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Amor animal

Cuidar el medioambiente y proteger a los animales no es solo cuestión de dieta: la corriente cruelty free, que brega por un mundo libre de crueldad para con todo ser vivo, se extiende también a las industrias de la moda, la cosmética y la decoración

Lunes 22 de mayo de 2017 • 17:57
Una vida vegana no contempla solo no comer seres vivos, sino también no consumir ningún producto que haya implicado un daño para ellos, desde camperas y muebles de cuero a cosméticos con testeos en animales
Una vida vegana no contempla solo no comer seres vivos, sino también no consumir ningún producto que haya implicado un daño para ellos, desde camperas y muebles de cuero a cosméticos con testeos en animales.
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En su adolescencia, Gabriela Surkin decidió convertirse en vegana por razones ideológicas. La suya era una casa y una familia donde siempre se habían amado los animales, y era común que rescataran perros de la calle. Sin embargo, con el paso del tiempo, cambiar su alimentación no le resultó suficiente. Cada vez que elegía unos zapatos o una campera de cuero de su ropero para vestirse, sentía una punzada de contradicción. Pero por más que investigaba el mercado, no encontraba opciones con las que reemplazar estas prendas. Y así fue que decidió capacitarse para abrir su propio emprendimiento. "Miist nació como una fusión entre moda y cuidado animal. Bajo el concepto cruelty free, los productos son confeccionados con materiales sin componentes animales", explica.

El gran interés y la demanda con los que se encontró Gabriela hablan de un fenómeno muy noble en alza: cada vez son más los que quieren asegurarse de que ningún animal o ser vivo haya sido dañado en el proceso de creación del producto que compran. El consumo vegano, inspirado en el amor y el respeto hacia aquellos seres con los que compartimos el mundo, felizmente, está ganando cada vez más terreno. Además de en la alimentación, hoy pisa fuerte en la moda, la cosmética y la decoración, entre otras industrias que han comenzado a dar respuesta a esta preocupación de la sociedad.

Vestirse con amor

Además de en la gastronomía, la moda es uno de los espacios donde más ha proliferado esta filosofía. Aquí se busca modificar no solo el uso del cuero y las pieles, sino también la lana, la angora y las plumas. La propuesta es reemplazar estos materiales por otros como cuero sintético, nylon, poliéster, algodón, microfibras o cáñamo, e incluso se está estudiando cómo duplicar científicamente la piel de animal, a fin de lograrla mediante bioimpresiones.

Sin embargo, este cambio de conciencia toma tiempo. "Tuve que pelear mucho contra los prejuicios de que si un zapato no es de cuero no es bueno o la creencia de que el cuero de los productos es biodegradable. Esto último es, sobre todo, desacertado, porque no puede ser utilizado en su estado natural y los tratamientos que se le realizan para que no se pudra convierten a las curtiembres en una de las empresas más contaminantes del mundo, y al cuero en un material que tarda muchísimos años en descomponerse", agrega Surkin. El apoyo de las grandes marcas es uno de los puntos más favorables de los últimos años. La alianza de Stella McCartney con la organización PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), por ejemplo, fue un gran avance.

Belleza consciente

Es posible tener cosméticos de excelencia sin testeo en animales ni ingredientes de tal origen, una de las premisas de la vida vegana
Es posible tener cosméticos de excelencia sin testeo en animales ni ingredientes de tal origen, una de las premisas de la vida vegana.

Otra industria que de a poco va sufriendo modificaciones y repensando su conciencia es la de la cosmética, que en muchos casos presenta productos nuevos a costa de dolorosas experimentaciones en animales. Por eso, varias marcas tomaron nota y se aprestaron a hacer una diferencia. Una de las más fervientes en este camino es Weleda, compañía suizo-alemana que data de 1921 y desde sus inicios asegura desarrollar cosméticos naturales y orgánicos. "Weleda participa de todo el proceso de elaboración de sus productos, desde la cosecha de la materia prima hasta su formulación. Utiliza cerca de 1000 materias primas naturales cultivadas sin químicos sintéticos ni OGM para la elaboración de cosméticos sin conservantes, fragancias sintéticas, ingredientes derivados del petróleo y, por supuesto, sin testeo en animales", describe Isabel Escalante, responsable de marketing de la empresa. Y entre su amplio espectro de productos, casi la totalidad pueden ser usados por la comunidad vegana, dado que son exclusivamente de origen vegetal (algunos pocos cuentan con ingredientes de origen animal, pero que se obtienen de forma no invasiva, como la cera de abejas). De hecho, la marca adhiere a la certificación Natrue, el sello de cosmética natural y orgánica más exigente de Europa.

