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Los nuevos destellos del glamour

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LA NACION
Domingo 28 de mayo de 2017
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Un gran momento de moda tuvo lugar a principios de este mes, durante la gala del Costume Institute, en Nueva York. Lo protagonizó la modelo Cara Delevingne, ahora devenida actriz, quien hizo allí una aparición decididamente teatral. Con un traje pantalón de Chanel, en broccato plateado, de alto poder gráfico y de corte neto, y con su cabeza rapada pintada en un deslumbrante trompe d'oeil plateado, rociado de strass y cristales, forjó, lo que hoy es raro, una imagen memorable. Y notable, además, por su lujosa concisión, aún más evidente en medio de las divas que se pavoneaban por allí ataviadas con artefactos de varios metros de cola y otras imprudencias perpetradas en nombre de una supuesta creatividad

Verdaderamente imaginativa, en cambio, Delevingne dio un nuevo sentido, actual y fresco, a la palabra glamour, que encapsula un principio básico de la doctrina de la moda. Aunque afrancesada, la palabra es de origen escocés y medieval y refería al mal de ojo y otros hechizos de bruja. Pasó de allí a designar una suerte de belleza mágica, siempre femenina, claro está, y siempre causa de perturbaciones.

Pero llegó a nosotros como el término ideal para sintetizar la fascinación ejercida por las estrellas de cine, deidades como Greta Garbo, Marlene Dietrich, Jean Harlow, imposibles de belleza, misterio, seducción sensual, y sus sucesoras de los 45, Rita Hayworth, Ava Gardner, y luego, anclada en la nueva realidad de la posguerra, pero no por ello menos inalcanzable, un ícono instantáneo como Sofía Loren, con su gloriosa opulencia mediterránea.

Futurista. Cara Delevingne dio nuevo sentido, actual y fresco, a la palabra glamour
Futurista. Cara Delevingne dio nuevo sentido, actual y fresco, a la palabra glamour. Foto: AP

El glamour inicial, el del Hollywood de los años 30, resultaba de una suma de dispositivos y artificios que transformaba a ciertas mujeres en signos de una feminidad literalmente fantástica, en espejismos de deseos ajenos siempre al borde de la evaporación. El impacto sobre la moda fue inmediato e inmenso: así, por ejemplo, en 1932, el vestido de noche enfáticamente romántico en organdí blanco con mangas en corola de volantes que Adrian diseñó para Joan Crawford en Letty Lynton fue vendido por la cadena Macy's a decenas de miles de ejemplares.

Ignorantes en su mayoría de estas diosas y de estos fuegos fundadores del glamour, lxs generaciones más recientes se iniciaron en el tema a través de la versión desviada y delirada del glam rock inglés, surgido en los 70. Su practicante más notorio fue, por supuesto, David Bowie en su fase andrógina y alienígena. El look, futurista a su modo, de Cara Delevingne que aquí nos ocupa, parece haber estado de algún modo inspirado en ese referente, lejano pero tan actual en este tiempo de interfaces de género y de fascinación por lo androide.

Cuando Bowie reversionaba el glamour en clave pop, la moda se inclinaba hacia la revisión y apropiación del vestuario de los 30 y se nutría de referencias a esa edad de oro, reinterpretándola. Había un inicio de distanciación irónica. Se asumía lo teatral expuesto como elemento de seducción y juego. El glamour devenía un modo de expresarse contra las convenciones. Excesivo por necesidad, el glamour responde a la fórmula con que Borges definía lo barroco, como hecho estético que linda con su propia caricatura. Lo cual por cierto se verifica a diario en la moda de hoy aunque, cabe aclarar, la caricatura es involuntaria.

Es en cambio a través de la parodia extrema, pero declarada y elaborada como performance, que el viejo glamour revive en Ru Paul's Drag Race, el falso/genuino reality show de la TV americana, protagonizado por drag queens, hombres gay, profesionales de la escena, que componen, semana tras semana, un álbum alucinado de improbables superdivas. Creo que su manejo del artificio es tan certero y tan influyente como el de la soberbia Delevingne. Parten de un mismo principio: liberar la fantasía.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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