad y las relaciones, también dejaban entrever un cierto optimismo ante la posibilidad de un mundo mejor (2001: odisea del espacio y El resplandor son pruebas de esto). Así como su esposa negó que Kubrick fuera un machista que no sabía comprender el universo femenino, también hizo lo propio respecto a quienes lo tildaban de "excesivamente frío". Según Christiane, el realizador estaba muy lejos de eso y la forma en la que se conectaba con familiares, amigos y animales era sumamente cándida. "Es un mito que se aislaba, hacía arte hasta en la cocina de su casa, con su mujer y sus hijas siempre cerca", contó Johnson, co-autora del guión de El resplandor.

Kubrick pasó los últimos días de su vida rodeado de su familia y sus numerosos perros y gatos y murió mientras dormía el 7 de marzo de 1999. "Una vez un grupo de conejos accidentalmente murió en el rodaje de Nacido para matar y Stanley se puso muy mal y canceló por días el rodaje", contó Matthew Modine, uno de los protagonistas del film, sumando una anécdota más a las tantas que abundan sobre el gran Kubrick.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas