Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Otros tiempos y formas para el irresistible cuento de Aurora

La adaptación infantil es ágil e incorpora el videomapping a la escena

SEGUIR
LA NACION
Viernes 19 de mayo de 2017
0

El hada Lila es la única esta mañana que usa micrófono. Toda una excepción para la pequeña alada ­-y para el ballet-, pero sucede que aquí, además de jugar un papel importante en la historia de La bella durmiente, Lila es la presentadora del espectáculo que inaugura una nueva temporada del ciclo Vamos al Ballet, en el Konex. Su función (la de la actriz Agustina Ipiña) es fundamental como mediadora entre un arte clásico y una platea completa de familias con chicos: al comienzo y en el cierre de cada acto, ella narra el argumento que sucesivamente versionaron y difundieron Perrault, los Grimm y Disney.

Ya sabemos que si la receta de "una buena adaptación" se cumple, terminada la función se habrá alcanzado la misión de conquistar nuevos públicos para el ballet, un desafío mayor. Y, a juzgar por el estreno, el domingo pasado, están sobre y debajo del escenario todos los ingredientes para que así sea: hay una historia que contar (a los 15 años, Aurora se pincha un dedo y, por un hechizo, queda dormida hasta que un príncipe enamorado la besa en la frente y... comen perdices); los personajes son fácilmente identificables (hadas, princesa y príncipe, rey y reina, la muy maléfica Carabosse), y la duración de la obra no atenta contra los tiempos de atención que maneja este público (es un mérito la síntesis en una hora y diez minutos, con un intervalo). Sin embargo la ecuación se resuelve completamente, porque la producción (con idea y guión de Juan Lavanga) reúne a un elenco joven y profesional, sobre todo respetuoso (el Ballet Metropolitano), que no está dispuesto a traicionar con sus pasos el espíritu de la célebre coreografía de Petipa con música de Tchaikovsky, dupla imbatible de la danza académica. Aunque, por supuesto, La bella durmiente y las hadas encantadas se toma licencias para atrapar al espectador, merced a una adaptación (también de Lavanga) que ­suprime los cuadros y variaciones que no impiden seguir con el hilo argumental, como el adagio de la rosa, la cacería o el pas de deux del pájaro azul. En cambio, en el final, conserva la participación de los personajes de cuentos infantiles como invitados especiales a la boda de Aurora y el Príncipe: están Caperucita y el Lobo Feroz, la Bella y la Bestia, Gato con Botas y la Gata, Ricitos de Oro y el Rey Oso Blanco.

Así como la fuerza interpretativa de Carabosse, acentuada por el vestuario, recae en la experimentada Paula Argüelles ("¡no le hagas nada!", le implora una nena de colitas, desde la fila 7), la danza etérea y mágica que caracteriza a la Reina de las Hadas queda a cargo de Yanina Toneatto, quien sin dudas está por delante en esta compañía que dirige Leonardo Reale (autor, además, de la coreografía). Más allá de los roles protagónicos de Aurora y Florimond, a los que Mercedes Calderón y Rodrigo Villaverde seguramente se abrazarán más con el correr de las funciones, se destaca el compromiso de un par de jóvenes alumnas del Colón y la Asociación Arte y Cultura, que, con toda gracia, generan una cierta y buscada confusión en el espectador entre sus roles de Hada Alegría y el Hada Felicidad: las gemelas Celeste y Noelia Díaz trabajan en un diseño coreográfico espejado que no deja saber quién es quién.

Tras la experiencia anterior con El cascanueces, Pinocho y Coppelia y El lago de los cisnes, todas adaptaciones de ballet para chicos dentro de este mismo ciclo, La bella durmiente incorpora al videomapping para su puesta escenográfica. De no ser por un par de objetos, lo corpóreo abandona la escena, y con este lenguaje que la platea de nativos digitales recibe con naturalidad, el desarrollo de la obra gana agilidad.

La hora de los autógrafos, en el final, con un programa de mano que reserva una página especial para ello, no hace más que confirmar que el encantamiento surtió efecto. Es muy probable que estos chicos, un día no muy lejano, les propongan a sus padres: ¿y si vamos al ballet?

La bella durmiente y las hadas encantadas

por el Ballet Metropolitano

C.C. Konex, Sarmiento 3131

Domingos, a las 11. Desde $ 220

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas