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La calle surrealista

Pablo Gianera

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LA NACION@gianera
Miércoles 17 de mayo de 2017
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Foto: AFP / Daniel Leal-Olivas

Es conocida la pasión de los surrealistas por los objetos obsoletos, las viejas postales pornográficas, los pasajes (esos pasajes tan parecidos a algunas galerías que todavía sobreviven en Buenos Aires) y, por qué no, también los maniquíes. ¿Por qué son surrealistas los maniquíes? Bueno, en principio, porque su "vida" transcurre en una vidriera. La vidriera es un buen emblema: después de todo, el surrealismo es la vidriera del sueño. Pero también porque en los maniquíes nos vemos a nosotros mismos sin todo ello que somos: la sangre, la adiposidad, la vida, en fin. Por lo tanto, los maniquíes son objetos un poco siniestros, de apariencia humana pero desprovistos de todo aquello que nos convierte en humanos. Si el maniquí está además mutilado, como éste que un operario pasea por una calle de Londres, el efecto se duplica. Pero para los transeúntes que miran habrá sido casi providencial: la oportunidad de fugarse del hábito y verse a sí mismo como objeto.

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