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Philippe, la cara de la renovación

Martes 16 de mayo de 2017
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LA NACION

París.- Emmanuel Macron lo había advertido, su presidencia será avara en palabras. La promesa fue respetada ayer por su secretario general desde la escalinata del Palacio del Elíseo: el anuncio de la nominación de Edouard Philippe como nuevo primer ministro de Francia duró apenas 12 segundos. Al escoger para este puesto al diputado y alcalde de derecha de la ciudad de Le Havre, el nuevo presidente cumple su promesa de obrar en favor de la renovación política del país.

Philippe le tiene miedo a los tiburones. Pero, por la unidad, es capaz de tirarse al agua. El nuevo jefe de gobierno ya lo probó en septiembre de 2015: para celebrar la unificación de la Alta y la Baja Normandía, atravesó a nado el puerto de su ciudad.

A los 46 años, este funcionario de Estado, padre de tres hijos, nacido en la ciudad de Rouen en el norte del país, diplomado de la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA) y especialista en licitaciones públicas, está dispuesto a zambullirse ahora en "el infierno de Matignon" -como suele definirse a la sede del primer ministro- con el objetivo de superar las divisiones tradicionales, fijado por Emmanuel Macron.

En teoría, el recién llegado responde a varios imperativos. No es viejo, pero tampoco demasiado joven comparado con el planeta macroniano. Desconocido del gran público -prueba de renovación- tiene, sin embargo, una sólida experiencia local en Le Havre, donde sucedió a un alcalde gaullista, Antoine Rufenacht, en 2010. La ciudad lo volvió a elegir en 2014. Símbolo de síntesis -de devaneo, dicen sus detractores-, después de haber hecho sus primeros pasos en el Partido Socialista (PS) continuó su camino en la tendencia moderada de la derecha.

Sus amigos afirman, sin embargo, que no es hombre de derecha. Pero tampoco de izquierda. En todo caso fue uno de los fundadores y el director general de la Unión para un Movimiento Popular (UMP), creada con el ex primer ministro Alain Juppé, para fusionar al gaullismo, una parte de centro y de los movimientos ecológicos.

Desde entonces, Edouard Philippe acompaña a Juppé, su "mentor absoluto".

"Es un excelente conocedor del aparato estatal. No hay peligro de que se pierda en la jungla de Matignon", estima Vincent Le Roux, que fue su adjunto. "Es un tipo brillante, dinámico, muy divertido. Sus imitaciones son remarcables", agrega Jerôme Grand d'Esnon, otro histórico gaullista.

Pero el nuevo primer ministro también puede ser implacable. A imagen y semejanza de Juppé, Philippe puede mostrarse distante y hasta despiadado con colegas y periodistas, afirman aquellos que lo trataron de cerca estos últimos años, cuando actuó como jefe de campaña de su mentor en las primarias de la derecha a fines de 2016.

Tras la derrota de Juppé, Philippe decidió manifestar su sentido crítico a través de una crónica semanal en el periódico de izquierda Libération. Ejercicio sin red al cual ese espíritu anticonformista se libra sin moderación. Como hace tres meses, cuando calificó a Macron de "banquero tecnócrata" o "tribuno adepto de un populismo descarado".

Su nombramiento parece indicar que el nuevo presidente francés no le tuvo rencor. O bien que la importancia política de su presencia en la cúspide del gobierno bien vale el perdón de viejas estocadas.

Un conservador moderado

Edouard Philippe - Primer ministro

Nacimiento: 28/10/1970

Partido: Los Republicanos

Mentor: Alain Juppé

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