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Vuelven los androides que sueñan con ovejas eléctricas

El film de culto Blade Runner tendrá su secuela y, en la semana neoyorquina dedicada a su autor, Philip K. Dick, un anticipo que promete muchas más preguntas existenciales

"Es el desafío artístico más grande de mi vida", dijo el francés Denis Villeneuve, director de la secuela que se verá en octubre
"Es el desafío artístico más grande de mi vida", dijo el francés Denis Villeneuve, director de la secuela que se verá en octubre.
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PARA LA NACION
Domingo 28 de mayo de 2017
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Rod Stewart posaba en la Rolling Stone con su flamante conquista, una Venus sueca que se había calzado el traje de chica Bond. Era noviembre de 1975 y en esa misma portada aparecía, quizá para contrarrestar esa imagen dorada de éxito, un perfil más oscuro, pero que también resplandecía: La mente más brillante de la ciencia ficción de este y de cualquier otro planeta. Philip K. Dick, desde San Francisco, no les preguntaba a sus seguidores, como lo hacía Stewart, si creían que era sexy. Sus dudas eran otras. El escritor les preguntaba si creían que él era real, si sus California Dreamin´ eran tan especiales o si alguien soñaba lo mismo que él. Profético, lúcido y torturado por sus fantasmas confesaba que, a diferencia de otros escritores, que hacía hasta lo imposible para salvar a sus personajes, para rescatarlos de un final trágico y aferrarlos a un presente infinito. Él, quien creía en la existencia de un dios poco piadoso e insensible con el sufrimiento humano, cuidaba de su frágil creación, esos seres que había concebido entre la tinta de su máquina de escribir, sus alucinaciones, sus percepciones místicas, la lectura de la Biblia y de los clásicos de la novela realista rusa y francesa.

El escritor falleció en 1982, cinco meses antes de que se estrenara la versión cinematográfica de su obra -hoy- más famosa. Ridley Scott se enamoró del mundo que retrataba y dinamitaba ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) y llevó a la pantalla grande una versión libérrima de este universo postapocalíptico a la que bautizó Blade Runner. Su héroe, tal como Dick se proponía cuando tejía sus relatos metafísicos, sigue vivo más allá del texto, del celuloide y es un ícono para los amantes del género. Harrison Ford interpretó a Rick Deckard, el protagonista de la versión original. Este sicario de androides era visto por última vez en un ascensor mientras comenzaba a sonar cada vez más fuerte la música de Vangelis (el tema que durante años fue la cortina de Fútbol de Primera). En octubre de este año, Ford volverá a los cines para desentrañar qué ocurrió con la vida privada y profesional del personaje.

Blade Runner 2049 es la secuela de esta historia y desde el anuncio de su regreso sólo hay efervescencia entre aquellos que amaron la película y las generaciones que crecieron con su mito. Denis Villeneuve (el realizador de La llegada, con la brillante labor de Amy Adams) es el responsable de coordinar la orquesta de cámaras, lentes y efectos especiales, ya que Scott se dedicó en esta oportunidad sólo a la producción ejecutiva. Un elenco que ha caminado la alfombra de los Oscar muchas veces -Ryan Gosling, Robin Wright y Jared Leto- le da vida a esta secuela. El tráiler anticipa que Gosling compone a un joven blade runner, tal como lo hiciera el personaje de Ford, un cazarrecompensas que trabaja fuera del marco de la ley, pero aliado a ella, y cuya misión es eliminar a los replicantes, eufemismo de androides. También actuará Barkhad Abdi, quien adelantó que compondrá a un científico deforme.

Hoy culmina en Nueva York el Philip K. Dick Science Fiction Film Festival, la quinta entrega de un encuentro donde se ha proyectado -desde el miércoles último- un centenar de películas, entre ellas, Firpo (2014), del argentino Fernando Caneda. Sin dudas, el tema que ronda el encuentro será la secuela de Blade Runner. "He visto algunas imágenes y es visualmente sorprendente. Sin embargo, sin Ridley Scott en la dirección y con Harrison Ford en un rol menor, dudo que supere a la original. Además, no estará esa escena conmovedora con Roy Batty disertando sobre lo que significa ser un androide. Creo igualmente que es genial que exista una secuela porque los más jóvenes conocerán a Philip K. Dick", opina el director del Festival, Daniel Abella.

Ford intepreta al mítico sicario de androides; Gosling será también un cazarrecompensas
Ford intepreta al mítico sicario de androides; Gosling será también un cazarrecompensas.

