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Florencia Dacal: "Lo sustentable es íntimo y colectivo"

Diseña piezas únicas en serie, por respeto a la diversidad de los cuerpos. Y las confecciona con conciencia ambiental, ya que son prendas reconstruidas con telas usadas

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PARA LA NACION
Sábado 27 de mayo de 2017
Florencia Dacal pone en valor y recupera ropa para mujer y hombre, pensadas desde la diversidad y sustentabilidad.
Florencia Dacal pone en valor y recupera ropa para mujer y hombre, pensadas desde la diversidad y sustentabilidad.. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio
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Lo suyo es transformar ropa y también conceptos; Florencia Dacal es diseñadora y se especializa en darle una nueva vida a las prendas, algo que transmite a nuevas camadas como quien hace proselitismo de una creencia; junto a Romina Palma dirige el Club Social de Costura, un galpón largo iluminado por una vidriera que da a Mario Bravo 956, en Palermo, donde enseña costura y se exhiben los percheros de Somos Dacal, la marca sustentable que lleva adelante en sociedad con su hermana Lola. Allí cuelgan Únicos en serie, una colección concebida con prendas usadas y revividas en base a técnicas antiguas y nuevos valores. "Es un trabajo de reciclaje y reconstrucción de prendas -explica Florencia-, pero también es un nuevo modo de ver la moldería, totalmente relacionado con el cuerpo. En vez de tomar medidas, hablamos de proporciones. Abordar el cuerpo desde la diversidad y lo bello que puede ser cada uno. Entendemos que el problema no está en nosotros sino en la industria que, por ahorrarse centímetros de tela, hace cortes malos".

-¿De dónde son los textiles que utilizan?

-Compro prendas en ferias, y hay donaciones. Reciclo para tener buena calidad de materiales. Es cuestion de ir y seleccionar. Ya estoy entrenada. Veo cosas y me imagino para qué sirven. Noto el error de confección y sé cómo recomponerlo. Es un rito: ir y tocar la tela, ver el estado, la calidad. En base a eso, pienso cómo convertir la ropa. El resultado es un perchero con coherencia y variado porque aparece el ojo del diseñador en la selección.

-Al hablar de fast fashion, ¿qué es lo que no se sabe?

-El consumidor no se da cuenta de que tiene el poder de elegir mejor, que puede hacer las cosas de otro modo: no se hacen cargo de la parte individual. La sustentabilidad es tanto íntima como colectiva. Es valorarse a uno mismo y ahí estamos en un problema porque, dejar de identificarte con una masa -con una etiqueta- y empezar a pensar en tu propia identidad es un proceso.

Uno de los diseños sustentables de Somos Dacal
Uno de los diseños sustentables de Somos Dacal. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

-¿Cuál es la propuesta que le hacés al consumidor?

-Elegir. En Somos Dacal hay prendas únicas en serie. Son pensadas para un grupo diverso de personas. Hay camisas, camperas, vestidos, todas prendas exclusivas, no hay dos de cada una. Esto es todo lo contrario a hacer ropa al por mayor. Proponemos una valoración del individuo, pensar y ejercer un rol de consumidor más responsable. A mí me pasa que, cuando me entero cómo están hechas las cosas no puedo volver atrás. Hay un nivel de conciencia en donde, te podrás hacer el tonto, pero la información está ahí.

-¿Un primer ejercicio de responsabilidad al comprar?

-Mis charlas de sustentabilidad empiezan invitando a leer la etiqueta de la prenda que usamos. Que miren la información, materiales usados, cómo fue hecha y de dónde proviene. Este gesto significa un cuidado personal y de los demás.

-¿A qué edad empezaste a reconstruir prendas?

-A los 12 años. Lo primero que cosí en mi vida fue una falda, pero la hice a partir de una blusa de mi abuela porque me encantaba la tela, así que la transformé. Mi mamá hacía cosas con distintos materiales, siempre fuimos una familia muy práctica. Corté un pedazo de tela y empecé. Me quedaba grande de cintura y agregué un elástico, me iba chica de pierna, y le pregunté a mi mamá y me dijo "hacele un tajo" y listo. Me fui dando cuenta de que esto sería lo que quería hacer aunque hubo algo natural en ser sustentable porque me crié en un pueblo, en Arrecifes, y allí no había muchas posibilidades de comprar. Pero a la vez no sé si tenía que ver con eso, sino con mi curiosidad, de mirar lo que tenía a mi alrededor, que eran muchos placares llenos de ropa con cosas que no se usaban. Fue ver qué se podía hacer con lo que tenía a mano. Por eso enseño a hacer esto, porque me parece que el impacto que se puede lograr es muy fuerte.

-¿Cómo es la enseñanza en los talleres de costura?

-Sacamos el mito de la gran sabiduría. Hay grandes saberes de la costura que está bueno compartir y en general se transmiten, pero en el taller no es ponerse a estudiar, sino sentarse a coser desde el primer día. No es lo mismo un tutorial en YouTube que compartir lo que uno sabe y además la costura suele ser algo solitario. Noto que hay un bache generacional entre señoras y pibas, pero eso se da porque no les enseñaron. Es la generación que fue obligada a ir a corte y confección, que tiene un método insoportable, y no pasó este saber. Rehacer la ropa tiene un espíritu particular, los asistentes diseñan sus prendas y pasan por la experiencia de hacerlo cada uno con algo que ellos consideraban que era descarte.

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