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El "Club del grunge" sumó un nuevo socio

LA NACION
Viernes 19 de mayo de 2017

Chris Cornell se sumó a la lista y en vez del Club de los 27 (término que se utilizó para unificar a las estrellas del rock que murieron a esa edad, entre las que se encuentran Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y Kurt Cobain), habrá que empezar a hablar del "Club del grunge". Primero fue el tiro del final de Cobain (Nirvana), en 1994, luego llegarían las sobredosis de Layne Staley (Alice in Chains), en 2002, y de Scott Weiland (Stone Temple Pilots), en 2015, y ahora el suicidio de Cornell, apenas horas después de presentarse con la banda que lo hizo popular, Soundgarden. El movimiento grunge germinó a fines de los años 80, en los Estados Unidos, especialmente en Seattle, de la mano de un puñado de jóvenes sucios y desprolijos, enemistados con la sociedad que los rodeaba, que contaban y cantaban su angustia. Pero fue la década del 90, y la popularidad que alcanzaron estas bandas por esos días, la que los convirtió en banda sonora de una época y, acto seguido, en un éxito comercial que ninguno esperaba ni mucho menos buscaba. "Era difícil ser tan popular", dijo Cornell hace una década, recordando aquellos años. Nadie sabrá la verdadera causa de por qué, a los 52 años, el cantante decidió sumarse a la trágica lista, pero con su acto dejó flotando en el aire un aura "maldita" que sobrevuela al grunge y que seguramente de aquí en más se retomará como objeto de estudio.

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