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La broma del papa Francisco a los Trump y otros momentos de la intimidad del encuentro

"¿Pero qué le da de comer, potizza?", le dijo el pontífice a la primera dama estadounidense; al final, una promesa del presidente de Estados Unidos: "No me olvidaré de lo que usted me dijo"

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LA NACION
Miércoles 24 de mayo de 2017 • 06:50
Luego de media hora en privado ya había habido un deshielo; ni bien saludó al Papa, Melania le pidió que le bendijera un rosario
Luego de media hora en privado ya había habido un deshielo; ni bien saludó al Papa, Melania le pidió que le bendijera un rosario. Foto: AFP
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ROMA.- "¿Pero qué le da de comer, potizza?". El papa Francisco le preguntó a Melania Trump, eslovena, sobre ese postre típico de Eslovenia, mientras señalaba a su marido, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al final de una audiencia que comenzó tensa y terminó distendida, con muchas sonrisas, incluidas las de Melania e Ivanka Trump.

El ex arzobispo de Buenos Aires, de 80 años, utilizó su sentido del humor porteño para desdramatizar una audiencia esperada por el mundo como un match de box entre el Papa y el "anti-Papa", tal como escribieron algunos medios italianos.

Cuando, segundos después de las 8.30, el Papa y Trump finalmente estuvieron frente a frente, la tensión fue palpable en la Sala del Tronetto, antesala de la biblioteca papal. Mientras el ruido de los flashes de los fotógrafos cortaba el silencio, la frialdad lo invadía todo. Ninguno de los dos líderes, que en el pasado ostentaron públicamente sus diferencias, parecía cómodo. Francisco tenía un rostro serio, adusto -parecido al de la famosa primera audiencia con el presidente Mauricio Macri, en febrero de 2016- y Trump, una sonrisa tensa.

Trump, presbiteriano, quien en el pasado, siendo candidato, atacó al Papa por haberlo tildado de "no cristiano" por su idea de levantar un muro en la frontera de Estados Unidos con México, se mostró lo más amable posible. "Muchas gracias, muchas gracias por la invitación. Para mí es un verdadero gran honor", le dijo, antes de que se cerraran las puertas de la biblioteca y los dos líderes se quedaran a solas, junto a un intérprete del Vaticano , monseñor Mark Miles, y otro de la Casa Blanca.

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Luego de media hora en privado, a la hora de la presentación de Melania e Ivanka, su tercera esposa y su hija-consejera, respectivamente, ya había habido un deshielo. No bien lo saludó al Papa, Melania, visiblemente emocionada, le pidió que le bendijera un rosario. Al despedirse, en cambio, le recordó que iba a ir a visitar al hospital pediátrico Bambin Gesú, del Vaticano. Aunque no está bautizada, Melania creció en Eslovenia, un país muy católico.

Cuando, luego del tradicional intercambio de regalos, Trump, Melania y el Papa volvieron a juntarse para la foto de grupo, Francisco, ya mucho más relajado, bromeó con la robustez del mandatario preguntándole si Melania le daba de comer potizza, típico postre esloveno. Hubo un momento de confusión entre los intérpretes... ¿Había dicho "pizza"? En todo caso Trump rió y asintió porque el restringido pool presente oyó entonces que el presidente decía "delicious".

Al término del encuentro, Trump le deseó al Papa, su antítesis, "good luck" ("buena suerte"). Y, al agradecerle nuevamente la visita, "thank you, thank you" ("gracias, gracias"), le hizo una promesa que podría cambiar el destino del mundo: "I won't forget what you said" ("No me olvidaré de lo que usted me dijo").

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