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Regreso con gloria para Pedro Sánchez, que volverá a ser el líder del PSOE

Tras el fracaso en las elecciones, se impuso a la favorita Susana Díaz; promete una oposición sin concesiones a Rajoy

Lunes 22 de mayo de 2017
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LA NACION
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El líder del PSOE, Pedro Sánchez
El líder del PSOE, Pedro Sánchez. Foto: Archivo

MADRID.- Renació de sus cenizas y regresó, triunfador, con el empuje de una venganza. Pedro Sánchez, el hombre que condujo al otrora poderoso Partido Socialista Obrero Español (PSOE) al peor resultado electoral de su historia, fue reelegido ayer secretario general para que lo lleve "a la izquierda y a la victoria".

En el mapa político nacional, el resultado de las internas en el socialismo no podría haber traído peor complicación tanto para el gobierno del conservador Mariano Rajoy como para la izquierda de Podemos.

Para Rajoy, porque Sánchez promete una oposición dura y sin concesiones. El presidente del gobierno, al que casi todos los días le estalla un nuevo caso de corrupción en el partido, se quedará, así, posiblemente sin interlocutor del otro lado del pasillo.

Para Podemos también es una mala noticia. Pese a que su jefe, Pablo Iglesias, saludó "la voz de la izquierda", en realidad le conviene mucho más el PSOE moderado y dialoguista que prometía la gran derrotada de la noche, la andaluza Susana Díaz.

Lo ocurrido ayer en el principal partido de oposición en España tiene tantas lecturas como paradojas.

Contundente, la victoria del hombre que, victimizado, se vio obligado a renunciar hace sólo siete meses, parece en línea con la rebelión de las bases contra las cúpulas que se aprecia en partidos políticos de buena parte de Europa.

Sánchez se impuso por una diferencia de diez puntos contra la andaluza Díaz, quien fue elevada a la posición de contrincante interna con el apoyo de los llamados "barones" del partido.

Todos ellos, con el ex presidente Felipe González a la cabeza, la vieron ganadora. Todos ellos perdieron. Incluidos el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero y apellidos de prosapia socialista como Pérez Rubalcaba, Guerra y Bono.

"La cúpula estuvo muy lejos de entender lo que quería la militancia", explicaban una y otra vez los seguidores del renacido Sánchez. El aparato partidario en pleno parecía en contra del muevo jefe y, aun así, se impuso sobre toda la maquinaria.

En lo interno, el PSOE sigue siendo una bomba de relojería en riesgo de estallido. En números redondos, el cómputo final arrojó que Sánchez obtuvo el 50 por ciento de los votos; Díaz, el 40, y el vasco Patxi López, el 10 por ciento.

Eso significa que una fuerte porción apoyó al hombre -Sánchez- que pactó con el radicalismo de Podemos, en una frustrada maniobra para impedir la llegada de Rajoy a la presidencia.

Del otro lado, una buena porción -el 40 por ciento- lo hizo en respaldo de la "abstención", la figura con que, finalmente, y adoptando "una posición de Estado", el PSOE terminó permitiendo la llegada de Rajoy al poder.

Entre uno y otro criterio hay un abismo. Pero las dos corrientes conviven dentro del partido de modo muy potente. Sobre esa tensión deberá trabajar Sánchez si quiere evitar que todo termine en fractura.

Las enemistades saltan a la vista. "El que no salta es susanista", gritaban ayer, en su festejo, los seguidores de Sánchez.

La andaluza no fue capaz de mencionar al nuevo jefe por su nombre. En su discurso de derrota habló del "nuevo secretario general" como si el apellido de Sánchez se le atragantara en la boca.

Como broche final de tanto encono, sólo por milagro se consiguió, al final de la noche, la llamada "foto de familia", en la que los tres contendientes posaron juntos.

Fue un momento fugaz y de sonrisa forzada. "El partido lo necesitaba", suspiró un viejo militante. La nueva era empieza hoy y, por cierto, no pinta fácil.

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