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Beatrice Inferno, la tía punk de la familia de Los Pericos

Gastón Gonçalves presenta el proyecto paralelo a la banda de toda su vida, en el que aflora su álter ego femenino y se anima a cantar

Martes 16 de mayo de 2017
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LA NACION
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-¿Cómo me queda este vestido?

-Bien.

-Dime la verdad, hijo

-¡La verdad es que no entiendo por qué te pones vestidos, papá!

Gastón Gonçalves se pone pollera para dar forma a este personaje
Gastón Gonçalves se pone pollera para dar forma a este personaje. Foto: Marcelo Gómez

El diálogo figura en el muro de la página de Facebook de Beatrice Inferno, el nuevo proyecto musical de Gastón Gonçalves, más conocido por su labor como bajista de Los Pericos, y si bien no está basado en una historia real, refleja la problemática familiar que por estos días atraviesa este músico en proceso de travestimiento performático. "Cuando subo al escenario soy Beatrice, y a veces me pongo muy verborrágico y en plan honestidad brutal y mis hijos se quieren matar, porque me paso y cuento algunas intimidades de más", dice Gonçalves en referencia a su álter ego, esa suerte de tía con remera ajustada al cuerpo y pollera tutú negra que acaba de editar su primer álbum, Morámonos todos (sic).

Una tía punk o la versión naíf musical de Violencia Rivas, según el caso. "Beatrice es un nombre de tía, la tía Betty es un ícono, y como toda tía suele ser querida, pero también puede ser una pesadilla: te puede quemar la cabeza. Se le suelta la cadena, pero también es la que te lleva al cine, te compra comida de más... Yo soy un poco así también, tengo esa alma de tía y lo sumé a esta cuestión porque quería que el proyecto tuviera una cuota teatral."

"La obsesión performática viene de niño", asegura Gonçalves, de cuando su madre lo llevaba con apenas 12 años a los míticos shows de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el Margarita Xirgu. "Aquél era otro grupo, estaban los monologuistas, Enrique Symms, el circo freak de esa stripper pintada de dorado envuelta en papel higiénico, la banda tocando. Era un desquicio total y yo en ese momento dije: «Yo quiero ser parte de esto»."

Pero a Gonçalves, más allá de haber conseguido rápidamente llamar la atención desde un escenario con su banda Los Pericos, le llevó más de treinta años conjugar la música y su pasión por lo teatral. "En los primeros shows planteaba un espectáculo en el que convivían los dos personajes. Arrancaba como Gastón y terminaba como Beatrice, en algo muy bipolar y desquiciado. Estaba bueno, pero después lo descartamos. Ésa fue la génesis del personaje, los álter ego que tengo adentro. Para mí, Beatrice es un lugar de catarsis y me divierto un montón sacando la loca que tengo adentro."

Como muchos otros proyectos musicales, Beatrice Inferno surgió de un viaje. Un viaje a Brasil, a Isla Grande, más precisamente. "Estaba en una crisis inmensa y me peleaba hasta con una baldosa. Entonces me fui de vacaciones con mis hijos, y como no había llevado ningún instrumento, en Río de Janeiro me compré un ukelele en una regalería, como para pasar el rato. El tema es que me enganché tanto con el instrumento que todos en la isla me llamaban «el loco del ukelele», y volví con más de veinte posibles canciones."

De todas formas, Morámonos todos no es un disco de solo ukelele a lo Eddie Vedder, de Pearl Jam. De regreso a Buenos Aires, el músico sumó al proyecto a Sebastián Bianchini ("es mi copiloto"), con quien terminó de plasmar la idea de los temas y juntos le dieron forma a Beatrice Inferno, una banda ecléctica, que juega en el patio del indie-folk, pero también se embarra en el lodo punk, por actitud y conciencia del "hacelo vos mismo".

"La banda tiene esa versatilidad. Puedo tocar en un barmitzvah, en un festival punk o hasta te digo que me animo en uno de folklore o en uno infantil." Así, Beatrice puede cantar con dulzura eso de "soy un ciempiés haragán, no quiero trabajar, no pienso trabajar. Cien zapatos por poner, yo me quiero matar, cien cordones por atar, no pienso ni encarar" y, poco después, con aire de vodevil sórdido, aquello de "hey, acá estoy, soy tu turbio bombeador. Hey, ya llegué, aquí estoy, te va a doler... Soy tu puto, soy tu puto, soy tu puto corazón".

"A la gente siempre le gusta comer variado, sólo hay que ofrecérselo", dice, y confiesa que su actitud punk es también la que ha signado a esta banda. "El disco no tiene un género, compongo sobre la base de un disparador y sale lo que sale. Y al mismo tiempo, en vivo es otro palo distinto, resalvaje si se quiere, que no deja de ser una mezcla de punk, new wave, folky, indie."

Gonçalves confiesa que para él sigue siendo un caradura que siempre va hacia adelante y que su profesora de canto, Mariana Bianchini (hermana de Sebastián y ex voz de Panza), logró el milagro de "sacar jugo de esta piedra". La misma Bianchini es también la responsable del arte interno del CD, con ilustraciones que representan cada una de las canciones. "Leí su libro, Informes desde Villa Estruendo, y flasheé con sus historias y sus dibujos. Ella tiene esa cosa rebartoneana muy loca y también combina como nosotros lo naíf con lo oscuro."

-Como el dibujo de la tapa del disco, con esa carita amorosa que tiene tatuada en la frente la frase "morámonos todos"...

-Tal cual. Cuando vi ese dibujo de Quincu [Constanza Scutella], hace muchos años, cuando ni siquiera tenía pensado tener un proyecto así, le dije que en el momento en que tuviera un disco ésa iba a ser la imagen de tapa. De algún modo me apropié de esa frase, que incluso está mal escrita: "Morámonos todos". Creo que enmarca mi espíritu, porque soy positivo y voy para adelante, pero también soy muy cínico.

Sembrar para un mundo mejor

La entrevista con Gonçalves se llevó a cabo en la misma tarde en que se había convocado la marcha contra el "dos por uno" por delitos de lesa humanidad. Y el tema para él, hijo de desaparecidos, es inevitable. "En algún punto, con todo mi respeto para quien pierde un ser, trabajo muchísimo en la parte más budista del asunto, quiero disfrutar la vida, el día de hoy, recordar la parte viva de los muertos. Yo extraño a mi viejo y me gustaría tenerlo vivo, pero no es posible y no puedo aferrarme a eso para que sea un ancla. Lo que sí puedo hacer es tratar de ser consecuente con su lucha, que creo que lo soy, y tener valores similares. Ojalá a la marcha vayan todos y la Plaza de Mayo estalle, porque esto se trata de sentido común, pero desde mi lugar quiero sembrar para construir un mundo mejor."

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