Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El subte de Nueva York llega hasta Buenos Aires

Sucesor del speakeasy Nicky Harrison, Uptown transmite su espíritu underground en música, ambiente y gastronomía

Sábado 20 de mayo de 2017
SEGUIR
LA NACION
0
El flamante bar nace con la idea de parecerse a un club neoyorkino
El flamante bar nace con la idea de parecerse a un club neoyorkino. Foto: Paula Salischiker

Entre todos sus portales mágicos, en Palermo hay uno que nos transporta hacia una dimensión desconocida. Un portal que conduce a quienes lo atraviesan a un lugar en el que ya se estuvo, presencial o virtualmente (con ayuda del cine, la tevé, de la literatura o de los álbumes ajenos de Facebook), alguna o varias veces en la vida: una estación de subte de Nueva York. Desde la calle, la escalera desciende hacia el pasillo atestado de publicidades y grafitis, un músico ambulante toca su guitarra con el estuche dispuesto a recibir colaboraciones y, justo antes de los molinetes, el cartel que localiza y define la dirección se erige en lo alto: Uptown & The Bronx. El tren espera en la estación, las puertas se abren pero el vagón está misteriosamente vacío y casi en simultáneo, las puertas enfrentadas también se separan para obligar el descenso y poner en evidencia que el verdadero destino de este viaje no es algún rincón muy vívido de los sueños ni el noreste de Manhattan, sino el interior de un nuevo bar.

Con una inmensa barra abarcando la totalidad de su pared del fondo, este reducto oculto de la ciudad acaba de inaugurarse bajo el denotativo de Uptown. Es un bar, tal vez otro de esos bares secretos o "speakeasy" que proliferaron en Buenos Aires durante los últimos años, pero también es este desplazamiento no planificado hacia el corazón de la Gran Manzana. La experiencia trasciende lo meramente gastronómico: alrededor de las mesas, la estructura replica una calle neoyorquina, con sus contradicciones entre lo clásico y moderno, negocios antiguos como una farmacia y pop-trash como un local de tatuajes La decisión de concretar este proyecto responde al ideal tal vez delirante de un grupo soñador pero también a las necesidades de una escena que está en constante mutación. "El público de bares en Buenos Aires no es el mismo que hace cuatro años, está más educado y se amplió mucho porque cada vez hay más lugares y movidas. Las propuestas de carta ya no conforman, al bar se va a buscar algo más", comenta Andrés Rolando, uno de los socios del lugar y también de Nicky Harrison, acaso el más representativo de aquella tendencia focalizada en la exclusividad del acceso. Distinto a su predecesor, Uptown intenta ampliar el target en cuanto a la situación de consumo, con precios más accesibles y opciones grupales, intentando atraer a sectores más jóvenes. "La idea es parecerse a un club neoyorquino".

Este híbrido nació cuando el hotel que se está construyendo en la misma dirección (Arévalo 2030, en la periferia de Palermo Hollywood) ofreció el espacio bajo tierra para construir una estación de subte de dimensiones "auténticas" en su ingreso, lo que le daría un carácter único a nivel global y eventualmente convocaría no sólo al público local sino también a los huéspedes internacionales. "Hay algo de lo underground que es atrayente, además del arte urbano como los grafitis, hay una mística alrededor del subte que no tiene otro medio de transporte. En todas las grandes ciudades del mundo, las líneas de subte son representativas de la cultura: Londres, Berlín, Tokio, Nueva York...", reflexiona Rolando. "Y no queríamos que ni el vagón ni la estación fuera una escenografía".

La experiencia también es gastronómica. El viaje (de)gustativo tiene dos recorridos dentro del perímetro de la isla. Por un lado, el menú (presentado en un mapa y segmentado por los barrios más significativos de Manhattan y Brooklyn), fue configurado por Dante Liporace, chef de la Casa Rosada. El chop suey en Chinatown, el "jewish lamb" en Williamsburg, los penne o tagliatelle en Little Italy se combinan con hamburguesas, "hot dogs" o las típicas "ribs" americanas y algunas opciones para compartir. Por otro, la carta de tragos diseñada por el bartender Luis Miranda simula un libro de ingeniería ferroviaria y se divide en zonas de la ciudad, tratando de traducir sus esencias en las copas y bebidas: el lujo y la exclusividad de Times Square en cócteles con whisky o cognac o el emblema del Rockefeller Center en tragos con gin, vodka o pisco.

En este teletrasporte hacia la metrópolis que no duerme ni descansa, el toque final y necesario lo experimentan los oídos: no se puede viajar a Nueva York sin escuc har a los más grandes referentes de la música negra. "A nivel musical, la idea es estar a la altura de los mejores bares de la urbe estadounidense, por eso siempre lo que suene tendrá raíces negras, a pesar de ser actual. Hip-hop, R&B, Post-dubstep con sus últimos representantes: Kendrick Lamar, Anderson Paak, Joey Badass, entre otros", define el musicalizador Rami Viamonte. En la cabina, toman las riendas DJ especializados como Stuart o Cata Spinetta.

Como en una mamushka de ciudades, Nueva York dejó de vivir metafóricamente en Buenos Aires para tener acá su rincón concreto y saciar, aunque sea de manera momentánea, la aspiración por conocer o volver, combatir la aerofobia, la nostalgia o la curiosidad.

No hacen falta boletos, sólo hay que bajar una escalera.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas