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Reintegros a las exportaciones: de promesas incumplidas a un cambio de tendencia real

Aunque no alcanzaron a cubrir la deuda de la AFIP con los exportadores,los números de 2016 muestran una aceleración favorable; la historia reciente

Jueves 18 de mayo de 2017
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Corrían los primeros días de diciembre de 2015. Mauricio Macri había ganado las elecciones. Entre los festejos de unos, las penas de otros, y las futiles discusiones sobre si la Presidente asistiría a la ceremonia y el bastón presidencial, el entonces titular de la Agencia Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, anunció que, antes del cambio de gobierno, devolverían $ 13.000 millones que el organismo les adeudaba a los exportadores en concepto de reintegros a las exportaciones.

O sea que, después de perjudicar a los productores genuinos de divisas durante sus siete años a cargo de la AFIP, iba a remediar el daño causado en sus últimos diez días de gestión como un padre ausente que antes de morir intenta reconstruir la relación con sus hijos.

Se imagina el lector que no fue así. En diciembre de aquel año los reintegros a las exportaciones apenas superaron los $1000 millones.

En la Argentina, uno de los impuestos que más recauda es el Impuesto al Valor Agregado (IVA), el cual representa cerca de 27% de los recursos tributarios de la Nación. El IVA es equivalente a un impuesto a las ventas (finales) pero, como este se distribuye a lo largo de la cadena de valor, se hace más difícil la evasión. Por ejemplo, si un comercio minorista le compra al mayorista un producto que vale $ 100, y este le cobra además el IVA, el minorista paga $ 121. Luego el minorista le suma sus costos y su rentabilidad. Supongamos que vende el producto a $ 181,50 ($ 150 + $ 31,50 de IVA): si el minorista no le entrega la factura al comprador final y, por lo tanto, no hay registro de la transacción, no le abonará a la AFIP los $31,50 pero, entonces, no podrá reclamar el crédito de $ 21 que se generó por la compra al mayorista. Al final la evasión no es por el total del IVA sino por un monto menor. Obviamente, este es un caso estilizado y la creatividad de nuestros empresarios para evadir impuestos es sólo superada por la voracidad del Estado para cobrarlos.

Los productos importados también pagan IVA (el IVA sobre las importaciones equivale a una tercera parte del total de lo recaudado por este tributo) y las exportaciones están exentas pero, como el IVA se va recaudando a lo largo de la cadena de valor, es probable que el monto que paga el exportador por el producto que comercializa al exterior incluya parte del IVA pagado por una instancia anterior de la cadena. En consecuencia, la AFIP tiene que reintegrarle a dicho exportador el componente del IVA que está incluido en el costo de su producto.

Entre 2008 y 2015, el total de reintegros a las exportaciones (base caja) alcanzó los $ 40.000 millones.

Si el dato que dio Echegaray es cierto, el monto devengado fue $53.000 millones y es probable que, de haber continuado gobernando el Frente para la Victoria (FPV), la deuda con los exportadores hubiera seguido creciendo ya que, a pesar de la promesa de Echegaray, los reintegros a las exportaciones cayeron de $ 11.200 millones en 2014 a $ 8800 millones en 2015.

Las cosas cambiaron con la nueva administración.

En 2016, los reintegros aumentaron 70% y rozaron los $ 15.000 millones. En el primer trimestre de 2017 los reintegros aumentaron más de 48% con relación al mismo período del año anterior (por encima de la inflación y a pesar de que el Indec reportó una caída de 4% en las cantidades exportadas).

Los reintegros de 2016 no alcanzaron a cubrir la deuda de la AFIP con los exportadores pero se observa un cambio en la tendencia y, más allá de alguna evidencia anecdótica que no me animo a calificar de representativa, los números agregados muestran una aceleración de los reintegros que esperemos continúe mejorando en el tiempo ya que la demora en los reintegros en un escenario de altas tasas de interés impone costos adicionales que dañan la competitividad de nuestro sector exportador.

El autor es director del Departamento de Economía, Universidad del CEMA

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