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"Las personas trataban de identificar a sus seres queridos entre los cuerpos"

Para el público de Ariana Grande, en su mayoría padres con hijos adolescentes, el recital pasó de ser un sueño a una pesadilla

Miércoles 24 de mayo de 2017
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Ayer evacuaron el shopping Arndale en Manchester, donde la policía detuvo a un sospechoso, pero por el momento no está relacionado con el atentado
Ayer evacuaron el shopping Arndale en Manchester, donde la policía detuvo a un sospechoso, pero por el momento no está relacionado con el atentado. Foto: Reuters / Darren Staples

MANCHESTER.- Lisa Conway, de 49 años, había comprado en secreto un mes antes las entradas para el recital de Ariana Grande. Fue una sorpresa para su hija de 14 años, cuya artista favorita es la cantante norteamericana. Madre, hija, padre e hijo descendieron desde Glasgow, pero los hombres cambiaron el espectáculo por una noche en la ciudad. El recital fue un viaje de unión, uno de esos momentos que quedan marcados en la adolescencia, y un pequeño paso tentativo al mundo adulto.

"Estaba destinado a ser un sueño, no una pesadilla", dijo Conway, ayer mientras desayunaba, luchando por contener las lágrimas. "¿Cómo le explico lo que ocurrió a un chico de 14 años?", agregó.

Luego de que Ariana Grande cantó su última canción y cuando las luces del estadio comenzaban a prenderse indicando el fin del espectáculo, el poder de la explosión sacudió el recinto y la multitud comenzó a gritar y correr. Fuera del salón, los padres esperaban para recoger a sus hijos.

Kevin Pickford corrió hacia la entrada principal para buscar a sus dos hijas. "Hubo un anuncio, pidiendo a la gente que se fuera lentamente y con calma", recordó. "Pero el pánico estaba sobrepasando la calma."

"Todo el mundo lloraba y gritaba", dijo Sophie Tedd, de 25 años, que había asistido al concierto con su amiga Jessica Holmes. Nadie sabía qué camino tomar.

Laura Eames y su hija de 11 años, Isabel, acababan de levantarse de sus butacas para irse. "De pronto escuchamos una explosión tremenda", explica la madre. "No tuve claro en el momento que era una bomba. Escuchamos a unos que gritaban «¡bomba, al suelo!», pero no comprendía o no quería comprender. Solo agarré fuerte a Isabel y corrí. Casi le arranco un brazo, todavía lo tiene morado."

"Todo el mundo se volvió loco, había gritos, chillidos, personas tirando a otras al piso. Yo terminé con dos adolescentes que habían perdido a sus padres; estaban fuera de sí. Era realmente difícil salir del lugar", agregó.

Una mujer mayor en una silla de ruedas quedó atrapada en el tumulto, mientras otro espectador gritaba ante la multitud para dejarla pasar.

Gemma Cardwell había ido con su hija Harriet, de 10 años, desde Blackpool, al oeste de Inglaterra. Habían comparado sus entradas hace ocho meses. Era el primer concierto al que asistía la pequeña, cuya remera negra con las orejitas de conejo de Ariana Grande le llegaba hasta las rodillas. "Estábamos cerca", explica la madre. "Escuchamos una explosión tremenda y todo el mundo se puso a gritar. Vimos gente ensangrentada. Fue horrible. Pasamos mucho miedo y no sabíamos qué hacer."

Molly Cronin, de 18 años, describió una miniestampida de fans en pánico. "Los chicos estaban siendo aplastados y estábamos tratando de ayudarlos", dijo, señalando que el momento de la explosión parecía "deliberado".

Afuera, los agentes de policía trataban de dirigir al público a un lugar seguro. "Nos decían que corriéramos, y que nos vayamos lejos de la estación de tren Manchester Victoria", dijo Tedd.