Existe una fascinación por este mundo tan sensual como oscuro, porque en él reside un dilema existencial: ¿qué significa ser humano? ¿qué nos distingue de otras criaturas? Apenas 125 mil dólares obtuvo Dick por los derechos de su novela, un texto que se negó a adaptar a un guión, porque aquella oferta, explicaba en una entrevista, hubiese significado hacer una versión que, de modo despectivo, llamaba the cheapo [una baratija]. Fue Hampton Fancher quien, junto a David Peoples, adaptó esta historia en la primera oportunidad y ahora volverá a hacerlo, esta vez, acompañado por Michael Green (Linterna Verde). La presencia y visión de Fancher son una buena noticia para quienes quedaron sedientos de respuestas con Blade Runner. Pero el mundo que imaginó Dick estaba plagado de incógnitas, por eso su título es una interrogación: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Existe un gran secreto en torno al nuevo guión, pero Ford, según contó Scott en una entrevista a The Hollywood Reporter, le había confesado al productor que era el mejor libreto que había leído jamás.

¿Por qué se convirtió en película de culto? El profesor inglés Will Brooker, autor de The Blade Runner Experience, brinda su respuesta La Nación revista: "Al principio no le fue bien comercialmente y se convirtió luego en popular, en proyecciones nocturnas en cines. Fue ese tipo de procesos en el que una pequeña audiencia descubre que un film fue particularmente poco popular y exitoso, y es el patrón común para producir un texto de culto. Hubo varias versiones o cortes de Blade Runner, y esto agregó intriga y condujo a que la gente intentara encontrar las inconsistencias entre las distintas versiones y resolver misterios de la trama. Los temas del film son bastante complejos y profundos para una película popular. Además, el diseño de los escenarios es muy complejo y detallado y requiere un estudio cercano. Creo que todos estos factores condujeron a que la gente viera la película de modo reiterado, hablara y escribiera sobre ella y que se sintiera intensamente involucrada en ella", opina el académico y suma la existencia de videojuegos y cómics como factores que impulsaron la confección de una película de culto.

La novela es más explícita sobre el escenario donde transcurre la acción, la Guerra Mundial Terminus. Dick ancla al lector a ese mundo con información sobre el universo previo, pero tampoco lo agobia con ella: "Nadie recordaba por qué había estallado la guerra, ni quién la había ganado", reza el texto. Los hombres se ven obligados a dejar la Tierra, ya que los residuos nucleares la han contaminado y el polvo que cae incesantemente deja a la gente boba y estéril (en la película no se hace mención a estas partículas, pero sí hay una lluvia incesante). En la novela el polvo cumple la función de una peste medieval y esto obliga a evacuar el planeta. Algunos partieron más allá de Orión y conquistaron nuevos sitios en el espacio con sus legiones de soldados y sirvientes androides. Otros permanecen en la Tierra, como Rick Deckard. Los androides habían alcanzado -incluso superado en algunos casos- al hombre, no sólo en inteligencia, sino moralmente. El único modo de distinguirlos de los mortales es a través de un test que empieza a quedar obsoleto. Es aquí cuando Deckard empieza a dudar hasta de su propia condición. En la novela se describe el ocaso de la humanidad porque esta pierde su condición de sentir. Así aparece un curioso aparato, una suerte de dispositivo ortopédico de las emociones: el climatizador de ánimo.

En 1982,Ridley Scott y los guionistas tomaron algunas decisiones polémicas para los puristas de la novela
En 1982,Ridley Scott y los guionistas tomaron algunas decisiones polémicas para los puristas de la novela.

Si bien son muchas las diferencias entre la novela y la película, esta última conserva el espíritu de la primera en una escena apoteótica donde un androide, Roy Batty, interpretado por Rutger Hauer, pronuncia un monólogo sobre la libertad y la esclavitud -que no es otra cosa más que vivir con miedo- mientras sus lágrimas se confunden en la lluvia. Los androides de Blade Runner no son Terminators, máquinas de matar, sino que fueron obligados a trabajos forzados y a ser soldados en Marte tras la devastación del planeta Tierra. Estos seres artificiales son solidarios entre sí y defienden la vida en tribu, mientras que los hombres viven cada vez más encerrados en sí mismos, presas de su soledad y de la incomunicación. Se protegen, pero también luchan por aquello que consideran justo, incluso aunque eso signifique atentar contra su especie. Aquí aparece el personaje de Sean Young, la otra heroína de esta historia, una femme fatal de este mundo punk.

Ridley Scott y los guionistas de Blade Runner tomaron algunas decisiones polémicas para los puristas de la novela. En lugar de ambientar la historia en San Francisco, la ciudad que tan bien conocía Dick, trasladaron la acción a Los Angeles. Además, el Deckard que compone Ford es un ermitaño, de cuya vida poco conocemos, salvo que vive solo y que expone algunas fotos en color sepia de quienes parecieran ser sus familiares. En cambio, en la novela, Deckard está infelizmente casado con Iran, una mujer que padece depresión. Él añora complacerla y arrancarle una sonrisa a través del obsequio más preciado del planeta (sin exagerar): un animal vivo. El polvo acabó con casi toda la fauna y existen algunas especies supervivientes cuya posesión se traduce en estatus social, escala que además se hace cada vez más precisa según el animal que se posea. Por ejemplo, el búho, dado que fue el primero en desaparecer de la faz, es el animal más codiciado. En la película, como guiño a esta trama que no se desarrolla, el magnate de los androides, Rosen, émulo del doctor Frankenstein, posee un búho en la oficina de su corporación, ubicada en un edificio tan alto donde se puede ver algo más de luz que en el resto de la ciudad. También una bailarina exótica baila con una serpiente en torno a su cuello y cuando Deckard le pregunta si es de verdad ella le responde desafiante que no podría jamás tener tanto dinero para pagar por una viva. ¿Cómo será la humanidad en 2049, 30 años después de este escenario? ¿Habrá habido alguna evolución? ¿Será la tierra un lugar más cálido?

