Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Le dijeron que moriría a los 10 años y se acaba de graduar de la universidad

Ryan Dant sufre una enfermedad degenerativa poco común contra la que luchó a lo largo de toda su vida

Miércoles 17 de mayo de 2017 • 16:33
0
Se graduó a pesar de que un médico le dijo que no viviría más de 10 años
Se graduó a pesar de que un médico le dijo que no viviría más de 10 años.

Ryan Dant, de 29 años, caminó por el escenario con su toga mientras se graduaba de la escuela de sus sueños, la Universidad de Louisville.

Nadie esperaba que Ryan asistiera a la universidad y mucho menos a una escuela de la que usaba camisetas cuando era un niño pequeño. Es una historia extraordinaria porque sus padres nunca se dieron por vencidos, incluso cuando les dijeron que no había ninguna posibilidad: a pesar de haber nacido con una sentencia de muerte en sus genes, Ryan sigue vivo y rompiendo barreras.

Los comienzos de la enfermedad

A su padre, Mark Dant, le gusta decir que Ryan nació con un amor por el béisbol. La noche antes de su nacimiento, sus padres fueron a un juego de los Texas Rangers.

Ryan nació en 1988, pesando 4 kilos. A la edad de 3 años, podía lanzar una pelota de béisbol tan fuerte que su madre, Jeanne, puso una regla de que no se podía jugar en la casa.

Antes de inscribirlo en la guardería a los 3 años, Jeanne llevó a Ryan al pediatra. Lo que se suponía que sería un chequeo de rutina reveló que el hígado y el bazo de Ryan eran demasiado grandes y fueron derivados a un genetista. Dos semanas después, las pruebas confirmaron el diagnóstico.

Ryan tenía un trastorno genético raro llamado mucopolisacaridosis I, o MPS I, con una amplia gama de síntomas que afectan a múltiples sistemas en el cuerpo. El médico les explicó por qué su bazo y el hígado se agrandaron: la acumulación los hizo 2 veces y media más grande de lo normal.

El genetista les dijo que Ryan moriría cuando tuviera 10 o 12 años. Con el tiempo lo verían cambiar; tendría mucho dolor, posiblemente quedaría ciego, sordo y sufriría endurecimiento de los músculos en sus extremidades, lo que lo postraría en una silla de ruedas. Se deterioraría mentalmente y pronto no podría jugar más al béisbol.

Ryan es fanático del béisbol desde muy pequeño
Ryan es fanático del béisbol desde muy pequeño.

El MPS I afecta a uno de cada 100.000 niños en todo el mundo, según la Organización Nacional de Enfermedades Raras.

Los padres inmediatamente decidieron no decirle a Ryan; era demasiado joven para comprenderlo. Lloraron en el pasillo antes de llevarlo a casa. Eso se convirtió en la nueva rutina para ellos: llorar por la noche después de que Ryan se fuera a dormir. Cuando no estaban llorando, lo estaban viendo dormir, esperando lo inevitable. Mark se despertaba en el suelo junto a la cama de Ryan todos los días.

"Recuerdo que ese año fue tan increíblemente doloroso porque tuvimos un niño alegre y juguetón que no era diferente de lo que era antes de entrar en la sala de exámenes, pero todo lo que sabíamos acerca de él iba a cambiar", dijo Mark a CNN. "Y no había nada que pudiéramos hacer en absoluto".

Tras unas semanas, Ryan empezó a reaccionar: la terapia de remplazo de enzimas estaba funcionando y eliminaba años de material en su hígado y bazo. Después de algún tiempo, Ryan empezó a sentirse normal: sus manos se suavizaron, sus dolores de cabeza desaparecieron y empezó a jugar béisbol de nuevo.

Pero no todo siguió así. Años después, cuando ya estaba terminando la escuela, el cerebro de Ryan empezó a fallar.

Después de años de escribirle al gerente del equipo de fútbol de la Universidad de Louisville, a Ryan le habían dicho que tan pronto como pudiera tomar una carga completa del curso, había una beca esperándolo con el personal del equipo. Allí, podría seguir su sueño de trabajar en el deporte.

Pero su declive mental significaba que no podría ir a la universidad.

En abril de 2012, un estudio de la universidad UCLA comenzó. Cada 12 semanas, Ryan iría para una punción espinal que le requirió estar bocabajo por 24 horas.

"Decidí después de un año levantarme del piso y hacer algo al respecto", dijo Mark.

Buscando a un científico

Mark comenzó asistiendo a una conferencia para la Sociedad Nacional de MPS. Le rompió el corazón ver a los niños en varios estados de declive. No había adolescentes.

Después de eso, pasó su tiempo libre en la biblioteca, leyendo acerca de la genética y la poca información disponible sobre MPS I. La investigación de Mark lo llevó a un simposio internacional en Alemania, donde un científico presentó la terapia de reemplazo enzimático para otra enfermedad rara. Preguntó al científico si era posible desarrollar una terapia similar para MPS I.

Es posible, le dijeron, pero tomará mucho tiempo y dinero: ambos eran escasos.

Todo lo que Mark necesitaba saber era que era posible. Decidió comprar tiempo. Después de regresar a casa, investigó sin fines de lucro y comenzó la Fundación Ryan.

Mark se puso en contacto con otro científico que le dijo que uno de sus estudiantes estaba trabajando en este procedimiento, pero que le hacía falta dinero.

Emil Kakkis y Mark comenzaron una sociedad: los fondos que recogía la fundación iban para la investigación de Kakkis, esperando que pronto pudiera ser un tratamiento real.

'¿Cómo será cuando muera?'

Ryan seguía deteriorándose. Sus manos estaba completamente rígidas, no podía moverlas. Cuando cumplió 5 años tenía que doblarse para ponerse una camiseta, pues su brazos no podían levantarse por encima de su cabeza. Le costaba respirar.

A los 7 años tuvo que dejar de jugar béisbol y cambió los juegos por las citas al médico. Tenía dolores de cabeza tan fuertes que le hacían vomitar.

Un día cuando intentaba jugar fútbol se desmayó después de que una hernia umbilical se le rompiera. Esa noche le preguntó a su padre: ¿Cómo será cuando muera? . Le preguntó a su papá si su perro estaría allí y si sus padres irían con él.

Sus padres se dieron cuenta de que habían intentado protegerlo demasiado, pero que el niño sabía más de lo que creían.

En 1998 fue aprobado un ensayo clínico y Ryan fue uno de 10 niños invitados a participar.

Después de un mes, Ryan sentía que su capacidad de memorizar había mejorado. A los tres meses, estaba leyendo. Después de cuatro meses, Ryan llegó corriendo a la clínica para decirle a Maher que leyó un libro durante todo el fin de semana y lo recordó.

El tratamiento no sólo detuvo su declive cognitivo, sino que lo invirtió.

"Todo lo que esperábamos era que pudiéramos estabilizarlo", dijo la médica Elizabeth Maher, quien lideraba el estudio. "Lo que esto demuestra es que la droga adecuada que hace su función específica, incluso en el cerebro, puede conducir a la recuperación neuro-cognitiva".

Ryan pudo ir a la Universidad de Louisville y empezó a trabajar en el personal del equipo de fútbol americano.

La semana pasada, Ryan se graduó de la universidad de administración de deportes y quiere trabajar para un equipo profesional.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas