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Macá tobiano: una pequeña ave en riesgo por las represas del río Santa Cruz

Macri se reunió ayer en China para garantizar la continuidad de las obras paradas por una orden de la Corte Suprema; los ambientalistas advierten que podría desaparecer esa especie

Si se construyen las represas, la población del macá tobiano podría extinguirse. Sólo quedan 800 ejemplares. Foto: Gentileza Darío Podestá
Ignacio "Kini" Roesler es científo y estudia cómo recuperar la población de las aves. Foto: Ricardo Pristupluk
Maquinarias para la construcción de la represa.
En verano, el macá tobiano habita lagos y lagunas de las mesetas de altura de la provincia de Santa Cruz. Foto: Gentileza Darío Podestá
Río Santa Cruz.
Las represas son una amenaza para el macá. Foto: Hernán Povedano / Ave Argentinas
Ignacio "Kini" Roesler observa el comportamiento de éstas aves. Foto: Ricardo Pristupluk
El Río Santa Cruz nace en los lagos Viedma y Argentino y desemboca en el Atlántico.
Si se construyen las represas, el macá tobiano se quedará sin su hábitat y corre riesgos de extinguirse. Foto: Gentileza Darío Podestá
Los científicos estudian a diario el comportamiento de las aves. Foto: Ricardo Pristupluk
El Río Santa Cruz nace con el desagüe de los glaciares y recorre 385 km hasta el Atlántico. Foto: Ricardo Pristupluk
El macá tobiano pasa los inviernos en el estuario del Río Santa Cruz, que se modificará por las represas. Foto: Ricardo Pristupluk
Miércoles 17 de mayo de 2017
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LA NACION
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PUNTA QUILLA, Santa Cruz.- "Ahí están", grita Ignacio "Kini" Roesler y la atención del grupo de nueve personas que comanda se enfoca hacia un punto lejano en medio del estuario que el río Santa Cruz forma antes de hundirse en las aguas del océano Atlántico. Armados con prismáticos y telescopios, saltan de alegría al detectar unos pequeños puntos blancos que flotan río abajo con la corriente.

"Nunca los habíamos visto tan cerca del mar", se excita Roesler, un científico oriundo de General Villegas, de 35 años, con doctorado en Biología y pinta de mochilero -gorrita de lana multicolor, dos aros en la oreja izquierda, barba y pelo tupidos, y tatuajes en los brazos-, mientras anota datos en su libreta.

La alegría con que el grupo rompe la plácida tarde del viernes pasado en este puerto natural que alguna vez sirvió para que la expedición que trajo a Charles Darwin arreglase la quilla de su barco -de ahí el nombre con que lo bautizaron- está depositada en la bandada de por lo menos 15 macá tobianos que acaban de descubrir. De apenas medio kilo, el macá es una especie endémica de esta zona de la Patagonia: los 800 ejemplares censados por Roesler son los últimos que existen en todo el planeta. Si mueren, el macá tobiano se sumará al listado de especies extinguidas de la faz de la Tierra.

Financiado por el Conicet y las ONG Ambiente Sur y Aves Argentinas, Roesler, el científico que más sabe en el mundo sobre el tema, trabaja desde hace más de seis años para evitarlo. Sin embargo, y pese a sus esfuerzos, la suerte del ave se selló ayer a más de 20.000 km, en Pekín, China.

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Hasta allí viajó el presidente Mauricio Macri para asegurar un paquete de inversiones chinas en la Argentina, una de ellas son dos represas sobre el río Santa Cruz que afectarán este estuario y, en consecuencia, tienen serios riesgos de contribuir a la extinción de los macás. "Los trabajos podrían comenzar en septiembre", indicó el comunicado difundido por el gobierno argentino luego del encuentro de Macri con los empresarios chinos a cargo de la obra. Para impedir que esto ocurra, Roesler y un grupo de ONG ambientalistas buscan convertir al ave en el símbolo y la razón de la resistencia a las represas.

