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Una turbulencia que confirma la depuración del país

Viernes 19 de mayo de 2017
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SAN PABLO.- La grabación publicada anteanoche por el diario O Globo destapó un tsunami de especulaciones, hipótesis y escenarios de posibles cataclismos que vuelven a empujar a Brasil al borde del precipicio. El gobierno actual, que poco a poco volvía a conducir a Brasil a la senda del progreso, se vio golpeado de sorpresa por un personaje inesperado.

Joesley Batista -luego de acomodar a su familia y, más que todo, a sus vastos negocios cárnicos de la gigante global JBS, con la justicia norteamericana- disparó el tiro de su delación. Se desploma la bolsa, explota el dólar. Saldo estimado del día: pérdidas de valor por sobre los 70.000 millones de dólares. Y 14 millones de desempleados brasileños que pierden parte de una esperanza que empezaban a vislumbrar en el horizonte de mediano plazo.

Un día después de la revelación de O Globo se publicó el audio que compromete a Michel Temer. Sus consecuencias serán determinadas por los tiempos rápidos de la política. También sus implicaciones judiciales. Brasil sigue con sus altibajos de los últimos tres años. Continúan la incertidumbre y la indefinición. Lo que es cierto es que, poco a poco, se depura Brasil. Se fortalecen las instituciones republicanas. Se contraponen los poderes constitucionales de manera que ya no es posible a cualquiera escapar de la criba de un sistema que, tarde o temprano, va a agarrar a los que intenten burlarlo. Ésta es la gran enseñanza del Lava Jato y sus operaciones asociadas.

El único remedio posible para la plena recuperación de la solidez brasileña vendrá de las elecciones generales de octubre de 2018. Allí se definirá el nuevo mapa electoral; se dibujará el nuevo pacto político-social y se apuntalará el nuevo camino económico. Eso sí: en escasos 18 meses, un sistema político de pocas décadas y una manera de hacer política de muchas décadas podrán ser reemplazados por un modelo nuevo y sin enfrentamientos.

Hasta entonces, la normalidad brasileña será no tener normalidad. El gobierno podrá mantenerse y conducir a las reformas. O podrá caer y despedazarse el frágil camino de la recuperación. La historia no termina en una grabación. Hay mucho más por venir. Aún queda mucha turbulencia por sufrir.

El autor es profesor en la Universidad de San Pablo

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