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Qué es un ataque de pánico

Jueves 25 de mayo de 2017 • 00:43
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El ataque de pánico es la sensación de terror intenso o muerte inminente. Pero necesitamos distinguir cuándo es algo ocasional y cuándo es algo frecuente.

Cuando éste se instala, estamos ante la modalidad frecuente. Entonces, si la persona necesita salir, tendrá que llamar a alguien para que la acompañe. Si va a un restaurante a comer, se sentará cerca de la puerta. Su duración puede variar entre dos, cinco y hasta diez minutos. Pero no más de veinte. En general, es breve y sobreviene sin previo aviso. La persona puede estar hablando con alguien, o cenando en algún lugar y, de repente, experimenta esta sensación.

Se calcula que una de cada diez personas sufrirá una crisis de pánico, al menos, una vez en la vida. Como resultado, sentirá literalmente que se está muriendo y tendrá ahogos, dolores en el pecho, angustia, sudoración, etc. También podrá sentir que está a punto de desmayarse, de volverse loca o de morir de un ataque cardíaco.

Estos son los tres grandes temores que surgen en el ataque de pánico. A pesar de ello, el pronóstico es muy bueno, pues existen terapias especializadas en trastornos de ansiedad.

¿Cómo nos damos cuenta de que estamos frente a un ataque de pánico? Nuestro cuerpo puede manifestarlo a través de los siguientes síntomas:

-Mareos

-Ahogos

-Sudoración

-Sensación de muerte

-Dolor en el pecho

-Vértigo

-Sensación de despersonalización (los rostros de las personas alrededor comienzan a ser borrosos).

A veces, el ataque de pánico tiene un desencadenante: un susto, la pérdida de un ser querido o un problema determinado. Y, otras veces, aparece sin desencadenante. Según la psicología, los trastornos de ansiedad son sinónimo de la suma de una personalidad vulnerable más estrés. Todos somos potencialmente vulnerables porque no nos enfermamos de lo que queremos, sino de lo que podemos. Ciertas circunstancias, como una posición de liderazgo, alta exigencia y el estrés que todos enfrentamos pueden provocar trastornos de ansiedad.

En aquel que experimenta esta “sensación de morirse” suele surgir una expectativa ansiosa. La persona piensa: “¿Y si me vuelve a suceder?”. Entonces elige quedarse en casa. A su situación actual le suma la agorafobia. No sale de casa por temor a que le pase algo, a morirse, a volverse loco, etc., y termina por desarrollar una depresión. Ahora tiene el ataque de pánico más una depresión secundaria, razón por la cual queda literalmente encerrada.

¿Qué hacer ante los ataques de pánico?

Buscar ayuda profesional. El pronóstico, como ya mencionamos, es muy bueno. Para recuperarse, se necesita tratamiento para superar la vulnerabilidad y, sobre todo, para aprender a manejar el estrés.

Si estamos con alguien más, pedirle a la otra persona que nos abrace. Si nos encontramos fuera de casa, sentarnos en el piso; si nos encontramos en casa, acostarnos, respirar lento y profundo y, en lo posible, escribir lo que está ocurriendo y la forma en la que nos sentimos. Esto puede resultar de gran ayuda.

Nunca refugiarnos en casa, pues los ataques de pánico no desaparecen solos. Buscar siempre un profesional de terapia cognitiva o especializado en trastornos de ansiedad.

¿Quiénes pueden tener un ataque de pánico?

Todos: niños, adolescentes y adultos.

Es importante saber que nadie se vuelve loco ni se muere por un ataque de pánico. Muchas personas panicosas le piden al médico que les realice un electro. Es muy aconsejable, en estos casos, consultar con un cardiólogo, quien hará los controles necesarios y, al comprobar que todo está bien, derivará a la persona con un psicoterapeuta. Nadie muere de un ataque de pánico.

Para concluir, cuando es ocasional, aparece en un determinado momento y no vuelve a repetirse. Pero si persiste, es necesario trabajar en la personalidad ansiosa. Por lo general, se trata de personas que piensan en extremos: todo o nada. No se debería agregar más ansiedad a este trastorno.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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