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Los millonarios chinos suben la apuesta

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Alicia de Arteaga
Miércoles 17 de mayo de 2017
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Todo pasa al mismo tiempo en una carrera de postas que tiene como meta precios cada vez más altos por las obras de arte que integran el podio de las elegidas, aquellas que otorgan al comprador un aura de prestigio única.

Ocurrió en los 90, cuando Eduardo Costantini pagó récords por Frida Kalho y Tarsila de Amaral, y dos años antes, cuando el chino Liu Yiguan desembolsó US$ 170 millones por un desnudo de Modigliani, pagado con su tarjeta de millas para sumar puntos y volar gratis.

Liu, que ganó sus primeros yuanes manejando un taxi, tiene hoy una fortuna de US$ 1500 millones y quiere coleccionar arte. La misma pirueta la hizo un tiempo antes, al pagar con su tarjeta de American Express 34 millones de dólares por una taza del siglo XV, en la que al día siguiente tomó el te matinal. Su caso confirma el liderazgo chino en el mercado de arte, segundo comprador más fuerte del planeta luego de los norteamericanos, hasta ahora líderes absolutos de los remates. Ecuación simple: hay cada vez más millonarios chinos, varios museos en construcción y un cambio de paradigma.

Buscan occidentalizar las colecciones y, básicamente, orientan el radar a las obras premium de maestros modernos como Picasso, Modigliani y Chagall.

La pulseada internacional en estos días se vive en distintos escenarios. La 57° Bienal de Venecia inaugurada que acaba de abrir convoca a grandes operadores como Gagosian, y a compradores nivel François Pinault, dueño de Christie's, de Converse y del Museo Punta Della Dogana. La semana pasada cerró en Nueva York otra edición de Tefaf (The European Arte Fair), feria holandesa decidida a competir en las ligas globales. Y están las subastas de primavera, que llegan hoy a su clímax en Manhattan. Serán ofrecidas al mejor postor obras museum quality como un espectacular Cy Twombly, estimado de US$ 50 millones, cuadros que fueron de Greta Garbo y un divino Brancusi de estimación reservada. Mañana inaugura en Portugal la segunda edición de ARCO Lisboa, donde militan artistas y compradores jóvenes.

En Buenos Aires, la semana que viene despega arteBA 26, en la Rural de Palermo, con una enorme expectativa de ventas según las palabras de su presidente Alec Oxenford. Hay una lista de más de 300 coleccionistas foráneos y, por supuesto, los "locales" decididos a comprar como lo hicieron en ARCO de Madrid.

A este panorama hay que sumar nuevos jugadores que comienzan a tallar fuerte en la pulseada internacional: los museos. Ya nadie pone en duda el papel clave que tienen a la hora de elegir un destino turístico. Y son 1200 millones de personas por año las que traccionan ingresos fenomenales. Las obras de arte son un gran señuelo. Por algo, la jequesa de Qatar pagó US$ 250 millones por Los jugadores de carta, de Cézanne, y la lista de espera crece con los nuevos museos asiáticos.

El electo presidente de Francia, Emmanuel Macron, eligió pronunciar su primer discurso frente a la pirámide que el arquitecto chino I.M.Pei diseñó para el Louvre, el museo más visitado del mundo. No es casualidad. El efecto arte opera de manera automática como un inequívoco activador de prestigio social en el imaginario colectivo. Dicho lo cual cobra otra dimensión, y se potencia.

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