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La Cosa Nostra contra los inmigrantes

La mafia siciliana muestra su lado más xenófobo ante los africanos recién llegados, al mismo tiempo que busca sumarlos a sus negocios

Migrantes aguardan el desembarco en Catania. Tras una larga travesía, deberán enfrentar el racismo y cuidarse también de las mafias africanas que crecen en el sur de Italia
Migrantes aguardan el desembarco en Catania. Tras una larga travesía, deberán enfrentar el racismo y cuidarse también de las mafias africanas que crecen en el sur de Italia. Foto: Jean Jérôme Destouches / Hans Lucas
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PARA LA NACION
Domingo 28 de mayo de 2017
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PALERMO

En Sicilia, los padrinos de la Cosa Nostra (Nuestra Cosa) aprovechan el fenómeno de los barcos fantasmas repletos de inmigrantes africanos que llegan a esta isla volcánica paradisíaca para convertirlos en esclavos o socios del crimen organizado.

Aunque una nueva relación ilícita se estableció entre ellos, la Cosa Nostra teme perder el control sobre las mafias africanas y ser un día reemplazada. Las tensiones nacionalistas y territoriales de la mafia siciliana llegaron a su paroxismo cuando Yusupha Susso, un joven traductor refugiado de Gambia, recibió un balazo en la cabeza en una avenida de Palermo, en 2016, por el mafioso Emanuele Rubino. Después de semanas entre la vida y la muerte, Yusupha sobrevivió.

Seguramente, Yusupha pensaba que ya había vivido lo peor después de cruzar durante dos años miles de kilómetros desde su humilde Gambia natal, evitando robos y torturas, antes de llegar a una Libia en guerra para tomar un barco deteriorado con centenas de inmigrantes amontonados y desesperados a bordo, para llegar a la pequeña isla italiana de Lampedusa el 15 de diciembre de 2012. A pesar de sus jóvenes 16 años, no sintió ningún miedo. La determinación para salir de la pobreza y volver a encontrar a sus hermanos que viven en Italia lo guió siguiendo una ruta que llevó a miles de personas a la muerte. Pero no imaginaba que cuatro años después, a plena luz del día, iba a recibir un disparo en la famosa vía Maqueda, el epicentro de la actividad turística de Palermo donde los refugiados se instalaron e intentan asimilarse a la cultura italiana. Minutos antes del ataque, del 2 de abril de 2016, Yusupha había acompañado a su compatriota y amigo Mohamed a la peluquería. Volviendo a sus casas respectivas, un hombre en bicicleta eléctrica atropelló a propósito a Mohamed. Este se torció de dolor antes de gritar: "¡Me lastimaron!" El llanto de Mohamed paralizó a turistas y transeúntes bajo la impasible mirada del hombre de la bicicleta eléctrica, que respondió a la queja de Mohamed y de Yusupha con un "negros de mierda" antes de violentamente pegarle a Mohamed con su casco. "Cuando intenté levantar a mi amigo -dice Yusupha por teléfono desde un lugar secreto en Europa donde se esconde de las mafias-, una pandilla de 10 personas nos enfrentó y tres tipos me saltaron encima para pegarme. Mohamed y yo logramos escaparnos evitando muchos golpes y mientras huíamos escuchábamos gente del barrio decir: «¡Mátenlos! Viven acá para robar nuestro trabajo»".

En Sicilia, la tasa de desempleo de los jóvenes italianos alcanza el 42% y, ante la llegada masiva de inmigrantes (más de 1000 por semana) que se instalan en centros financiados con dinero público de la Comunidad Europea y el Gobierno italiano -en general, desviado por las mafias italianas como la Cosa Nostra y la 'Ndrangheta, que logran manejar estos centros-, las actitudes racistas crecen.

