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En Las Mariposas, las mujeres se unen contra el maltrato y para defender sus derechos

Esta organización comunitaria agrupa a víctimas del machismo y, con el trabajo en común, las ayuda a superar el dolor, a ganar poder y a obtener recursos para independizarse

Lunes 22 de mayo de 2017
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LA NACION
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En Villa París, un asentamiento del partido de Almirante Brown, un grupo de mujeres tiene su lugar de encuentra
En Villa París, un asentamiento del partido de Almirante Brown, un grupo de mujeres tiene su lugar de encuentra. Foto: Victoria Gesualdi/ AFV

Sandra era una mujer cautiva: su pareja la encerraba en la casa para que no pudiera contarle a nadie de los golpes que soportaban ella y sus siete hijos. El único argumento que logró conmover al violento fue que los chicos no tenían para comer. Entonces, Sandra pudo, al fin, volver a caminar por las calles de Villa París, en Glew, y así llegó hasta la sede de Las Mariposas.

A Sandra la convencieron de que tenía derecho a dejar de ser una víctima. La acompañaron a radicar la denuncia y a buscar un refugio. Después, la escoltaron durante el regreso a casa, cuando la Justicia le dictó a su pareja la exclusión del hogar, una medida precautoria que se aplica en situaciones de extrema gravedad. Hoy, Sandra continúa con su proceso de empoderamiento porque sabe que cuenta con aliadas: mujeres que viven en ese mismo barrio del partido de Almirante Brown y que tienen las mismas penas que ella.

Las Mariposas de Villa París es una organización comunitaria con perspectiva de género que busca gestar la autonomía de las mujeres de una manera horizontal, desterrando cualquier práctica del patriarcado y sin dependencia de ninguna estructura política-partidaria o estatal.

La geografía -Villa París es un asentamiento que surgió hace 12 años en un contexto de toma de tierras fiscales- complica todo, porque se trabaja con mujeres en situación de exclusión social. "Muchas son inmigrantes o intentan escapar de la trata de personas y de la prostitución. Cuando se opera con mujeres de bajos recursos y en lugares donde la ley no llega la tarea es difícil, repleta de avances y de retrocesos. Sin embargo, cuando empezamos con esta tarea éramos sólo cuatro o cinco compañeras y ahora somos alrededor de cuarenta", cuenta Marta Alegre, una de las fundadoras de la organización.

Las primeras reuniones, recuerda Marta, fueron a principios de 2010, cuando todavía no tenían una sede. En esos tiempos alguna vecina prestaba su patio o sacaba las sillas a la vereda. La idea inicial era fomentar la cultura en el barrio, armar talleres de murga y de teatro, pero muy pronto asomaron necesidades más urgentes.

"Compartiendo nuestras experiencias nos dimos cuenta de que habíamos naturalizado la violencia y el maltrato. Así tomamos conciencia de que los derechos de las mujeres no se cumplían y que debíamos ser nosotras las gestoras de que se empezaran a cumplir. Fue como un despertar", sostuvo Alegre.

El nacimiento

Lo que siguió fue la organización: bingos, ferias americanas y venta de pan y de tejidos en la plaza de Glew. El impulso que tomaron fue tan grande que no pasó mucho tiempo hasta que se llegó a la creación de una cooperativa.

"Hacíamos de todo, desde un taller de apoyo escolar hasta gestionar microcréditos para la gente del barrio, desde conseguir la leche para una madre que no tenía para darles a sus hijos hasta obtener heladeras o máquinas de coser para la comunidad boliviana", repasa Marta.

Finalmente, en ese mismo 2010, el 25 de noviembre -fecha en que se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer-, Marta y sus compañeras decidieron bautizar a la organización en homenaje a las hermanas Patricia, Adela y Minerva Mirabal, asesinadas en 1960 por orden del dictador dominicano Rafael Trujillo, acusadas de formar parte de la resistencia al régimen de esa nación caribeña. Ellas, en la clandestinidad, se hacían llamar Las Mariposas.

Cada miércoles, en la sede de Las Mariposas, hay asamblea. Ningún hombre puede participar porque, justifican desde la organización, "se hablan temas íntimos y la confianza entre las mujeres es mayor".

Lamentablemente, la violencia machista es un tópico que se repite todas las semanas. "Dejamos que cada compañera se exprese y tratamos el tema interdisciplinariamente, porque en el grupo hay psicólogas, trabajadoras sociales y médicas. Pero no ofrecemos ayuda mutua porque, al estar dentro de un barrio, estigmatizaríamos a las mujeres, incluso podría ser peligroso para el resto de las compañeras ante maridos violentos que podrían pensar que allí se les da «letra» contra ellos. Por eso intentamos abarcar la cuestión de la violencia de una manera amplia, con proyectos que tengan por objetivo empoderar y elevar la autoestima de estas mujeres, para que puedan correrse del lugar de víctimas y saber que tienen derechos", explica Marta.

La locura asesina ha dejado secuelas en Las Mariposas. Tanto Marta como "Loli", otra de las históricas (ver recuadro), perdieron a alguien de su familia y luchan para que otros no sufran lo mismo. La sobrina de Marta, Analía Oliveira, tenía 24 años. El 9 de agosto de 2014 salió de su casa, en Tristán Suárez, para ir a una fiesta. Nunca volvió. Según la Justicia, la descuartizaron. Unos días después de su desaparición la policía encontró unas piernas enterradas cerca del cementerio de Tristán Suárez. El cotejo de ADN confirmó que eran de Analía, pero la familia cree que hubo irregularidades de parte de la fiscalía y todavía espera una respuesta.

"Siempre va a quedar la duda -dice Marta-, porque mi sobrina no tenía ningún cicatriz ni tatuaje para identificarla. Pedimos un segundo ADN, pero hasta hoy nunca llegó. Para nosotras está viva en una red de trata y la seguimos buscando porque no nos cierra lo que dicen: Analía era más que dos piernas."

Una carencia

Falta más apoyo estatal

Ellas conocen mejor que nadie qué se siente, cuál es el peso indescriptible del drama que enfrentan a diario, con el enemigo dentro de sus hogares. Saben, también, lo difícil que es dar ese primer paso, el de ir en busca de ayuda. Experiencias como las de Las Mariposas son conmovedoras y merecen todo tipo de apoyo. Pero, al mismo tiempo, desnudan una gran carencia histórica: la del Estado. Los esfuerzos gubernamentales todavía están atomizados y se carece de sólidas bases de información para tener una radiografía cabal de la problemática. Tanto así que hasta ahora la estadística más confiable sobre femicidios, por ejemplo, ha sido la que realiza una ONG. Mientras la red de ayuda estatal no se esparza y sea eficiente, otras "mariposas" serán las custodias de las mujeres en peligro.

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