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¿Cómo exterminamos al resto de los humanos?

Sábado 20 de mayo de 2017
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La cuestión empieza así: parece que hace 100.000 años, al menos seis especies de humanos habitaban la Tierra. Hoy sólo queda una, la nuestra: Homo sapiens. ¿Qué pasó con el resto? ¿Cómo logramos imponernos en la lucha por la existencia? Yuval Noah Harari, que nació en 1979, nunca pensó que su libro, De animales a dioses, sobre la historia de la humanidad terminaría siendo un éxito rotundo en las librerías de todo el mundo y furor en Internet. Y no es para culparlo por este mal cálculo. ¿Desde cuándo los Homo sapiens del siglo XXI leen tanta historia en lugar de mirar Instagram?

Sucede que la que cuenta Noah Harari no es cualquier "historia" porque cuestiona todo lo que creíamos saber sobre el ser humano, sobre nosotros. Muchos estaban convencidos de la teoría de que el hombre evolucionó como una especie única a partir de un línea biológica. O sea, que los neandertales habían sido nuestros antepasados. Bueno, ocurre que no: los sapiens terminamos imponiéndonos al resto de las especies hasta extinguirlas. Y aquí viene lo polémico del revisionismo: si los sapiens liquidamos al resto de las especies estaríamos frente al genocidio más grande de la historia; pero si, por el contrario, nos nutrimos del entrecruzamiento con los otros homos, como consideran algunas corrientes científicas, podríamos alentar posiciones racistas.

Por ello -según desliza Noah Harari- a los hombres modernos, liberales y más progresistas, en realidad, nos conviene y resulta el mal menor avalar la teoría del exterminio que la del entrecruzamiento. Así podemos asegurar que todos somos sapiens iguales y punto, fin de la discusión. De todos modos, el tema del genocidio resulta algo., ¿cómo decirlo?, incómodo, ¿no?

"Aunque estos sapiens arcaicos tenían nuestro mismo aspecto y su cerebro era tan grande como el nuestro, no gozaron de ninguna ventaja notable sobre las demás especies humanas, no produjeron utensilios particularmente elaborados y no lograron ninguna hazaña especial", sostiene el autor. ¿Cómo matamos a todos los demás, entonces? Según el historiador, hace 100.000 años llegamos a Levante, un territorio neandertal, pero no conseguimos ni siquiera establecer una posición firme. Los nativos y belicosos neandertales nos expulsaron a África de donde proveníamos y quedaron (por un tiempito) como dueños del Cercano Oriente. El cambio o la debacle para los neandertales y todos los demás empezó a partir de aproximadamente hace 70.000 años cuando comenzamos a dominar todos los territorios del mundo. En ese período que alcanzó hasta hace 30.000 años, expulsamos a todas las otras especies homos de la faz de la Tierra.

La mayoría de los investigadores cree que estos logros sin precedente fueron el producto de una revolución en nuestras capacidades cognitivas. He aquí un punto fuerte del planteo de Noah Harari: no fue la aptitud de inventar nuevas tecnologías la que nos colocó en la cima, sino la capacidad de crear un relato de ficción. O sea, la idoneidad de hacerles creer a un gran número de pares que no tenían contacto íntimo entre sí, una narración sobre cosas que no existen, que no se ven, que no se pueden tocar. Otros animales, explica el historiador, pueden emitir llamadas como: "¡Cuidado!, ¡un león!", pero nosotros adquirimos la capacidad de decir: "El león es el espíritu guardián de nuestra tribu" o, más acá en el tiempo, "sociedades de responsabilidad limitada". ¡Eureka! Esta herramienta fue más poderosa que cualquier otra, a la hora de dominar el mundo y avanzar sobre territorios hostiles. "Todas las corporaciones humanas -expresó Noah Harari en una nota en LA NACION el año pasado- están basadas en historias ficticias: mientras todos crean en la misma ficción -sobre Dios, sobre LA NACION, sobre el dinero-, todos pueden cooperar. Los humanos son los únicos que tienen religiones, que se reúnen y construyen catedrales y mezquitas. Y lo hacen porque creen en una historia."

Una variante muy perniciosa y a la vez productiva del relato que engendramos es el "chisme". El historiador israelí, un hit de las famosas charlas TED, sostiene que la información fiable acerca de en quién se puede confiar significó que las cuadrillas pequeñas pudieran expandirse en tamaño y esto permitió que se desarrollaran tipos de cooperación más estrechos y refinados. Es decir que más importante que saber dónde se encuentra el león es conocer quién le teme al león, por qué y qué necesitaría para enfrentarlo. Así nació el periodismo, sostiene el autor del libro, y sigue siendo la base de las redes sociales con los posteos y las historias de los usuarios. No por casualidad Mark Zuckerberg eligió el libro de Noah Harari entre sus preferidos.

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