Mientras Yusupha y su amigo Mohamed corrían asustados, un hombre de 29 años perteneciente a la pandilla, Emanuele Rubino, conocido por todos los comerciantes de la zona por pedirles pizzo -la tradicional coima que los comerciantes tienen que pagar a la familia para tener el derecho de trabajar- entró a una casa a buscar una pistola. Volvió a la calle con el arma en la mano y, con tranquilidad, entre los turistas preocupados por tomarse una selfie delante de estatuas romanas de color ocre, mientras las cámaras de seguridad de la ciudad lo filmaban, alcanzó a Yusupha y le disparó en el costado de la cabeza, provocando escenas de pánico. "Sentí un dolor increíble, me agarré la cabeza con mis dos manos gritando y me desmayé en mi sangre. Estuve en coma durante dos semanas y desperté sin darme cuenta de lo que me había pasado. ¡Solamente Dios pudo haberme salvado!", cuenta este joven gambiano de 21 años que sigue sufriendo de dolores importantes en la cabeza. Después del balazo, Rubino volvió a su casa caminando. Fue detenido dos semanas después. En plena noche, fue transportado esposado de su domicilio a la sede de la Policía de Palermo, cerca de la Villa Bonnano. Cuando dieron la orden de transferirlo a la cárcel, su familia pegada a la puerta de la policía le rindió un homenaje acompañándolo con llantos y aplausos dignos de una commedia dell'arte, todo un símbolo de las familias mafiosas a sus condenados.

Foto: Jean Jérôme Destouches / Hans Lucas

Con Emanuele Rubino en prisión, Yusupha fue amenazado durante la primera audiencia del juicio: "No queremos volver a ver tu cara por acá", gritó un miembro de la familia, según cuenta Giuseppe Centineo, el abogado de Yusupha que trabaja sobre numerosos casos de violencia en contra de refugiados. Según él, Rubino podría cumplir una pena de sólo cinco años porque Yusupha sobrevivió. El abogado del mafioso busca una reducción de pena argumentando que Yusupha inició una pelea y que Rubino buscó la pistola para protegerse. Basta ver el video de la Polizia di Stato para darse cuenta del comportamiento mafioso de Rubino, disparando con tranquilidad y gritando al mundo: "¡Este barrio es mío!"

Foto: Jean Jérôme Destouches / Hans Lucas

EL AVAL DE LOS PADRINOS

Frente a la llegada masiva de inmigrantes y del crecimiento de pandillas africanas como la famosa Black Axe (Hacha Negra), las mafias sicilianas se vuelven más agresivas. Temen el "gran reemplazo", una teoría de los partidos políticos e intelectuales de extrema derecha que establece que el pueblo europeo será un día reemplazado por las comunidades extranjeras. Es un temor que las mafias también toman muy en serio. En la ciudad de Torino, por ejemplo, la mafia local no manda más. La Black Axe es ahora la mafia de referencia en esta zona de Italia del Norte.

En cuanto al joven gambiano baleado, según la policía no tenía nada que ver con las pandillas africanas. El intento de homicidio en su contra fue puramente racista de parte de un mafioso acostumbrado a extorsionar y aterrorizar a refugiados.

Cerca de la Estación Central de Palermo, a unos metros de la vereda aún manchada con sangre de Yusupha, tengo que reunirme con la Asociación Addiopizzo, una entidad creada en 2004 por estudiantes para luchar contra las extorsiones a los comerciantes de parte de la Cosa Nostra. Hoy, esta asociación reúne a más de mil comerciantes de Palermo, para que ninguno de ellos se quede aislado frente a la mafia. En 1991, un hombre de negocios llamado Libero Grassi fue asesinado por la Cosa Nostra en Palermo por su rechazo a pagar pizzos. Estaba solo y es justamente lo que Addiopizzo quiere evitar para proteger a los comerciantes de la zona.

Lo que relaciona a los miembros de la asociación con el caso Yusupha Susso es que son precisamente ellos que, en colaboración con comerciantes extorsionados, permitieron el arresto de siete miembros de la familia del mafioso Emanuele Rubino en mayo de 2016, unas semanas después del ataque a Yusupha. Rubino y su familia manejaban toda una zona de Palermo, pidiendo aproximadamente 40 euros por semana de pizzo a comerciantes de origen bangladesíes aterrorizados por la violencia de esta familia mafiosa directamente vinculada a la Cosa Nostra.