"En esta zona de la Patagonia, con tanto sol y viento, ¿hace falta poner en riesgo un río tan endeble como el Santa Cruz para generar energía?", se pregunta Roesler. De un intenso color turquesa que arrastra de su origen en los grandes glaciares del oeste de esta provincia, el Santa Cruz es un ecosistema frágil. Tiene apenas 385 km y su caudal es mínimo en comparación con el de los grandes ríos, como el Paraná.

Dudas de Macri

El propio Macri es consciente de esta situación y al inicio de su mandato se manifestó en contra de la construcción de las represas. El 21 de diciembre de 2015, apenas asumido, el Presidente recibió en su despacho a Kristine Tompkins, la viuda de Douglas Tompkins -ecologista y gran donante de tierras-, y él mismo sacó el tema de las represas. Macri preguntó qué opinión tenía del proyecto y coincidió con Tompkins en que era malo. Dijo que intentaría pararlo.

Licitadas sobre el final del gobierno de Cristina Kirchner, las represas Cepernic y Kirchner -así fueron bautizadas- nacieron con sospechas de corrupción y fallas en el diseño. La UTE Represas Patagónicas, a cargo de su construcción, está integrada por las constructoras Electroingeniería y Gezhouba, de China. Los chinos aportan el financiamiento, US$ 4700 millones, y una cláusula de cross default que es la clave para entender el brete en el que se encontró Macri: si daba marcha atrás con las represas también se caían otras obras con financiamiento chino, como la renovación del ferrocarril Belgrano Cargas, una herramienta que su gobierno considera estratégica para reactivar el norte de la Argentina.

Roesler busca salvar al ave
Roesler busca salvar al ave. Foto: Ricardo Pristupluk

Atentos al actual viaje a Pekín en el que se embarcó el Presidente y a la necesidad de sostener esos y otros proyectos de inversión con financiamiento chino, la Cancillería aconsejó seguir adelante con las obras.

El Presidente luego consultó al Ministerio de Energía. El equipo de Juan José Aranguren también recomendó construir las represas. Según los cálculos que hicieron, las represas de Santa Cruz aportarán la misma cantidad de energía que Salto Grande, con la diferencia de que ésta se comparte con Uruguay. Los técnicos argumentaron que la energía hidroeléctrica generada por las represas es más limpia que la que surge de combustibles térmicos "sucios", como el fuel oil. Ante la opinión de Cancillería y Energía, las reservas del Ministerio de Medio Ambiente quedaron en minoría y Macri decidió avanzar.

Mientras tanto, la Corte Suprema de Justicia hizo lugar al amparo presentado por ambientalistas y suspendió las obras hasta que se hiciese un nuevo proceso de evaluación de impacto ambiental y una audiencia en el Congreso. El Gobierno modificó el proyecto reduciendo de 11 a nueve la cantidad de turbinas para evitar que se dañase el glaciar Perito Moreno, redujo el presupuesto de la obra y modificó el acuerdo con la provincia de Santa Cruz. Lo que restaba era un nuevo estudio de impacto ambiental y la semana pasada, apurado por el inminente viaje a China de Macri, el Gobierno informó por canales informales que ya estaba listo y que el proyecto tenía luz verde para avanzar. El problema es que ese informe ambiental aún no se difundió y los ambientalistas dudan de su seriedad.

Informe ambiental

Roesler, por ejemplo, fue el encargado de escribir las 50 páginas de ese informe que lidian con las consecuencias que tendrían las represas en la supervivencia del macá tobiano y, aunque su condición de científico le impide hacer proyecciones taxativas, las perspectivas, dice, son bastante malas. El problema es que en el invierno la totalidad de los macá tobianos baja de las mesetas de altura en donde nidifican y se instalan en el estuario del río Santa Cruz. Si ese estuario se modifica, como seguro ocurrirá con las represas, los riesgos sobre el macá son enormes.

"Con las especies en peligro de extinción, como el macá -explica Roesler-, se aplica el principio precautorio. No podés modificar el medio ambiente y esperar a ver qué pasa. Si las cosas salen mal, el macá se puede extinguir en cuestión de días y eso será irreversible."

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