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Un testimonio de amistad entre Borges y Xul Solar

Hugo Beccacece

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PARA LA NACION
Domingo 21 de mayo de 2017
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Hay iniciativas que están bien pensadas, bien realizadas y que merecen multiplicarse y difundirse. Son el fruto de la inteligencia, la voluntad y la generosidad. En un acto al que estaban invitadas muy pocas personas, se presentó en la sala de exposiciones temporarias del Museo Nacional de Bellas Artes la edición facsimilar de El idioma de los argentinos, de Jorge Luis Borges, con viñetas de Alejandro Xul Solar. La edición de dos mil ejemplares no estará a la venta. Será distribuida gratuitamente a bibliotecas públicas y escolares, a museos e instituciones culturales con salas de lectura de acceso libre no arancelado. Para obtener un ejemplar, éstas deberán completar el formulario disponible en la página web del museo. Hablaron Andrés Duprat, director del MNBA; María Kodama, presidenta de la Fundación Jorge Luis Borges, y Elena Povarché, presidenta de la Fundación Pan Klub y directora del Museo Xul Solar.

El libro de Borges intervenido por Xul sobre el que se hizo el facsimilar es de la primera edición de quinientos ejemplares (1928), publicada por M. Gleizer Editor. Estaba en la biblioteca personal del artista. En la muestra Xul Solar. Panactivista, del MNBA, hay una fotocopia de ese mismo ejemplar, apoyado sobre un atril, que el público puede hojear.

Las acuarelas de Xul que ilustran los textos de Borges fueron intervenciones del artista sobre el libro ya impreso, lo que convierte a éste en una pieza única. La tapa, la contratapa y el lomo están pintados al óleo. La curadora de la muestra, Cecilia Rabossi, comentaba: "Cada vez que los investigadores teníamos que trabajar sobre esas páginas, lo hacíamos casi con susto. Nos teníamos que poner guantes blancos y tomar precauciones infinitas".

En la portadilla, hay una dedicatoria de Borges, escrita con su caligrafía minúscula que requiere para ser leída muy buena vista o una lente de aumento. Borges debe de haberse apresurado a cerrar el libro aún con la tinta bien fresca, porque en la página opuesta quedaron unas manchas que se corresponden de modo fragmentario con algunas letras de la dedicatoria, invertidas como si se las contemplara en un espejo. Esas dos líneas dicen: "A Juan Iraizoz, amigo de árboles y de libros, con la estima cordial de Jorge Luis Borges". Como señaló Duprat, permanecerá como un enigma la razón por la que el ejemplar, en vez de llegar a su destinatario, quedó en la casa de Xul, y por qué éste decidió ilustrar precisamente ese volumen. Ahora todos los que quieran podrán disfrutar en el silencio de las bibliotecas de ese testimonio de amistad, admiración mutua y entendimiento entre Borges y Xul Solar.

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Las paredes del Pabellón de las Artes en la Universidad Católica Argentina son un incendio de pasión, ironía, sarcasmo y humor. El rojo en todas sus metamorfosis, el rojo que acecha en el rosa, en el violeta, en el magenta, en el morado-chupón, invade toda la sala. Son los rojos que Silvina Benguria despliega con desparpajo, lirismo y misterio en la muestra Imágenes equivocadas (cierra el próximo domingo). Hay barcos, casi formas abstractas, que recuerdan el legendario trasatlántico Rex en Amarcord, de Fellini. Porque Silvina nunca puede dejar de recordar Italia, sobre todo Roma, donde vivió y pintó durante diez años.

Pero también está el volcán Tupungato, una mole imponente, envuelto en vapor y humo, al fondo de un pasillo que el visitante corre el peligro de perderse si no va hasta la pequeña sala del fondo en el Pabellón. Y en el tránsito hacia esa salita, mientras se camina por el pasillo, surge un imprevisto dinosaurio, colgado de la pared, un dinosaurio rojo veteado de verde, con fondo de montañas. Conviene contemplar el dinosaurio al anochecer porque, sublime astucia de la hora, se refleja en el vidrio del ventanal que da a los diques de Puerto Madero. Uno descubre así que el dinosaurio flota sobre el agua, se escabulle entre los rascacielos, aún más hermoso que su sosias, el montañés. Hay un rojo muy íntimo, conmovedor, el de El moñito rojo, el retrato doble, como si se hubiera duplicado para comentarse a sí mismo el mundo y los seres que amaba, de Rómulo Macció.

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