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La frustración, un sentimiento clave para la educación de los hijos

Jueves 25 de mayo de 2017
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El spinner es el juego de moda y como todo, implica riesgos y oportunidades. En cuanto a estas últimas, se puede mencionar que tiene posibilidad de ser una herramienta para que los chicos interactúen con sus pares y, así, socializar.

En cambio, el riesgo radica en que se convierta en un elemento tan adictivo como una pantalla y que termine por aislarlo de otros chicos. También podría ser positivo en la medida que sirva para que se genere una conexión entre los padres y los hijos mientras comparten momentos con el juego.

Otro peligro es que el spinner se convierta en otro "chupete electrónico" que genere en el chico una cierta desconexión. El entretenimiento no es positivo ni negativo en sí mismo. Dependerá del uso que se haga y, en ese sentido, el rol de los padres será fundamental a la hora de guiar.

Más allá de estas disquisiciones, el juego no deja de ser la moda del momento. Desde esta perspectiva parece ser un estímulo más para una generación condenada a no poder aburrirse. Escribo "condenada" porque si un chico se aburre en cierta medida, tiene la posibilidad de valorar más los momentos divertidos.

Si hablamos de sobreestimulación también tenemos que referirnos a límites y regulación. Como muchos padres tienen una connotación negativa sobre los primeros, evitan fijarlos. Sin embargo, los límites son una forma en que los adultos pueden enseñar a los chicos a autorregularse para que el día de mañana puedan hacerlo solos. Esta es una de las enseñanzas más importantes que los padres pueden legarles a los hijos. Un niño sin límites corre el riesgo de convertirse en un adulto limitado.

En tiempos de hiperconectividad y abundancia de pantallas de todo tipo, los padres tienen la dura tarea de ayudar a sus hijos a manejar la tecnología de la mejor forma posible. Muchas veces, los adultos intentan que los chicos no se frustren o no sufran, y permiten más de lo que deberían. Frente a esto puede ser una herramienta interesante poder pensar la frustración como una "vacuna" que los padres deben suministrarle a sus hijos. Esta posibilidad ayudará al chico a que desarrolle defensas contra la frustración que le sirvan para manejar las decepciones que la vida, tarde o temprano, pondrá en su camino.

El autor es psicólogo clínico especialista en vínculos

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