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Lobos solitarios, satélites asesinos

Viernes 26 de mayo de 2017 • 00:25
PARA LA NACION
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Nunca se pone nervioso, jamás levanta la voz. Alguna leve mueca altera cada tanto su rostro marcado por historias que pocos conocen, pero que vuelven cada una de sus frases una ráfaga de sabiduría y sensatez. “Aunque cueste aceptarlo, esto es ahora lo normal”. El atentado en Manchester es la obsesión del momento, y esa mezcla de impotencia y horror nos vuelve a todos más humanos y más iguales. “Pronto nos olvidaremos de este evento espantoso hasta que, más temprano que tarde, otro parecido nos vuelva a sacudir”. Lo llamo cada vez que no entiendo lo que pasa, y esto ocurre cada vez más a menudo. Con su generosidad de siempre, escucha mis preguntas obvias, recurrentes.

“Los métodos preventivos fracasan sistemáticamente, en parte porque surgen de hipótesis imprecisas y sobre todo por la desconfianza creciente entre quienes deberían cooperar con intercambio de información confidencial”, afirma mientras me muestra en su tablet que la inteligencia británica estaba azorada por la publicación en el New York Times de fotos supuestamente secretas con detalles del ataque. Las filtraciones son inevitables, pero la guerra de guerrillas que parece haberse disparado dentro y entre las principales agencias de inteligencia y seguridad desde que Trump llegó al poder no tienen precedentes, al menos desde la caída de Richard Nixon.

“Muchos sostienen aún la hipótesis de que ISIS opera con un sistema de lobos solitarios, pero en la práctica se trata de terroristas que forman parte de una red que puede activarse en cualquier momento”. No sé si se trata de una discusión semántica, o con consecuencias conceptuales y estratégicas relevantes. “No tengas dudas: el rastreo de comunicaciones y las huellas de viajes y contactos permiten ampliar y profundizar los análisis prospectivos”, me dice.

Nunca logré entusiasmarme con estos temas. Tomé varios cursos de seguridad internacional pues eran un requisito para alcanzar mi doctorado. Si bien nunca creí en eso del “fin de la historia”, pensaba, como tantos otros, que la década del ’90 abría una posibilidad de cooperación y prosperidad nunca antes vista. ¿Para qué aprender modelos que explicaban las carreras armamentísticas? ¿Qué sentido tenía leer a Tucídides, pensar a Kant desde las relaciones internacionales, revisar una y otra vez la teoría del balance de poder?

“No te confundas: ISIS ya no es la principal amenaza, Medio Oriente seguirá inestable pero su capacidad de daño es decreciente”. Con la reciente visita de Trump a Arabia Saudita quedó muy claro que el conflicto principal sigue siendo con Irán, a pesar del triunfo de Rohani. “Eso te explica el acercamiento entre Putin y Trump, resolver el drama sirio es sólo un primer paso”.

Imposible saber si semejantes desafíos pueden tener visos de realidad: tanto la coordinación entre Rusia y los EE.UU., como acotar las pretensiones expansionistas iraníes luego de 38 años de la revolución de los Ayatolás. “Sobre todo cuando se han encendido nuevamente las alarmas por los Cosmos”.

Para quienes tomamos durante años el 24 rumbo al centro, eso nos remite al Acorazado Potemkin y otros exponentes de la cultura soviética que, aún en la década del ’70 y en plena dictadura, podían verse en esta misteriosa Buenos Aires. “Se trata de los satélites asesinos que los rusos lanzaron hace un par de años y que parecen haber activado hace poco, generando conmoción tanto en China como entre las potencias occidentales”.

¿Por qué asesinos? “Parecen simples dispositivos de comunicación, pero pueden tener armas letales y capacidad para destruir o al menos inutilizar otros satélites”.

¿Vuelve la Guerra de las Galaxias? ¿Puede impactar esto en el flujo de información que circula por internet? En la semana en que murió Roger Moore y en la que incluso nosotros seguimos intoxicados por las operaciones de los servicios de inteligencia, me sigo preguntando cómo puede ser que no me haya entusiasmado con una rama de la ciencia política crucial para comprender esta realidad. Y que obliga a preguntarnos cuáles son los límites del poder, qué clase de principios éticos pueden sobrevivir al miedo y, sobre todo, si existen diferencias relevantes entre ficción y realidad.

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