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Acoso sexual callejero

Jueves 18 de mayo de 2017

Días pasados, como fruto de una conciencia que afortunadamente comienza a extenderse, tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires la primera audiencia de mediación por acoso sexual callejero. Cabe recordar que el año pasado la Legislatura porteña había aprobado la primera ley sobre el tema.

La denunciante, Lucía Cabrera, representada por la doctora Greta Galvaño Ter Akopian, directora de la organización Libres de Acoso Callejero (LIDA), había sido asediada por un taxista mientras caminaba por la calle hace unos dos meses.

A lo largo de dos cuadras, por la avenida Federico Lacroze, el conductor le pedía insistentemente el teléfono y la piropeaba. Una escena frecuente y criticable.

A su pedido, al cruzarse con un policía, éste detuvo al taxista, aguardó órdenes de sus superiores y se dirigieron todos a una fiscalía para la firma del acta contravencional.

El esfuerzo para que no se desechara la denuncia condujo a una presentación realizada por la damnificada y a la posterior audiencia judicial.

A los 25 años, Lucía es consciente de que no es habitual que las mujeres tomen una posición activa ante una intimidación como la que ella sufrió en la vía pública.

Lejos de buscar algún rédito económico reparatorio, con su abogada, la damnificada apuntó a atacar la raíz de la problemática y logró que el acosador fuera obligado a concurrir a un curso sobre "convivencia, diversidad y derechos humanos", dado que no había nada más específico sobre el tema del acoso.

Esta forma de violencia hacia la mujer se encuentra socialmente aceptada y naturalizada, por lo que a nadie sorprende, pero obliga a adoptar actitudes y decisiones dirigidas a su prevención.

En el transporte público o al caminar, manteniéndose cerca de otras personas o cruzando de vereda, cuidándose de no quedar sola, portando a veces algún elemento para la defensa, muchas son las conductas a las que las mujeres han debido acostumbrarse. Incluso, llegando a cuestionarse qué ropa usar para no ser considerada provocativa. Bocinas, silbidos, miradas o frases pretenden disfrazarse de halago, de piropo, muchas veces grosero, denigrante, desubicado, intimidando a las mujeres que, por temor, mantienen frecuentemente una actitud pasiva mientras ven vulnerada su dignidad.

La forma de violencia más extrema hacia la mujer contabiliza un femicidio cada 25 horas en la Argentina.

Prevenir es siempre la mejor decisión y contribuir a erradicar el acoso sexual es parte de la transformación sociocultural que debemos transitar como sociedad para garantizar el respeto por las mujeres. Queda mucho camino por recorrer, pero corresponde celebrar estos primeros pasos.

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