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La voz de la locura del actor

Viernes 19 de mayo de 2017
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Aun cuando pasaron 19 años desde que dejó de trabajar con nosotros, lo necesitamos más que nunca. Porque su propuesta, su juego, su inteligencia, su talento, no parece que vayan a tener herencia. Me da la impresión de que la personalidad de Alberto es única y hemos perdido hace mucho tiempo su enorme valor. De esa calaña no hay más. Por lo tanto su muerte confirma que existe. Aunque sea uno.

Es muy grave porque si uno dijera que hemos superado su propuesta, su postura, su capacidad como redoblador de nuestro trabajo no sentiríamos tanta pérdida. Pero hace rato que estamos viendo que hemos perdido uno de los valores más importantes dentro del teatro argentino.

La vinculación que él esgrimía en su trabajo de dirección, su manera de motivar, ha sido una novedad para el teatro universal.

Él empujaba a los actores. Era de los pocos que trabaja de pie, que te susurraba, que te azuzaba; de los pocos directores que te ponía en peligro. La novedad de tener una voz en tu oído que interpretara tus deseos y tus temores hasta hacía que tu accionar se facilitara. Hasta tal punto que uno mismo se sorprendía de poder expresar eso. No hay directores que hagan cuerpo con los actores. Hay directores que te dan conocimiento, te dan interpretación de la textualidad. Pero Ure lo que quería ver es dónde vos tenías tu potencia frente a la contingencia en la que estabas metido como actor.

Ure era la voz de tu locura, y la voz de la locura es casi siempre la más potente de una persona porque en teatro la monstruosidad es el lugar más real de la realidad.

Actor, director, dramaturgo, docente

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