Sin embargo, pocas personas sabían a dónde ir. Un cordón policial rápidamente tomó forma. Los hoteles locales abrieron sus puertas, ofreciendo santuario a los varados, y los taxistas apagaron sus taxímetros para ayudar al público a salir rápido de la zona de peligro.

Dentro del estadio, Louise Reid, de 48 años, llevaba a su hija de 15 años, Patty, hacia la salida cuando el aplastamiento de las personas las abrumó. "Me di vuelta y luego sentí cómo cientos de personas se caían sobre mí", dijo, describiendo cómo el poder de la multitud la alejó de su hija. "No pude volver atrás. Me sentí tan indefensa."

Cuando llegó a la zona donde ocurrió la explosión, Reid se horrorizó; las personas se acumulaban mientras miraban frenéticamente los cuerpos, tratando de identificar a sus seres queridos. Reid era una de los padres frenéticos, buscando a su hija. "Pero Patty nunca salió y me negué a irme hasta que los paramédicos y la policía me obligaron a salir", dijo. "No sabía qué hacer, a dónde ir. No tenía teléfono. Sólo seguí gritando por Patty", relató.

Tres horas pasaron antes de que la policía encontrase a Patty en un hotel cercano. "Tres horas sin saber si mi hija estaba muerta o viva", dijo Reid, con lágrimas corriendo por sus mejillas mientras se sentaba en la casa de un residente cerca del estadio. "¿Cómo volvemos a la normalidad después de esto?", preguntó. "La tragedia muestra que esto puede suceder en cualquier lugar, en cualquier momento."

Héroes en plena tragedia

Tres historias del drama en Manchester

Phil Dick - El enfermero improvisado

Phil Dick y su esposa, Kim, esperaban en el vestíbulo del Manchester Arena a su hija y nieta, que habían asistido al recital, cuando explotó la bomba a sólo nueve metros de donde estaban. Cuando se pararon vieron a una chica de 14 años que sangraba y que estaba "profundamente traumatizada" en el piso, delante de ellos. "Mi esposa la agarró y la arrastró por la puerta, y luego al vestíbulo. Le apoyó su cabeza y tratamos de ayudarla lo mejor que pudimos", dijo Dick. Kim contó que sus ojos apuntaban hacia arriba. "La levanté y sus pequeños brazos estaban rotos. Tenía metralla en las piernas, el hombro y en la cara. Me preguntó si iba a estar bien", añadió. La chica logró decirles su teléfono para que contactaran a sus padres

Chris Parker - El héroe sin techo

Stephen Jones y Chris Parker, dos hombres sin hogar, de 35 y 33 años, se hicieron conocidos como los héroes "sin techo". Los hombres usaban el pabellón del Manchester Arena y las zonas aledañas como casas y lugares en los cuales pedir limosna. Parker asistió a una mujer que agonizaba y que murió entre sus brazos tras el ataque. Luego ayudó a otra mujer que en la explosión perdió las piernas. Para él se organizó una colecta online que superó las 2000 libras esterlinas en pocas horas. Jones ayudó a los chicos afectados, al permanecer con ellos en los interminables minutos antes de la llegada de los socorristas. "Necesitaban mi ayuda, no podía echarme atrás", dijo a ITV News

A. J. Singh - El taxista solidario

Mientras la desesperación se hacía presente a la salida del Manchester Arena, varios taxistas apagaron los taxímetros y aportaron sus vehículos para que las personas pudieran salir más rápido de la zona de peligro. Uno de ellos fue A. J. Singh, que puso un cartel de "Taxi libre" en su auto momentos después del ataque. "Subí a pasajeros que necesitaban encontrar a sus seres queridos, los dejé en el hospital. No tenían dinero y se habían quedado varados, sin transporte", contó. Además del gesto de solidaridad de ofrecer viajes gratis, cientos de personas abrieron sus casas y los hoteles ofrecieron habitaciones sin cargo para los afectados, con el hashtag #RoomForManchester en las redes sociales

Diarios The New York Times y El País

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