"Para poder trabajar como mafia en una zona de la ciudad es imprescindible ser autorizados por los padrinos de la Cosa Nostra", me cuenta Daniele Marannano en las oficinas de Addiopizzo que antes pertenecían a la Cosa Nostra y que les fueron confiscadas por la justicia italiana en su lucha contra las mafias. Una lucha que llegó a su paroxismo cuando los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino fueron asesinados con bombas, por la Cosa Nostra en 1992, cuando la ciudad se parecía más a un Beirut en guerra, con soldados antimafia en la calle, que al paradisíaco destino turístico que hoy conocemos.

"El problema que siempre tuvimos en Italia es que el pizzo y la mafia son parte de la cultura del país. Logramos convencer a 10 comerciantes bangladesíes de la vía Maqueda de testimoniar en el juicio que la familia Rubino los extorsionaban y amenazaban. Uno de ellos, que era dueño de un money transfer, tenía su negocio siempre cerrado y disponía de una multitud de cámaras para protegerse. Cuando Rubino y su familia fueron encarcelados, él volvió a vivir."

Le pregunto a Ermes Riccobono, otro miembro de Addiopizzo, si según él la Cosa Nostra y los refugiados podrían llegar a una guerra entre sí. Sentado al lado de un mural cubierto de papel diario donde se destacan mafiosos detenidos por la policía, Riccobono suspira antes de responder: "Es difícil afirmar que la Cosa Nostra les declaró la guerra a los inmigrantes. Lo seguro es que la Cosa Nostra hoy tiene relaciones con la mafia nigeriana. Hace un par de meses las autoridades detuvieron a muchos miembros de la mafia nigeriana."

El barrio de Ballarò, escenario de conflictos
El barrio de Ballarò, escenario de conflictos. Foto: Jean Jérôme Destouches / Hans Lucas

De camino al Palazzo di Giustizia, en cada rincón de la ciudad se puede ver la multitud de inmigrantes de origen mayormente bangladesí y nigeriano que intentan sobrevivir en Sicilia recolectando lo que la gente deja, para cargarlo en los techos de camiones, ajustado con cuerdas. Palermo vive el mismo proceso que la mayoría de las ciudades europeas que reciben miles de inmigrantes, pero la poca industrialización en Sicilia impide dar mucho trabajo a inmigrantes, que tienen que arreglárselas y, en algunos casos, caer en actividades ilícitas. Según las estadísticas oficiales, 30.000 inmigrantes legales están radicados en esta ciudad. La cifra no incluye a los ilegales ni a los que están en el Sistema de Protección para los Solicitantes de Asilo y Refugiados (SPRAR, en italiano), creado en 2002. Sí, aunque se hable mucho de la crisis de los refugiados desde el inicio del conflicto sirio, hace más de 15 años que inmigrantes de la África subsahariana se ahogan en el Mediterráneo y sus cuerpos inertes derivan hacia las costas. Un genocidio del cual nadie se hace todavía cargo.

En plena luz del día, atravesando el barrio de Ballarò -donde muchos inmigrantes se concentran-, justo detrás de los lujosos e históricos palacios, un chico se acerca para ofrecerme droga. Sigo mi camino. No pasan más de cinco minutos cuando al lado de un comerciante que vende especias, un hombre de unos treinta años saca de su blusa una bolsita de lo que parece ser cocaína para dársela a otra persona. Uno de ellos me barre con la mirada como si dijera: "¿Tenés un problema?" Por lo visto, la gente parece acostumbrada al tráfico diario de droga en el mercado de Ballarò por parte de mafias africanas. Una mujer de Costa de Marfil, que se detuvo con su hijo para acariciar un gato, me advierte que tenga mucho cuidado: "Esta zona es controlada por los Black Axe".

