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Robos y fantasías en el mundo virtual

Sábado 20 de mayo de 2017
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PARA LA NACION
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Entre las recientes noticias de la industria del cine de esta última semana, hubo una sobre una película robada. Algo así como "piratas informáticos roban un film a Disney y piden rescate". La película en cuestión resultó ser Piratas del Caribe, quinta parte. Robar una película de hoy es robar un archivo sin siquiera tocarlo. La primera de la serie de los Piratas apareció en 2003 y, si bien tuvo procesos digitales en la edición, fue filmada y exhibida en 35 mm. Un robo de un archivo digital en ese año no significaba, al menos no como hoy, "robar una película". Robar una película, como esta de los Piratas, sin llevarse nada que pese en unas bolsas, es toda una imagen -o una imaginación- contemporánea.

Cuando en 1998 se hablaba de robo con acusaciones cruzadas en el momento de la aparición de Bichos de Pixar y Antz de Dreamworks, de lo que se discutía era del origen de las ideas. Y la animación digital, en esos tiempos, se volvía rotundamente física en pesadas latas de celuloide de 35 mm para poder ser exhibida en salas con proyectores "de los de antes". Cuando las películas tenían que exhibirse en copias así de caras y así de voluminosas, era poco probable que alguien tuviera la idea de exhibirlas en un festival como Cannes y luego retirarlas, no amortizarlas en salas de cine. Hoy lo que se exhibe en Cannes y en casi todo el mundo es un archivo digital, información contenida en algún servidor, y cuya fuente nadie va a poder mirar y sentir pena por no seguir utilizando: virtualmente sin peso, poco o nada táctil. Y volviendo a los Piratas del Caribe y su virtualidad como película, es curioso que Johnny Depp, cada tanto, aparezca en persona en la atracción de Magic Kingdom que dio origen a esta serie.

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