Enteramente argentina, la marca Roses are Roses también se hace eco fuerte de este movimiento. "Todos nuestros productos son elaborados con esencias naturales, libres de parabenos y no testeados en animales. Esto es así desde nuestros comienzos, en 2009, y nos pone muy orgullosos, porque hay muchas marcas que dicen cosas sobre este tema, pero que en verdad no hacen nada al respecto", apunta con vehemencia Andrea Frigerio, su creadora, que de joven incluso supo estudiar Biología y se apasiona con este tipo de temas. "Hice Roses are Roses a mi medida, así que todo lo hago muy a conciencia. Testeo en mí misma, así que imaginate que no me pongo nada tóxico. La línea de bebés, por ejemplo, la hice cuando nació mi primera nieta, Olivia, y todo fue probado en ella. Hoy también la usan Ramón y Jacinta, sus hermanos", ilustra. Así, además de no testear en animales, tampoco utilizan componentes de tal origen ni relacionados con hidrocarburos. En ese camino, sus esencias, son en su mayoría naturales y provienen de Francia, y solo algunas suman unos componentes químicos. "Sintético no significa malo, significa hecho en un laboratorio, con esencias vegetales emuladas. Chanel nº5, por ejemplo, es absolutamente sintético desde su origen", explica Frigerio. Sus velas, en tanto, no son de parafina sino de aceite de soja, siendo las únicas del mercado local con composición orgánica. Y aunque les costó mucho conseguir este tipo de insumos y al inicio debían importarlos, de a poco van encontrando aliados que generan también este tipo de materiales y alimentan esta corriente de amor animal (y ambiental).

Similar filosofía despliega Veganis, una línea de belleza sustentable que cree que "la cosmética vegana no es solo asunto de veganos". Por ello, sus productos no se testean en animales ni contienen ingredientes de tal origen. "Además, tienen entre sus componentes activos vegetales orgánicos, son libres de parabenos y aptos para celíacos", ilustran, al tiempo que defienden su propuesta contando que están en contra del uso de agroquímicos como herbicidas y pesticidas, "que perjudican la tierra contaminando los cultivos, las producciones, las semillas y su ecosistema, y también la salud de los agricultores y las personas que viven en los alrededores".

Tu casa también

Finalmente, la decoración es otra industria que va aggiornándose al compás de este nuevo paradigma. Si bien con menos rapidez que en otros rubros (renovamos nuestro placard o ítems de cosmética con más asiduidad que los objetos y muebles de nuestra casa), aquí también se está gestando un cambio.

En decoración, esto quiere decir evitar el cuero, la piel, la seda, el hueso, las plumas y hasta la lana, y reemplazarlos por sus variantes sintéticas. Por caso, suplantar una alfombra de lana por una de yute o un almohadón de seda por uno de algodón, o preferir un sillón de arpillera o lino en vez de uno de cuero. Como dato de color, la compañía Herman Miller planea lanzar este año sus clásicas sillas Eames en cuero vegano.

En este ámbito, a esta corriente se la llama "diseño interior humano", y los decoradores que la pregonan aseguran que resulta en una energía mucho más agradable y pura en los ambientes. En Estados Unidos, donde esto está bastante más arraigado, la diseñadora Deborah Rosenberg es un ícono del tema y sostiene que "la casa donde vivimos debería hacer tres cosas: reflejar quienes somos, sacar lo mejor de nosotros y contribuir a un mundo mejor". Con eso en mente, su compañía, DiMare Design, ambientó múltiples oficinas, hoteles, negocios y casas particulares de sumo confort. "Si puedo llamar la atención sobre el inhumano trato que reciben los animales demostrando que se pueden crear interiores de lujo sin ponerlos en peligro, estoy haciendo mi parte", apunta. Su veta distintiva radica también en crear espacios óptimos en cuanto a bienestar y salud, aprovechando la ausencia de elementos animales para, por ejemplo, eliminar el riesgo de alergias o mejorar las condiciones para personas con autismo.

La suya y la de los diseñadores en este camino, entonces, es una misión tanto de cumplir con lo que el cliente les pide como de educarlo. Y es que habiendo tantas otras alternativas y con el avance de la tecnología de nuestro lado brindando cada vez más posibilidades, ¿por qué poner en riesgo otras especies? Porque además, lo más probable es que en el camino también estemos arriesgando el equilibrio natural de la nuestra.

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