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Cátedra sobre el derecho al aborto en Rosario

El derecho a la vida no debe ser vulnerado reduciendo esa práctica criminal a un mero "problema de salud"

Miércoles 17 de mayo de 2017

Con más indignación que sorpresa vinimos a enterarnos días pasados de la unánime decisión del consejo directivo de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario de incorporar a la currícula una materia optativa con el ridículo título "El Aborto como Problema de Salud". Absurdamente extrañado por la repercusión que alcanzó tal decisión, el decano adujo: "Nuestra obligación es poner al alcance de los jóvenes todo el bagaje de conocimiento científico para poder aplicar la medicina desde una perspectiva legal y ética", agregando que el abordaje propuesto contempla la perspectiva de la salud pública.

Como resulta obvio, desde el punto de vista sanitario parece evidente que lo más deseable es siempre evitar cualquier práctica abortiva, salvo cuando médicamente no existiera otra forma de tratar al paciente.

Sería también muy interesante para sopesar los argumentos de tal decisión saber en qué fuentes abrevó el decano para afirmar que estadísticamente las muertes maternas anuales por abortos en América latina y el Caribe serían 9200, sin precisar cuántas de ellas corresponderían a nuestro país. Desde luego que no es ésta una cuestión numérica sino conceptual y de principios, pero el dato contradice las abultadas cifras que suelen inflar las organizaciones abortistas.

Dando por sentado que la técnica quirúrgica y de tratamiento se enseña suficiente y eficientemente en nuestras facultades, llama la atención lo que el decano denomina "la perspectiva legal y ética".

Parece poco probable que, desde una cátedra que enfoca el drama del aborto exclusivamente como "problema de salud", puedan enseñarse los graves aspectos éticos involucrados en la delicada cuestión que nos ocupa, contemplándolos en toda su real dimensión, sin parcialidades tendenciosas. Parece poco probable que se vaya a tratar lo que entendemos que es el auténtico meollo de la cuestión: el tema del niño que va a morir en el ser objeto del aborto y su necesaria protección.

Tampoco se advierte la menor preocupación por los aspectos psicológicos que someterse a una práctica abortiva conlleva para el cuerpo, la psiquis y la sensibilidad de la madre, partiendo de la base de que la decisión de matar al propio hijo no deja indemne a nadie, como innumerables estudios han demostrado.

En suma, una gran distancia separa al aborto de la salud de una mujer, pues sus secuelas estadísticamente incluyen diversos tipos de cáncer, infertilidad, estrés postraumático, depresión, suicidio, alcoholismo y adicciones, sólo por mencionar algunas.

Si de ética se trata, parece también difícil, si no imposible, evadir el tema moral: hay quienes consideramos una inmoralidad intrínseca privar de la vida a un ser indefenso, pues no hay eufemismo que disfrace tamaño crimen. Es pues muy difícil imaginar cuál será la perspectiva ética por transmitir a los futuros médicos rosarinos. ¿Qué podrá enseñar sobre la objeción ética de conciencia del profesional quien piensa que el aborto es nada más que un problema de salud? ¿O es que acaso se propone enseñar a matar en los claustros?

Finalmente, desde lo legal, la visión de quienes piensan que el muy discutible fallo de la Corte Suprema en el caso F., A. L., es sustento suficiente para justificar el aborto en nuestro país, contempla unilateralmente un problema con muchas aristas, la mayor parte de ellas aún no resueltas.

En síntesis, introducir una cátedra, por más optativa que sea, para enseñar sobre el aborto reduciéndolo "a un problema de salud" es, cuanto menos, poco serio. En nuestro país, el debate de la delicada cuestión ha de contemplar necesariamente múltiples perspectivas y posturas diversas que reflejan marcadas diferencias. De lo que sí no hay dudas es de que no se trata de una iniciativa que pueda ser sostenida o justificada exclusivamente desde lo científico. El Consejo Nacional Interuniversitario debe tomar cartas en el asunto. El más elemental derecho, el derecho a la vida, no puede vulnerarse tan livianamente por unilateral decisión de unos pocos.

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