El desafío entonces para el director francés de la secuela es doble. Por un lado, conservar la esencia de la novela de Dick y, por el otro, mantener una coherencia con el mundo que concibió Scott para la película: "Este es el desafío artístico más grande de mi vida. Por primera vez tengo que meterme en un universo que no creé yo. Dudé mucho antes de aceptar el proyecto, pero luego me comprometí con él en un 100%", dijo Villeneuve a Deadline sobre Blade Runner 2049.

En esta distopía hay algunos puntos en común con otros textos emblemáticos de ciencia ficción [la Academia prefiere desde hace algún tiempo utilizar el término ficción científica que sería la correcta traducción al castellano de esa expresión]. Por ejemplo, como ocurre en el caso de 1984, de George Orwell, donde la humanidad está anestesiada por el control de los medios de comunicación y la sobreabundancia de buenas noticias, en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? existe una transmisión en vivo, de 23 horas al día, donde aparece el Amigo Buster, un presentador que habla de la belleza y de la alegría del mundo después de la guerra. Este personaje no aparece en Blade Runner, pero sí es un mundo bombardeado por avisos publicitarios (gaseosas, chicles y cervezas), donde siempre sonríe feliz una modelo asiática en una pantalla gigante de luces LED. No hay amenazas concretas en el universo que concibió Scott. Sobrevivir entre los escombros y la basura resulta una pesadilla y algunos personajes, como un Gepetto posmoderno, crean sus propios muñecos para combatir su soledad. En aquel taller realizó muchas escenas una desconocida actriz de 22 años, Daryl Hannah, quien desde aquel momento se convirtió en una celebridad de Hollywood.

En la película, a diferencia de la novela, lo onírico no es tan importante, no es un espacio de reflexión. "Si dos personas sueñan lo mismo, ¿es entonces aquello un sueño?", se preguntaba Philip K. Dick. Tampoco aparece dios ni religión alguna, mientras que en la novela el héroe se encuentra varias veces con este ser superior -aunque no supremo- tras sobrevivir a varios actos de castigo, mientras carga con su culpa y pecado, como si de Sísifo se tratase. ¿Es posible entonces, y a pesar de existir como pilar un libro tan complejo que reflexiona sobre el alma humana y su naturaleza, que se cree una adaptación superficial y pasatista? Sí, hubiese sido posible, pero Blade Runner escapó a esa opción. Otros realizadores que se animaron a las novelas de Dick fueron Paul Verhoeven (El vengador del futuro, con Arnold Schwarzenegger) y Steven Spielberg (primero como director de la película Minority Report, con Tom Cruise, y luego como productor de la serie). Además de los guiones basados en sus novelas, la influencia de Philip K. Dick se puede encontrar, según Abella, en Matrix, El origen o The Truman Show, y también en escritores como William Gibson, Neil Stephenson y Haruki Murakami.

Philip K. Dick padeció siempre problemas económicos y trastornos místicos, pero nunca dejó de escribir, incluso a pesar de que en los Estados Unidos, en su tiempo, era considerado, como los autores de su género, un escritor menor, un pulp writer. Su obra está integrada por casi 40 novelas. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? era la favorita en su especie de José Saramago. Emmanuel Carrère comparó a Dick con Fiedor Dostoievski. En su clase magistral de 2013 sobre Jorge Luis Borges, una lección que se transmitió por la TV Pública, Ricardo Piglia destacó una novela del estadounidense, El hombre en el castillo, ambientada en un mundo donde los nazis han ganado la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, dominan Europa, mientras los Estados Unidos están controlados por el régimen japonés. Con esta idea Amazon realizó la serie The Man in the High Castle que estrena este año su tercera temporada.

Harrison Ford contaba en una entrevista del año 2000 que durante el rodaje de Blade Runner discutía mucho con Scott, principalmente en torno a un tema: ¿era el héroe o no un androide? El actor sostenía que sí y daba sus argumentos; el director era más errático. Quizá Blade Runner 2049 esclarezca el dilema o quizá vuelva a jugar con esa ambigüedad, y mientras tanto, aparece una pista, explícita o tácita como elemento inherente al hombre: el don de la empatía. Dick no estaba siendo irónico. En aquel mundo ficticio esta capacidad de vincularse con el otro sería la única esperanza de una especie que pareciera tener el mismo destino que los animales. O quizá la empatía esté en peligro de extinción.

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