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Enamorarse del "chico raro"

Se conocieron en un centro de rehabilitación y la atracción fue inmediata. Pero su amor no iba a resultar fácil; la distancia, las dificultades sociales y un padre protector, serían algunos de los obstáculos que deberían enfrentar

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Señorita Heart
Viernes 26 de mayo de 2017 • 00:58
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Mariano padece de epilepsia mioclónica generalizada desde muy pequeño. Con la medicación pudo llevar una vida bastante normal hasta que en el año 2013 su metabolismo cambió. Como consecuencia de las fuertes convulsiones, fue inducido a un coma farmacológico hasta que pudieran encontrar la medicación apropiada para él. Dos meses después lo despertaron y fue enviado a una clínica de rehabilitación en el partido de Tres de Febrero para continuar con su recuperación. Fue allí que conoció a Eugenia, quien trabajaba como acompañante de una mujer mayor llamada Bety.

Eugenia lo vio llegar junto a su padre y su madrastra. Él lucia débil, pálido y llevaba una sonda naso gástrica. Mariano no la vio, pero ella no podía dejar de mirarlo; le resultaba familiar, como si lo conociera de antes; además, le pareció muy lindo.

Al día siguiente él sí la vio. Se acercó y le preguntó su nombre; ella le preguntó qué le había pasado. "No me acuerdo", le contestó. Eugenia quedó encantada con su sonrisa, con su mirada intensa. Le llamaba mucho la atención que haya estado en coma y, por eso, una de las primeras cosas que Eugenia quiso saber de él fue por dónde había viajado su mente mientras estaba ausente de este mundo. Qué sentía, si escuchaba cuando le hablaban. Todo. Con el tiempo, él le fue dando las respuestas a sus interrogantes.

Me gustás mucho

"Me gustas mucho pero si vos no, no pasa nada, está todo bien", le escribió él un día, y ella sintió una felicidad inexplicable. Y así, cada vez que se cruzaban en la clínica, sus rostros se iluminaban. Las personas se daban cuenta de que entre ellos pasaba algo y Bety se enojaba y le decía a Eugenia que conversaba más con él que con ella. Tenía razón, y la verdad es que le pagaban para hacerle compañía a Bety, no a él.

En una de sus charlas Mariano le dijo: "Quiero pedirte algo pero no me sale con palabras. Escuchá esta canción". Prendió su reproductor portátil y comenzó a sonar la canción Darte un beso. Los dos permanecieron tímidos, como si fuesen dos niños. Al ratito ella le dijo que se tenía que ir y finalmente le dio un beso en la boca. Nada tan hermoso que besar al ser amado. Más tarde, él le confesó que durante ese beso pensó: "¡No lo puedo creer, estoy soñando, que nadie me despierte"! Ese, había sido su primer beso de amor.

Amar a la distancia

Al tiempo, Eugenia consiguió un trabajo más estable y redituable y dejó de cuidar a Bety. A causa de las demandas que le implicaba el trabajo, ya no podía ir tan seguido a ver a Mariano. Por eso, un día él se cansó de esperarla y le dijo que se olvidara de él. Le rompió el corazón. Muchas veces, ella moría por llamarlo y saber cómo estaba, pero su orgullo podía más. De pronto, un día él escribió. Le dijo que la extrañaba, que estaban por darle el alta y se iba a vivir con su padre y su madrastra a Monte Grande. Fue a verlo y la despedida fue triste, se abrazaron y besaron con intensidad; sabían que viviendo tan lejos uno del otro, no iba a ser fácil verse con frecuencia.

Se reencontraron en Buenos Aires. A Mariano lo tenían que operar en la Fundación Fleni y, por supuesto, ella estuvo presente. Ni bien salió del quirófano, él la abrazó fuerte y le dijo: "Mi amor te amo, gracias por venir". Ella fue a verlo los tres días que estuvo allí. Pasaron momentos hermosos, pero se tenían que enfrentar a otra despedida. Lloraron mucho. Nada más triste, que estar lejos de la persona amada.

Bajo la mirada de los otros

Después de un tiempo sin verse, tuvieron su primera cita en la calle, fuera de una clínica u hospital. Al principio, Eugenia se incomodó porque notaba que la gente miraba a Mariano como si fuera un bicho raro. Es que él no pasaba desapercibido, tan flaco y alto; además, de vez en cuando tenía sus "ausencias", lo que significa que se tildaba por unos segundos y se quedaba mirando fijo hacia un mismo lugar. Un accionar que forma parte de su enfermedad.

Ese día se hizo de noche y hacía frío, había viento y poca gente en la calle. Encontraron una pequeña plaza y allí se sentaron. De repente, Mariano la abrazó con fuerza y comenzó a llorar desconsoladamente. Entre lágrimas, pudo expresarle la emoción y alegría que sentía al verla, le dijo que ella era muy especial para él, que soñaba con una vida juntos. Quedaron abrazados en silencio durante un largo rato.

Como la vida de Mariano en Monte Grande no era muy buena, un día todo explotó. Luego de una crisis de nervios fue llevado a un psiquiátrico. Eugenia fue a visitarlo y quedó horrorizada por el lugar. Esa noche volvió desahuciada y rezó para que saliera de allí lo antes posible; él no merecía estar en un lugar así. Por suerte, su súplica fue escuchada y el padre lo sacó.

Además de los obstáculos de la distancia y la madrastra de él que no los dejaba hablar, se sumaba la oposición del padre de Eugenia. Él padre se lo aguantaba a regañadientes, hasta que un día, muy enojado, le dijo que no quería un enfermo para ella; que iba terminar siendo la enfermera de él, que iba sufrir mucho, que cómo se pudo fijar en él. Entonces, le prohibió que lo llevara de vuelta a su casa porque si lo veía, lo iba a echar. Eugenia trató de entender la actitud de su papá. Él se preocupaba mucho por ella y tenía miedo de que sufriera. Él fue testigo de las convulsiones y ausencias de Mariano, él nunca había escuchado de esa enfermedad y temía que la contagiara. Ella le explicó que no era una enfermedad contagiosa pero, aun así, a él lo asustaba. Definitivamente, no era lo que había soñado para ella.

Volveremos a reír juntos

Tiempo después, Mariano se fue a vivir a Banfield lejos de su padre y su madrastra. Desde entonces, ellos conversan todos los días, felices. De canciones, películas, de sus sueños y proyectos. Ella le dice: "Mi príncipe epiléptico" y él se ríe. A Eugenia le fascina su carcajada, le gusta hacerlo reír y desdramatizar su enfermedad. Pero lamentablemente hace cuatro semanas que él está nuevamente internado. Estaba solo en su casa, cuando le agarró una convulsión y cayó sobre la hornalla prendida. El buzo que llevaba puesto ardió en llamas. Hoy, está bastante complicado y le dan morfina para el dolor. Eugenia le leerá en voz alta la historia de amor de este viernes en cor@zones de LA NACION, su historia de amor, porque sabe que le dará felicidad en un momento tan complicado. Lo hará sentirse amado. Y podrá pensar que todo va a estar bien, y pronto volverán a reír juntos.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos acá.

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