El intendente Leocula Orlando combate a la Cosa Nostra desde que ganó su primera elección, en 1985, pero desestima el poder de la mafia africana y también el racismo
El intendente Leocula Orlando combate a la Cosa Nostra desde que ganó su primera elección, en 1985, pero desestima el poder de la mafia africana y también el racismo. Foto: Jean Jérôme Destouches / Hans Lucas

En el Palazzo di Giustizia me encuentro con el fiscal antimafia Calogero Ferrara en su oficina ultraprotegida. Aunque la Cosa Nostra no mata como hace 20 años (desde 1861 se le atribuyen 526 asesinatos), el riesgo sigue presente. "En 2016, detuvimos a 24 miembros de la Black Axe en Palermo por tráfico de droga, extorsión y prostitución -dice el fiscal mientras fuma un habano-. Por primera vez nos enfrentamos a una organización mafiosa diferente a lo que conocíamos en Italia del Sur. Es cierto que crecen en Sicilia, pero la Black Axe es todavía controlada por la Cosa Nostra. Tienen que pagarle el derecho de trabajar en Palermo y no pueden tener armas de fuego: usan hachas o navajas. De esa manera, la Cosa Nostra los sigue controlando. En Sicilia, a la Cosa Nostra le conviene esa nueva relación que le permite ganar millones con el tráfico de refugiados y de manera indirecta con la prostitución", una actividad que solía ser prohibida por el código de honor de la Cosa Nostra por considerarla impura. No obstante, las mafias africanas como la Black Axe les permite lucrar con la prostitución sin involucrarse directamente.

Osas Egbon, ex prostituta que defiende a las inmigrantes
Osas Egbon, ex prostituta que defiende a las inmigrantes. Foto: Jean Jérôme Destouches / Hans Lucas

"Las mafias cobran muchísimo con el tráfico de personas. Es necesario pagar entre 30.000 y 60.000 euros para cruzar el mar mediterráneo y llegar a Europa", me dice enojadísima Osas Egbon, ex prostituta y presidenta de la Asociación de las Mujeres de la Ciudad de Benín, un bar multicultural de Ballarò. Es una asociación creada para sacar a las chicas de la calle. El 90 % de las chicas engañadas y prostituidas en Italia son de esa ciudad nigeriana. "Antes de su migración, las madame embrujan a las chicas con magia africana tomando pelos de axilas o sangre de menstruación para que paguen deudas que nunca se terminan." ¿La Black Axe? Ella conoce muy bien a esta pandilla creada en Nigeria por universitarios para protegerse entre ellos, pero no quiere ni hablar de esta mafia. Varias personas nos escuchan y una sensación de miedo nos invade.

"Para la mafia, los inmigrantes es mejor negocio que la droga -dice Adham Darawsha, un doctor palestino expresidente de la Consulta delle Culture de Palermo-. Tenemos miles de niños de 9 a 15 años que llegaron en barcos y que son después usados por la mafia. En 2016, la municipalidad dirigida por el intendente Leoluca Orlando sugirió al Gobierno italiano medidas particulares para protegerlos de las mafias."

¿Hasta cuándo la Cosa Nostra dominará a la mafia nigeriana, que no para de crecer con la llegada de refugiados? ¿Qué pasará con jóvenes como Yusupha Susso si la xenofobia no se detiene? ¿Deberá él también unirse a una mafia africana para sobrevivir? Son muchas preguntas aún sin respuestas.

Foto: Jean Jérôme Destouches / Hans Lucas

El intendente de Palermo, Leocula Orlando, me recibe en su lujosa oficina, minimiza la importancia de las mafias africanas y evita sutilmente el tema. "Estamos orgullosos de nuestra cultura. A mis 30 años, nunca había visto un extranjero en Palermo porque, cuando la mafia gobernaba la ciudad, los inmigrantes no entraban. Hay nigerianos mafiosos como hay franceses o italianos mafiosos. Hoy, Palermo es una ciudad turística orgullosa de acoger los inmigrantes y siempre estaremos de su lado."

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