Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Tráfico de animales: desarticulan cinco puntos de venta clandestina en Buenos Aires

El domingo, en una redada hecha por varias fuerzas, se incautaron 205 animales destinados a la venta clandestina en cinco puntos de venta en los alrededores de la feria de Pompeya

Lunes 22 de mayo de 2017 • 18:29
Dos teros y un lagarto que viajaron juntos
Dos teros y un lagarto que viajaron juntos.
0

A las tortugas las cazan a pala y cavando, método que se lleva puestas a varias de ellas. A los pájaros, pueden mandarlos completos, en jaulas o cajas, o mutilados, sin alas, para que no escapen. A los monos los meten en termos, y les quiebran los brazos para que entren. El comercio ilegal de animales implica la caza y el tráfico clandestino, impiadoso, destructivo: durante el transporte, muere más del 70% de los animales capturados.

El domingo, en una redada hecha por varias fuerzas, se incautaron 205 animales destinados a la venta clandestina en cinco puntos de venta, circundantes de la feria de Pompeya, en la ciudad de Buenos Aires.

"Te podés comprar un elefante"

El operativo se suma a otro, realizado hace 13 días, cuando en dos allanamientos en el mismo barrio secuestraron 76 animales, entre los que había pájaros como el rey del bosque (especie amenazada de extinción), halcón plomizo, corbatitas comunes, jilgueros blancos, jilgueros amarillos, diucas o auroras, cardenales rojos, un celestino y cabecitas negras. También había lagartos. Toda fauna autóctona, cuya comercialización está prohibida.

Tortugas en oferta
Tortugas en oferta.

"Si llegó un ejemplar de rey del bosque, es porque murieron unos 10 más en el camino", ilustra Enrique Del Carril, Director del Cuerpo de Investigaciones Judiciales de los Fiscales de CABA (CIJ), una suerte de CSI porteños o policía científica. "Alrededor de la feria, te podés comprar un elefante", exagera Del Carril, para indicar que el tráfico de animales (cuarto negocio clandestino más redituable a nivel mundial) tiene allí un mercado bien asentado.

"La feria de Pompeya es legal, pero sus inmediaciones son aprovechadas como lugar referente por las organizaciones clandestinas dedicadas al tráfico de animales", afirma Del Carril. Las investigaciones incluyen a expertos encubiertos. Uno de ellos, cuyo nombre queda en reserva, dice a La Nación: "Si hoy capturamos 205 animales, calculamos que habían despachado 650 más, que murieron en el camino".

El cargamento secuestrado en esta redada tiene un valor de mercado de alrededor de 100 mil pesos.

Tráfico interprovincial

El 90% del tráfico que llega a Buenos Aires procede del norte del país. Los lagartos overos son propios de la zona mesopotámica y se venden a 700 pesos.

Este tráfico interprovincial clandestino de fauna supera lo nacional e incluye ejemplares procedentes de países vecinos, especialmente de Brasil, Uruguay y Paraguay. También de Bolivia, de donde suelen "bajar" monos y guacamayos chloroptera (conocidos en la jerga clandestina como "los de San Lorenzo"), de colores rojos, blancos y verdes.

También, los "boquenses" o ara ararauna (azules y amarillos, procedentes de la selva misionera limitante con Paraguay). Las tortugas de tierra provienen casi en su totalidad de Santiago del Estero; se venden en 500 o 600 pesos, aunque ayer estaban de oferta: 2 x 500. "No quieren quedarse con animales para alimentar. Además, llega el invierno y el tiempo de hibernación, y eso los complica", dicen desde la CIJ. Los ejemplares son transportados en cajas y jaulas en el doble fondo de camiones o automóviles.

Un rey del bosque enjaulado
Un rey del bosque enjaulado.

¿Rutas liberadas?

¿Existen rutas liberadas para este tráfico interprovincial clandestino? Los investigadores no afirman ni niegan. "Hay muchos controles de Gendarmería en el Interior", responden, aunque "así y todo, pasan, como la droga. Es probable que haya complicidad policial, actos de coimas cuando los cargamentos son detectados. Esto se suma a la poca conciencia social acerca de la gravedad del tema. No hay conciencia ambiental y conservacionista".

Las penas que establece la ley nacional 22.421 de Conservación de fauna silvestre tampoco ayudan: las condenas por los distintos tipos penales no superan los 4 años. Los artículos 24 a 29 de esta ley establecen las penas y multas, focalizadas especialmente en caza furtiva y en los comercios que vendan sin permiso. En cuanto al "maltrato animal", se castiga con 15 días a un año de prisión, excarcelables. Por ello, los fiscales procuran realizar investigaciones a largo plazo, y detectar a la organización más que a los vendedores finales. O calificar contrabando cuando se detectan aves procedentes de Brasil, una figura que agrava las penas".

"No quiero un futuro de hologramas"

El daño de este tráfico y venta clandestina de animales va mucho más allá de un daño al Estado por comercio irregular. "Las aves tienen su hábitat natural. Al ser transportadas y comercializadas fuera de este, se producen desadaptaciones que pueden llevarlas incluso a la muerte. Y daños al ecosistema", explica a La Nación el guardafauna Ricardo Rivollier, encargado de la reserva natural El Potrero, en Entre Ríos, lugar caracterizado por la protección de aves.

"Las condiciones ambientales diferentes las afectan y pueden generar una descendencia no resistente a esas condiciones climáticas, o cambios en sus características, o que no haya ciclo reproductivo ese año", agrega. El corredor vial 18 (ruta nacional 14) es uno de los más utilizados para el tráfico de aves, que pueden ser ingresadas en doble fondo de camiones en Brasil, o cruzar desde Paraguay y bajar rumbo a puertos de salida en Uruguay y Argentina, explica Rivollier. "Se prefiere llevarlos en barcos más que en aviones, por las condiciones de presión. En Europa, pagan hasta 2 mil euros por un pájaro en extinción como el Rey del bosque". Otras fuentes apuntan a 15 mil dólares en el circuito porteño por un guacamayo.

"Como guardafauna, tengo muy claro que la naturaleza no es mía solamente sino de los que van a venir. No podemos apropiarnos de ella, sino convivir, usarla y cuidarla, y garantizar su preservación por derecho de los que vendrán", sostiene. "No quiero en el futuro hologramas para explicar lo que tenemos hoy. Sería un vacío cultural y biológico profundo con daños naturales irreparables".

Por Verónica Toller

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas