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Una española en Buenos Aires

La diseñadora asturiana, formada en marcas de fast fashion como Zara y Asobio, desarrolló su línea, Celia B, con producción y mercado en Oriente. Esta semana, en un pop up store en Palermo, presenta su nueva colección, con estampas de la rosarina María Luque

Sábado 20 de mayo de 2017 • 00:00
Celia Bernardo diseña a partir del color, las estampas y el mix de texturas
Celia Bernardo diseña a partir del color, las estampas y el mix de texturas. Foto: LA NACION / Ignacio Sánchez
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Jaguares, flores, pueblos andinos y manos de mujer son algunas de las estampas que la rosarina María Luque diseñó para la colección Latin Lover, de Celia Bernardo, la creadora asturiana de 38 años que se formó en empresas globales de fast fashion como Zara, en España, y Asobio, en China, para luego decidir bajar un cambio y establecerse en Oriente con Celia B. Un proyecto propio que apunta a mujeres desinhibidas que les gusta expresarse desde el color, las estampas y el mix de texturas. La próxima semana -el martes 23 y el miércoles 24 , de 16 a 20, en El Salvador 4578- exhibirá ésta y otras colecciones anteriores en un local itinerante en Palermo, precios que varían desde $ 1000, las remeras y los suéteres, $ 1600 los vestidos y faldas y $ 3600 los sacones de crochet tejidos a mano.

Después de estudiar Publicidad y luego de un breve paso por Pepe Jeans London donde se inició en la moda, Celia Bernardo hizo escuela en el mundo de los accesorios en Inditex, el gigante del fast fashion y low cost español, como jefa del departamento de accesorios de Trafaluc, la línea joven de Zara. Allí descubrió su pasión por Oriente y, luego de viajar varias veces al año a Hong Kong, Japón, India y China para comprar productos y desarrollar colecciones desde cero, decidió establecerse en Oriente. "Hace seis años, después de trabajar en Zara y Asobio -el coloso del retail chino-, decidí que era hora de crear mi propio emprendimiento. En Celia B implementé todo lo que aprendí del mercado de Oriente, más mis ganas de hacer un producto original, exclusivo, divertido, bien confeccionado y que refleje mi personalidad", comentó Celia ya en su pop up de Palermo.

La asturiana utilizó sus ahorros para crear la marca que ahora vende a través del e-commerce y en tiendas multimarcas en Asia y Emiratos Árabes. Su coloridos y singulares diseños pueden encontrarse en Pekín, Shanghai, Qingdao, Shenzhen, Chengdu, Dubai, Arabia Saudita y Kuwait. Este año cambió su domicilio hacia el norte de Tailandia, en Chang Mai, "donde se consiguen los mejores textiles y al mejor precio", asegura. El aumento de los costos de producción y alquileres del país comunista obligaron a Bernardo a emigrar al sur ya que peligraba la vialidad de su marca.

Una marca de espíritu joven

El color es el común denominador en los diseños de Celia Bernardo. Tanto en su última colección, Latin Lover, compuesta por viscosas, algodones y otomanes con estampados digitales de la rosarina María Luque y bordados hechos a mano en Tailandia, en la línea de ponchos y suéteres tejidos al crochet como en Midnight in the Oasis, con textiles africanos encerados, jacquards multicolores, y brocados brillantes, los géneros elegidos por la diseñadora española vibran al son de la esencia alegre.

Los diseños de Celia B
Los diseños de Celia B. Foto: LA NACION / Ignacio Sánchez

Su mirada del fast fashion

Si bien gran parte de su éxito se lo debe a su formación profesional en las grandes cadenas de indumentaria, hoy elige trabajar en una cadena productiva más amable con otros productores y el planeta. "Soy super crítica con el rol de estas empresas en la industria de la moda porque, al fin y a cabo, terminan controlándolo todo: la comunicación, la producción, las tendencias, la distribución y al consumidor final porque logran un precio en el mercado que es imbatible", reflexionó.

A Celia la entristece ver cómo los consumidores se uniforman bajo las propuestas comerciales de las megatiendas y donde se vuelve casi imposible comprar una prenda que vaya en contra de la tendencia. "Es importante desarrollar un público que apueste a marcas locales que sean alternativas al sistema que producen a cualquier costo, de forma poco sustentable, copiando los diseños, pagandole poquísimo a sus trabajadores y, en algunos casos, en malas condiciones", dijo, indignada.

La diseñadora asturiana presentará sus colecciones en un pop up store, en Palermo
La diseñadora asturiana presentará sus colecciones en un pop up store, en Palermo. Foto: LA NACION / Ignacio Sánchez

Otra de las facetas que preocupan a la diseñadora ovetense acerca de la imposición de los gigantes del fast fashion y que lamenta, es la pérdida y desvalorización de los oficios y tradiciones regionales y ancestrales. "No hay tiempo para los bordados, los oficios; cuando viajo a la India, a Rajasthan, las mujeres andan con esas ropas increíbles que las más jóvenes no saben bordar, ni gastan en vestidos ceremoniales, esos que se tardan dos años en confeccionarse, pero que son de alta costura porque se perdió la costumbre. Sé que no voy a poder recuperarlo porque es algo que está pasando, pero yo quiero poder aportar algo distinto en el mundo de la indumentaria".

Fiel a su llamativo estilo, comentó que nunca pasó inadvertida en Europa, "donde tantas personas van uniformadas. Es que los orientales valoran la novedad y el riesgo que hay en mis diseños, a la vez de la buena calidad de los materiales y de las terminaciones. A diferencia de Europa, en Asia prefieren diferenciarse y disfrutan de vestirse de manera original. Están dispuestas a exhibirse sin prejuicios y a pagar por ello", señaló Bernardo.

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